Festejos bajo escrutinio

El exasesor principal de Johnson le acusa de mentir al Parlamento sobre la fiesta en Downing Street

  • Dominic Cummings afirma que el primer ministro fue advertido de que la celebración del 20 de mayo de 2020 quebrantaba las normas del confinamiento

  • Otros dos ayudantes confirmarían la acusación que contradice lo declarado por el 'premier' en la Cámara de los Comunes y en la que insiste.

El primer ministro británico, Boris Johnson, durante una sesión en la Cámara de los Comunes.

El primer ministro británico, Boris Johnson, durante una sesión en la Cámara de los Comunes. / JESSICA TAYLOR / PARLAMENTO BRITÁNICO (REUTERS)

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Begoña Arce
Begoña Arce

Periodista

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El que fuera el principal asesor de Boris Johnson, Dominic Cummings, le acusa de haber mentido al Parlamento. El primer ministro británico sabía que en Downing Street se preparaba una fiesta el 20 de mayo de 2020 y fue advertido de que las bebidas en el jardín iban contra las normas de estricto confinamiento vigentes en aquel momento, según Cummings. Quien se ha convertido el peor enemigo de Johnson trabajaba en Downing Street por aquel entonces y afirma que el 'premier' "pasó por alto" la recomendación y "mintió al Parlamento sobre las fiestas", algo que, según las reglas, le obligaría a dimitir. En su primera aparición pública desde hace casi una semana, Johnson negó este martes categóricamente que supiera de antemano de la naturaleza del evento. "Cuando fui al jardín creí que iba a un evento de trabajo". Cummings sostiene lo contrario y está dispuesto a repetirlo bajo juramento. Otros dos miembros del personal de la residencia oficial han confirmado a la BBC la versión del antiguo asesor, quien ahora podría ser interrogado por Sue Gray, la persona encargada de investigar las fiestas durante la pandemia.

Johnson admitió en una declaración en la Cámara de los Comunes la pasada semana haber asistido a esa fiesta, en la que estuvo durante 25 minutos, si bien creyó "implícitamente" que se trataba de un encuentro de trabajo, argumento que ahora repite. Su secretario privado, Martin Reynolds, había mandado una invitación a un centenar de personas de las que acudieron unas 40. De acuerdo con lo contado por Cummings en su blog, "un alto funcionario le respondió que el correo con la invitación rompía la normativa vigente", por lo que Reynolds discutió el asunto con otros miembros del personal. "Le dije que la invitación violaba las normas", insiste Cummings, pero Reynolds le contestó que "lo consultaría con el primer ministro y si él estaba conforme seguiría adelante. Estoy seguro que le consultó". Él mismo le planteó el asunto a Johnson. "Le dije al primer ministro algo como, 'Martin ha montado una fiesta con bebidas en este edificio. Tienes que controlar esta casa de locos'".  Y añade: "No sólo yo, otros testigos que discutieron todo esto en su momento contarían bajo juramento lo que pasó".

El exasesor principal de Boris Johnson Dominic Cummings, en una imagen de mayo de 2021.

/ TOBY MELVILLE

"No es cierto"

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Una vez más, con el Gobierno enfangado en la controversia, a primera hora del martes el ministro de justicia, Dominic Raab, fue el encargado de hacer la ronda de entrevistas en radio y televisiones desmintiendo a Cummings. "No es cierto", repitió aquí y allá. El primer ministro ya manifestó "su contrición y pidió perdón en la Cámara de Comunes por algunas prácticas ocurridas en Downing Street". Pero Raab reconoció que, de haber mentido al Parlamento, un primer ministro debe dimitir como norma. La oposición vuelve a reclamar esa dimisión y que Johnson responda a las alegaciones en el Parlamento, al tiempo que acusa al Ejecutivo de hallarse en una situación caótica.

Cummings puede tener artillería sobre las fiestas de Johnson para rato. Él fue testigo de todo aquello y advierte de que existen más fotos de las celebraciones. Cada vez que el equipo en el Gobierno trata de desviar la atención del escándalo (con medidas populistas, contra la inmigración o la BBC) el exasesor lanza una nueva granada. En el fuego cruzado se están viendo involucrados altos funcionarios del Estado, cuya reputación se ve en perjudicada y en entredicho, algo que está creando un profundo malestar.