Ingresado en Cerdeña

Doctores italianos no descartan el envenenamiento como causa de la enfermedad de Chubáis

El llamado "padre de las reformas" en Rusia se mostró crítico con el Gobierno y Ejército de Putin al inicio de la guerra de Ucrania

Putin conversa con Chubáis durante un acto en Moscú en 2005.

Putin conversa con Chubáis durante un acto en Moscú en 2005. / YURI KOCHETKOV (EFE)

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El Periódico

Los médicos y fuentes cercanas a Anatoli Chubáis han confirmado a medios italianos que todavía no se puede descartar el envenenamiento como origen de su extraña enfermedad, el síndrome de Guillain-Barré. La opositora rusa y conocida celebrity Ksenia Sobchak escribió en sus redes sociales: "Su condición se ha estabilizado, pero Anatoli Borisovich [Chubáis] todavía está en cuidados intensivos; sus piernas y brazos no funcionan bien, sus ojos no se cierran y tiene parálisis facial parcial".

El expolítico ruso, de 67 años, sufre esta dolencia que provoca que el sistema inmunitario ataque a los nervios y provoque un rápido deterioro de su capacidad muscular. Aún se desconoce el origen de esta patología, aunque sí se sabe que su recuperación puede alargarse varios años. La misma Sobchak afirmó que "aunque la hipótesis del envenenamiento parece cada vez menos probable, se espera que los resultados de las pruebas médicas exhaustivas a las que se sometió en un hospital privado lo confirmen". 

Por ahora se encuentra recuperándose en un hospital de la isla de Cerdeña, protegido por "una super escolta", según citan medios italianos. Chubáis fue el único de los altos cargos rusos que dimitió al inicio de la guerra en Ucrania, abandonando su puesto de enviado especial del presidente de la Federación Rusa para las Relaciones con las Organizaciones Internacionales. Anteriormente fue viceprimer ministro y fue decisivo en la gestión de la economía rusa tras la disolución de la URSS.

Transición

Su papel en los años 90 fue muy importantes en una época en la que Rusia aún estaba encarrilando su paso del régimen comunista al capitalista. Por ello se ganó sobrenombres como "el padre de las reformas" o el "zar de las privatizaciones". En esa época trabajó estrechamente con el presidente ruso de aquel entonces, Boris Yeltsin, así como también con Vladímir Putin, cuando este todavía estaba al inicio del camino que le llevaría a la presidencia de Rusia. 

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No es la primera vez que críticos con el Kremlin han sido envenenados. El caso más notorio ha sido el del opositor ruso Alekséi Navalni, que sufrió un ataque con el agente nervioso Novichok que casi le costó la vida en el pasado 2020, según el informe del hospital de Berlín en el que fue tratado. Tras haber recibido curas en Alemania, regresó a Rusia, donde se le encarceló por incumplir el régimen de libertad condicional –al encontrarse en el extranjero y no regresar– y actualmente se encuentra en una colonia penal a las afueras de Moscú. 

Otros casos también destacados han sido los exespías Serguéi Skripal y Aleksándr Litvinenko, que también sufrieron sendos envenenamientos en el Reino Unido. El primero fue agente doble durante muchos años, mientras que el segundo murió después de haber denunciado públicamente que sus superiores en los servicios secretos rusos querían asesinar a un oligarca ruso.