La carrera hacia el Elíseo

El terremoto Le Pen sacudió hace 20 años Francia

El 21 de abril del 2002, el patriarca Jean -Marie Le Pen provocó un cataclismo al clasificarse para la segunda vuelta

Jean-Marie Le Pen.

Jean-Marie Le Pen. / JOEL SAGET/AFP

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Marta López
Marta López

Periodista

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Este jueves 21 de abril pero hace 20 años, un seísmo absolutamente inesperado sacudió Francia: el ultraderechista Jean- Marie Le Pen se clasificaba para la segunda vuelta electoral frente al conservador Jaques Chirac tras eliminar al primer ministro socialista Lionel Jospin de la carrera presidencial. Aquel resultado fue un cataclismo que esa misma noche sacó a miles de personas a las calles y llevó a Jospin a anunciar que abandonaba la vida política. Hoy dos décadas después, el fantasma es el mismo pero Francia ya ha normalizado que una aspirante de la ultraderecha vuelva a estar bien situada para disputar por tercera vez la presidencia, y más cerca del Elíseo que nunca.

Un repaso a los titulares de la prensa del día después da una idea de la gran conmoción que causó en Francia, y tambien en Europa, el resutado. “Shock” o “Terremoto” eran las portadas enconnce. Un inmenso “Non”, ilustraba la del diario de 'Libération'. Solo cinco días antes, el propio Jospin había soltado una carcajada cuando se le preguntó por la posibilidad de ser eliminado en la primera vuelta electoral: “Tengo una imaginación normal, atemperada por la razón”, soltó.

Se esperaba una gran abstención -superó el 28%- y un fuerte voto de protesta. Pero nunca la victoria de un hombre que había dicho que las cámaras de gas eran solo un “detalle” de la historia. Chirac logró el 19,8% de los votos, Le Pen el 16,8% y Jospin el 16,1%. Esa misma noche, miles de estudiantes salieron a la calle. El 1 de mayo, entre las dos vueltas, bajo el lema “Salvemos la V República”, se manifestaron 1,3 millones de personas, en la mayor movilización popular desde la liberación de Francia, tras la segunda guerra mundial.  

No hubo debate

Francia os necesita. Yo os necesito”, apeló Chirac, que se negó a debatir con Le Pen. “Frente a la intolerancia y el odio, ninguna transacción, ningún compromiso sobre los principios, ningún debate es posible”, dijo. El frente republicano que se forjó en torno a la candidatura de Chirac le dio la presidencia en segunda vuelta con el 82,2 % de los votos frente al 17,8% de Le Pen.

Cinco años después, en el 2007 el anciano Le Pen vio caer su apoyo al 10,4% de los sufragios pero lejos de estar muerto, el Frente Nacional iniciaba el camino hacia la normalización. Primero con un cambio de liderazgo hacia la hija, Marine Le Pen, en el 2011, que pronto abandonó las posiciones antisemitas y más extremistas del patriarca.  En el 2012, mejoró en la primera vuelta presidencial el resultado de su padre, con el 17% de los votos.

En el 2014, el Frente Nacional ganó las elecciones europeas y en el 2017, en las presidenciales, Marine Le Pen repitió la gesta del patriarca y se situó en segunda vuelta frente a Emmanuel Macron. Y como a su padre, el rodillo del frente republicano la dejó en el 33,9% de los votos frente al 66,1% del entonces joven y prometedor candidato.

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El duelo se repetirá este domingo pero se prevé más reñido. El descontento social que alimenta el populismo económico permanece intacto tras un quinquenio de agitación y Le Pen ha dulcificado su discurso para hacerlo más digerible, aunque en el fondo siga siendo el mismo: nacionalista, antieuropeo, y antiinmigración. Su operación seducción ha pasado por hablar más de economía y dejar de lado los aspectos más polémicos de su programa. Y paralelamente el llamado frente republicano está mucho más debilitado hoy que hace cinco años, con los dos grandes partidos- socialistas y republicanos- convertidos en fuerzas residuales.

Han pasado 20 años desde aquel 21 de abril que sacudió a Francia y a Europa. Frente al más de millón de personas que se movilizó hace dos décadas, poco más de 20.000 lo han hecho esta vez. El mundo ha cambiado tanto que hasta luego ganó el Brexit en Gran Bretaña y Donald Trump en Estados Unidos y ya no es una quimera pensar que más temprano o más tarde la ultraderecha pueda llegar poder en una de las democracias fundamentales de la Unión Europea.