Malestar latinoamericano

Comienza en Estados Unidos una descafeinada Cumbre de las Américas

  • La exclusión en los hechos de Venezuela, Nicaragua y Cuba genera malestar en los países latinoamericanos

  • El presidente de México declina su asistencia a la reunión de Los Ángeles en protesta

El presidente de EEUU, Joe Biden.

El presidente de EEUU, Joe Biden.

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Abel Gilbert
Abel Gilbert

Corresponsal en Buenos Aires

Especialista en se ha especializado en temas políticos relacionados con la región pero también ha abordado cuestiones culturales y deportivas

Escribe desde se encuentra en la ciudad de Buenos Aires

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Los Ángeles, la ciudad latina por excelencia de Estados Unidos, abre este lunes las puertas a la IX Cumbre de las Américas que, desde hace días, se ha convertido en un dolor de cabeza para el presidente anfitrión, Joe Biden. Las reuniones de este lunes entre representantes de la sociedad civil, el sector privado y los gobiernos se apegarán a los dictados del protocolo. Nada inesperado sucederá durante esas horas de intercambios amables. Por lo demás, la reunión que debe concluir el viernes y en dos días debe albergar a los mandatarios, ofrece demasiadas incógnitas que pueden representar para Biden un traspié en su política continental.

El lema de la IX Cumbre, "Construyendo un futuro sostenible, resiliente y equitativo", ha quedado como un balbuceo bienintencionado. Los problemas comenzaron a hacerse visibles con la exclusión de Venezuela, Nicaragua y la decisión de Cuba de no ir antes de que le dijeran que no estaba invitada. Y este lunes se han hecho más patentes con el anuncio final del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, quien también ha declinado su asistencia: "No voy a asistir a la cumbre. Va en mi representación y la del Gobierno, Marcelo Ebrard (ministro de Exteriores). Y no voy a la cumbre porque no se invita a todos los países de América y yo creo en la necesidad de cambiar la política que se ha venido imponiendo desde hace siglos".

Caravana migratoria

La diplomacia norteamericana lanzó una ofensiva para evitar la posibilidad de semejante desaire en medio de la crisis migratoria. De hecho, este mismo lunes se pone en marcha en el sur mexicano una caravana de miles de migrantes venezolanos desesperados por poner un pie del otro lado del Río Bravo. Unos 7.000 migrantes indocumentados intentan cruzar a diario la frontera común. La situación se ha enredado a tal punto que el principal asesor de Biden para América Latina, Juan González, dijo días atrás que el presidente quería "personalmente" que López Obrador le acompañase en la ceremonia de apertura de la reunión a nivel de jefes de Estado que, ya se sabe, no serán 35.

El boliviano Luis Arce también ha resuelto quedarse en La Paz. "Se golpea la institucionalidad de la misma Cumbre de las Américas cuando se va excluyendo países", dijo. Guatemala, Honduras y el bloque de 14 naciones del Caribe pusieron igualmente en duda su participación al más alto nivel. El argentino Alberto Fernández amagó con darle la espalda a la cita, pero viajará a la costa oeste norteamericana para dar cuenta del malestar regional. "Vamos a estar bien representados", dijo el venezolano Nicolás Maduro.

La ausencia venezolana no ha hecho más que poner en escena las paradojas de la política exterior de Washington. El "no" a Maduro de los anfitriones coincide con la decisión de Estados Unidos de autorizar a Chevron, la italiana Eni y a Repsol a explotar sus yacimientos de hidrocarburos en Venezuela para enviarlo a Europa y, de esta manera, compensar algunos de los efectos de la crisis en el mercado petrolero desatada con la invasión rusa a Ucrania. "Son pasos leves, pero significativos", señaló el propio Maduro. El otro gesto silenciosamente valorado por el Palacio de Miraflores tiene mayores efectos en la política doméstica: el exdiputado Juan Guaidó, todavía reconocido por Washington como "presidente encargado" de Venezuela tampoco recibió una invitación para viajar a Los Ángeles.

Bolsonaro, bienvenido

La otra paradoja de esta IX Cumbre involucra al ultraderechista Jair Bolsonaro. El presidente de Brasil es esperado con los brazos abiertos por Biden, quien lo consideraba una figura tóxica hasta hace un año y medio. Los presidentes nunca han hablado. Ahora tendrán la oportunidad de hacerlo a solas y en el marco de las deliberaciones. "La posibilidad de que la Cumbre se convierta en un fracaso diplomático por la ausencia de los países más importantes de América Latina fue hábilmente explotada por Bolsonaro", señaló el diario Folha de San Pablo.

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La VIII Cumbre de las Américas tuvo lugar en abril de 2018 en Lima. Donald Trump no fue. Pero, además, Perú estaba sumido en un escándalo institucional. Bajo la administración republicana, la región adquirió un peso irrelevante, salvo que se tratara de Venezuela y Cuba o la construcción del muro en la frontera con México. La victoria electoral de Biden suscitó expectativas que no se han cumplido. La IX reunión debía haberse realizado el año pasado. No fue posible por la pandemia, que agravó los problemas de una región que en 2022 espera un módico crecimiento promedio del 1,8%. La tasa de pobreza extrema es del 13,8% en América Latina e involucra a 86 millones de personas. La pobreza general golpea, en tanto, a 201 millones de latinoamericanos, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

La sombra de China

Parte de las preocupaciones económicas del anfitrión no son las mismas que las de la mayoría de los países invitados. Washington ha encendido las alarmas por el peso que ha adquirido China. Y aunque el tema no figura en la agenda de trabajo, sobrevolará en las conversaciones más importantes. América Latina y el Caribe se han convertido en el segundo mayor destino para la inversión extranjera del gigante asiático. Durante los primeros tres meses del 2021 el comercio alcanzó 331.880 millones de dólares.