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Rusia se lanza al asedio de las grandes ciudades

  • Últimas noticias de la guerra Rusia-Ucrania, en directo

  • La operación militar muta hacia un escenario ya ensayado por el Kremlin en guerras anteriores, como el terrible cerco a Grozni

  • Un proyectil destruye la torre de comunicaciones de Kiev con el propósito de silenciar a los diferentes canales de televisión ucraniana

REUTERS/Carlos Barria / Video: EFE

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Marc Marginedas
Marc Marginedas

Corresponsal para la exURSS

Escribe desde Moscú

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La operación militar rusa inicial, concebida desde Moscú como una misión “relámpago” y “quirúrgica” con el objetivo inicial de expulsar o aniquilar en pocos días al “Gobierno neonazi” de Ucrania, claramente no ha proporcionado los resultados esperados en esta primera semana de combates. Y a la vista de lo ocurrido, ha comenzado a mutar, durante la jornada de este martes, hacia un escenario ya ensayado por el Kremlin en otros espacios bélicos en los que ha actuado en los últimos años su Ejército o sus aliados: terribles asedios a grandes ciudades, bombardeos de infraestructuras civiles, desprecio al número de bajas civiles e incluso empleo de armas y munición de escasa precisión prohibidas por el derecho internacional humanitario.

“Se han ralentizado y se han sentido frustrados por su falta de progreso en la capital ucraniana; una de las cosas que podría ocurrir es que (los rusos) reevalúen sus tácticas y potencial para ser más agresivos y abiertos tanto en tamaño como en escala a la hora de atacar Kiev”, ha augurado una fuente del Ministerio de Defensa estadounidense a la cadena 'CNN', dando a entender a la vez, sombríamente, que lo peor estaba por llegar. En la mente de numerosos estrategas militares se hallan en estos momentos ejemplos como los de Grozni, algunos de cuyos barrios quedaron reducidos a escombros cuando las tropas rusas tomaron el control de la ciudad a principios de este siglo, o los asedios llevados a cabo por el Ejército sirio, estrecho aliado del Kremlin, en poblaciones bajo control rebelde como Alepo, que contaron desde el aire con el apoyo de la aviación rusa.  

Los últimos acontecimientos constatados en los diferentes frentes de guerra parecen ir confirmando esta hipótesis. Una gigantesca columna blindada se aproximaba a Kiev desde el sur, con la aparente intención de rodear la ciudad, de un tamaño similar a Madrid y donde vivían, hasta el inicio de las hostilidades la semana pasada, unos tres millones de personas. Además, un proyectil disparado por las fuerzas rusas impactó en la torre de comunicaciones de la capital, según fuentes ucranianas, causando varios muertos. De acuerdo con Moscú, esta infraestructura estaba siendo utilizada para llevar a cabo “ataques informativos” y había que silenciarla.

Mantener elevada la moral

El Kremlin parece otorgar gran importancia al control de las telecomunicaciones. La televisión ucraniana está siendo un medio muy relevante para informar a los ciudadanos las 24 horas del día y mantener elevada la moral. Los diferentes canales mantienen la emisión con permanencia mediante conexiones con corresponsales o enviados especiales en las ciudades que están siendo objeto de ataque, además de retransmitir frecuentemente debates con expertos y sobre todo, las intervenciones diarias del presidente ucraniano.

Járkov, la segunda ciudad de Ucrania, que también ha rechazado en varias ocasiones las incursiones de los blindados rusos, está sufriendo una suerte similar a la de la gran megalópolis ucraniana. Proyectiles de artillería han impactado en el centro de la ciudad, concretamente en la llamada Plaza de la Libertad, destruyendo edificios administrativos. “Putin no puede romper Ucrania; comete más crímenes de guerra debido a su rabia y asesina a civiles inocentes; el mundo puede y debe hacer más; incrementad la presión, aislad a Rusia por completo”, clamaba en un tuit el ministro de Exteriores ucraniano, Dmitro Kuleba.

Este cambio de estrategia militar podría venir aparejado del uso de armas prohibidas o vetadas en grandes aglomeraciones urbanas por las convenciones internacionales. En concreto, la embajadora de Ucrania en EEUU, Oksana Makárova, ha acusado al Ejército ruso de emplear bombas de vacío, mientras que grupos de derechos humanos como Amnistía Internacional o Human Rights Watch han implicado a los atacantes rusos de recurrir a las bombas de racimo.

Cargas explosivas

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Las bombas de vacío o termobáricas, están compuestas por dos cargas explosivas, una primera que esparce una nube de combustible que luego es detonada por una segunda deflagración. Debido a esta circunstancia, el área de destrucción es significativamente mayor que el de un proyectil de artillería convencional, logrando además extraer el oxigeno de su radio de acción, y provocando la muerte por asfixia o incineración de los seres humanos que se hallan en sus proximidades. Fueron utilizadas con profusión por el Ejército ruso durante el asedio a Grozni a finales de 1999 y principios de 2000, nada más llegar Vladímir Putin al poder, dejando un paisaje de destrucción inaudito hasta la fecha en una gran ciudad europea.

Las bombas de racimo, por su parte, liberan cientos de pequeñas bombas al abrirse, y su efecto sobre los espacios que han sido atacados con ellas es similar al de las minas antipersonas. Muchas de estos pequeños artefactos llegan al suelo sin estallar, y provocan daños entre los transeúntes. Israel los empleó con frecuencia durante la ofensiva militar en el Líbano contra Hizbulá en 2006. Jen Psaki, portavoz de la Casa Blanca, ha afirmado que de confirmarse estas acusaciones, constituirían un grave “crimen de guerra”.