Elecciones en Colombia

Rodolfo Hernández, el 'Trump colombiano'

El candidato populista, empresario multimillonario de la construcción, muestra las características del expresidente estadounidense

  • Su desconocimiento de la realidad y una confesa simpatía hacia Hitler, de la que luego se arrepintió, no obstaculizaron su pase a la segunda vuelta

Rodolfo Hernández, candidato populista a la presidencia de Colombia.

Rodolfo Hernández, candidato populista a la presidencia de Colombia. / EPC

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Abel Gilbert
Abel Gilbert

Corresponsal en Buenos Aires

Especialista en se ha especializado en temas políticos relacionados con la región pero también ha abordado cuestiones culturales y deportivas

Escribe desde se encuentra en la ciudad de Buenos Aires

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"Le dije a él que estudiara para ser un ingeniero y no un político. Pero yo le ando duro si no hace caso", dijo Cecilia Suárez, la madre de Rodolfo Hernández, quien decidió desobedecer a medias ese mandato y se lanzó a pelear la presidencia de Colombia cuando nadie daba un centavo por él. Desde los bordes del sistema político, sobre la base de una presencia permanente en Tik Tok y Twitter, pasó a la segunda vuelta y se medirá el 19 de junio con el izquierdista Gustavo Petro. A los 77 años, Hernández, ex alcalde de Bucaramanga, la capital del departamento de Santander, sacó del ballotage a Federico Fico Gutiérrez, el representante de la derecha tradicional, quien no dudó en brindarle su inmediato respaldo. El empresario multimillonario suele mirarse en el espejo de Donald Trump. Su informalidad puede orillar el desplante, la grosería e incluso el escándalo. "Soy seguidor de un gran pensador alemán que se llama Adolfo Hitler", dijo en 2016 a RCN Radio. Cuando comenzaron a llover las críticas e incluso la posibilidad de un juicio por negacionista, Hernández pidió disculpas públicas y atribuyó su efímera simpatía con el nazismo tan solo a un "lapsus". El incidente no fue obstáculo para su proyección política.

Un mes atrás, la presencia de Hernández en el ballotage no era considerada ni siquiera por los analistas más intrépidos. Su figura fue creciendo como la espuma gracias a la presencia en las redes sociales. Sus repentinos seguidores ponderaron la "franqueza" con la que se comunicaba. "Soy natural, espontáneo porque aquí en las reuniones de amigos hablamos así", dijo sobre su estilo.

La corrupción como eje de campaña

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El ingeniero se ha presentado en la campaña como un adalid de la lucha contra la corrupción y aseguró que ese mal endémico, según la propia mirada de los colombianos, tiene un remedio altamente eficaz: la reducción draconiana del gasto del Estado. Su encendida defensa de la transparencia lo ha puesto sin embargo en aprietos: de hecho la Fiscalía lo investiga por un polémico contrato con una empresa que recicla residuos llevado a cabo durante su gestión como alcalde. Pero, además, la "espontaneidad" le ha traído otros inconvenientes durante su gestión: tiene casi 30 denuncias por agresiones contra funcionarios públicos.

La bandera de la antipolítica parece inmunizarlo. Durante la campaña tuvo más de un tropezón, al punto de no saber donde se encontraba Vichada, uno de los 32 departamentos en los que se divide el país. Ese desconocimiento tampoco le impidió imponerse a Petro en esa misma región ubicada casi 700 kilómetros de la capital. Prometió que, en caso de llegar a la presidencia, donará su salario. Sus primeras medidas de austeridad serán el cierre de embajadas, eliminar la consejería presidencial sobre igualdad de la mujer y sacarle los carros oficiales a los congresistas. Marelen Castillo, una ingeniera apenas conocida por su ultracatolicismo y que lo acompaña como candidata a vicepresidente, ha mostrado el mismo entusiasmo que él a la hora de podar presupuestos.

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