Nueva medida

Los talibanes recuperan la obligatoriedad del burka en Afganistán

  • Hace pocas semanas, los yihadistas prohibieron que las mujeres pudiesen estudiar a partir de la escuela primaria

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Adrià Rocha Cutiller
Adrià Rocha Cutiller

Periodista

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A partir de este sábado, las mujeres de Afganistán tendrán que, obligatoriamente, cubrirse todo el cuerpo con el burka cada vez que salgan de casa. Así lo ha anunciado el líder supremo del Emirato Islámico de Afganistán —el gobierno talibán—Hibatullá Ajundzada.

El burka es una prenda solo usada, en todo el mundo, en Afganistán, y tapa todo el cuerpo de la mujer sin excepción: a diferencia de los demás velos —algunos de los cuales se abren en la cara y las manos—, el burka tapa todo. En las manos, guantes, y ante los ojos, una reja de tela aísla completamente a la mujer del mundo exterior. Su uso ya fue obligatorio desde 1996 hasta 2001 y ahora los talibanes, en el gobierno, vuelven a imponerlo.

“[Las mujeres] deben de usar el burka, ya que es tradicional y respetuoso”, ha dicho el líder supremo talibán esta mañana en un comunicado emitido por el gobierno del grupo en Kabul, capital conquistada en agosto de 2021, hace casi un año. 

“Aquellas mujeres que no sean demasiado mayores ni demasiado jóvenes tienen que taparse la cara, como marcha la sharía —la ley islámica—, para evitar la provocación cuando se encuentren con un hombre que no sea su familiar cercano [marido, hermano o padre]”, reza el comunicado.

Según la ley islámica, una mujer debe de cubrirse a partir de que le llegue la primera menstruación, que marca el momento en que una joven, supuestamente, llega a la edad adulta y, por lo tanto, pasa a ser deseo de los hombres y puede legalmente casarse. Tras la menopausia, cubrirse deja de ser obligatorio, pero el estigma hace que pocas mujeres se lo quiten. 

Salir de casa

Ajundzada, en la misma misiva, además, afirma algo que los talibanes también impusieron en Afganistán la última vez que gobernaron, desde 1996 hasta 2001: que las mujeres “harán bien de quedarse siempre en casa a menos que tengan un asunto muy importante que atender”. 

Es algo que ocurre, sobre todo, en las zonas rurales del país, donde una joven, al tener la primera menstruación, desaparece de la vida pública y es encerrada en casa, primero en la de sus padres y después la de su marido, una vez es casada. 

Cuando asumieron el control del país en agosto del año pasado, los talibanes empezaron una campaña mediática para mostrar que habían aprendido de sus errores del pasado y que no impondrían, como hicieron en los noventa, las mismas duras normas de represión contra los afganos, sobre todo las mujeres. 

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Menos de un año después de su victoria militar, sin embargo, ya más asentados en el poder, el discurso ha cambiado y las restricciones a las mujeres están a la orden del día. Y no solo en las calles.

También en las escuelas: tras prometer a la prensa y la comunidad internacional que las jóvenes tendrían acceso a la educación, el mes pasado las mujeres que estudiasen cursos superiores a primaria vieron como las puertas de sus centros educativos se les cerraron en sus narices, en el día en que tenían que abrir por primera vez. No se espera que, por el momento, vuelvan a abrirse, y ahora solo los hombres tienen acceso a una educación mínima