Tensión en Europa del este

EL PERIÓDICO en Ucrania: Kiev se prepara para un posible ataque de Moscú sin pánico

  • Las autoridades habilitan refugios y los ciudadanos empaquetan maletas y ultiman estrategias sobre qué hacer en el caso de que se materialice un ataque de Rusia

EL PERIÓDICO en Ucrania: Kiev se prepara para un posible ataque de Moscú sin pánico
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Marc Marginedas
Marc Marginedas

Corresponsal para la exURSS

Escribe desde Moscú

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Un portal desastrado que pide a gritos una mano de pintura, y una enorme puerta negra de metal que conduce al sótano del edificio. El número 58 del bulevar Taras Sevchenko, en el centro de Kiev, es uno de los cientos de puntos señalados en un mapa interactivo creado por la alcaldía de la capital de Ucrania y destinado a proteger "a la población civil de las emergencias de naturaleza humana o militares", según se explica en la misma página web.

El lugar ya ha sido identificado por la defensa civil ucraniana como posible refugio en caso de un ataque aéreo de Rusia. Pero la instalación dista aún mucho de estar preparada para las eventualidades militares que puedan surgir en los próximos días o semanas: la puerta está cerrada a cal y canto con un doble candado, y en el número de teléfono indicado, perteneciente a la persona que supuestamente gestiona la instalación, nadie parece hacerse cargo.

Ucrania vive los momentos de mayor incertidumbre desde que accedió a la independencia con una cierta dosis de esquizofrenia. Mientras las instituciones oficiales difunden folletos dirigidos a la población donde se explican cosas como qué empaquetar en una maleta de emergencia o cuánta agua potable acumular en caso de asedio, mientras los ciudadanos hacen acopio de víveres o idean planes para salir corriendo aunque sin saber muy bien hacia dónde, ningún signo externo parece indicar la inminencia de un conflicto armado con el todopoderoso país vecino: el tráfico en las calles de la capital continúa generando los atascos de siempre, y las aglomeraciones matinales en el metro kievita mantienen su pulso habitual. "La gente a mi alrededor está preocupada, pero no hay pánico", relata Yúlia Tsiba, diseñadora gráfica de 39 años.

Yúlia Tsiba, diseñadora gráfica.

/ MARC MARGINEDAS

Dmytro Shynkaruk, consultor de comunicación de 31 años, explica que va a comenzar a hacer la maleta de emergencia durante el próximo fin de semana. "Colocaré copias de mis documentos, acumulador de energía para mi teléfono móvil y algo de ropa; por televisión nos dicen que tiene que ser ligera y fácil de llevar", continua. Con su compañera tiene aún que debatir qué harán ambos en caso de ataque, aunque reconoce que es difícil idear un plan debido a la imposibilidad de predecir cuál de los múltiples escenarios bélicos que se han venido barajando en las últimas semanas podría acabar materializándose. "Kiev está muy cerca de la frontera con Bielorrusia, y el ataque podría `proceder del norte, aunque también empezar por el este", puntualiza. En cualquier caso, cuenta que desde hace ya días sigue "con atención" las noticias para que ningún acontecimiento le acabe pillando con el pie cambiado.

Ferviente defensor de una Ucrania firmemente anclada en Occidente y mirando a Europa, Dmytro no se quedará con los brazos cruzados si el país es obligado a regresar al redil del Kremlin. Aunque no descarta combatir, cree que puede ser "más útil" en temas de comunicación gracias a su experiencia como periodista.

Dmytro Shynkaruk, consultor de comunicación.

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Volodímir Nazarek, al frente de un negocio de telefonía móvil en uno de los puestos de la gigantesca red de pasos subterráneos que surcan la plaza de la Independencia (Maidán), donde tuvieron lugar los enfrentamientos que obligaron en 2014 a huir al presidente prorruso Víktor Yanukóvich, se toma las cosas con más calma. "Si invaden, me voy a Polonia con mi mujer", bromea. "No hombre, me quedaré aquí porque a nosotros no nos van a hacer nada; colocarán a su Gobierno prorruso de siempre y a nosotros nos dejaran en paz", continúa en tono distante. Tampoco ha estudiado al detalle las recomendaciones de las autoridades, y ni siquiera sabe cuál es el refugio más próximo: "¡Pero este subterráneo ya es un refugio!", comenta con sorna.

Hombre pragmático y escasamente politizado, sus sentimientos hacia Rusia son más ambiguos que los de Dmytro; aunque critica con contundencia al presidente Vladímir Putin y condena las anexiones rusas a costa del territorio de su país, también añora los tiempos en que la hryvna, la divisa nacional, era fuerte y se cotizaba bien frente a otras monedas. "Ahora somos más pobres", constata.

Volodímir Nazarek, en uno de los pasos subterráneos bajo la plaza de la Independencia.

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País poco militarizado

Para ser un país que lleva ocho años en guerra, que podría sufrir en un futuro próximo un nuevo embate de una potencia con muchos más recursos militares, Ucrania es, a primera vista, un territorio escasamente militarizado. En el metro, los anuncios ofrecen la misma publicidad barata, los mismos descuentos, gangas o viajes que en cualquier otra ciudad europea. No hay reclamos instando a la ciudadanía a alistarse, o pasquines con consignas patrióticas. De vez en cuando, uno se topa con carteles donde se muestra el rostro de soldados u oficiales acompañados de frases de reconocimiento o agradecimiento. "Ella estará en guerra hasta la victoria", indica uno de ellos, presidiendo el rostro de una mujer con un casco, de nombre Olena Mokrenchuk. En la plaza de la Independencia, al pie mismo de la estatua coronada por una imagen de Berehynia, una deidad eslava, se organizan cuestaciones populares para militares heridos donde se reparten coloristas pulseras a cambio de un donativo.

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"La mayoría de la gente está inquieta, intenta adivinar qué es lo que va a suceder", resume Yúlia. "Pero llevamos ya ocho años de actividades militares en el este, por eso estamos ya un poco preparados", continúa. En el caso de que el Ejército ruso acabe ocupando parte de Ucrania, esta mujer piensa hacer "todo lo posible para defender" a su país. "No voy a huir al extranjero e intentaré ser útil a mi Gobierno para combatir al enemigo", continúa.

Independientemente del grado de compromiso con la independencia de esta exrepública soviética o con las actuales autoridades, y quizás confundiendo deseos con realidad, late una cierta creencia de que la sangre no llegará al río, de que no habrá una ocupación militar en toda regla: "¡Qué van a ocupar los rusos!", exclama con incredulidad el comerciante Nazarek. Eso sí. Todos dan por descartado que el país continuará sufriendo el hostigamiento y el acoso de Moscú.