Entrevista al disidente cubano

Yunior García : “En Cuba ha empezado otra revolución”

Yunior García : “En Cuba ha empezado otra revolución”

JOSE LUÍS ROCA

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Eva Cantón
Eva Cantón

Periodista

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El pasado 17 de noviembre, el dramaturgo cubano Yunior García, uno de los principales líderes de la plataforma opositora Archipiélago, llegó a Madrid dos días después de la frustrada marcha por el cambio con un visado de turista otorgado por la Embajada española. Desde aquí pretende ahora dar a conocer la realidad de la isla.

Díganos qué está pasando en Cuba

Hay un cambio generacional. Con internet y las redes sociales los jóvenes tienen una vía alternativa para decir lo que piensan y han aparecido movimientos de minorías, comunidades LGTB, ecologistas y defensores de los derechos cívicos al margen del control del estado. También el régimen está en manos de una generación nueva pero sin el liderazgo ni el carisma de las anteriores. Ha habido un divorcio entre los dirigentes y el pueblo, y eso ha potenciado la rebeldía ciudadana que hemos visto en los últimos meses.

Hace cinco años de la muerte de Fidel Castro. ¿Qué ha cambiado desde entonces?

Fidel Castro era el poder. Era el Estado. Los ciudadanos sentían que vivíamos en una especie de monarquía tropical. Parte de la población lo seguía con una devoción fundamentalista. Era como una religión. Nadie se atrevía a criticarlo ni en soledad. Eso ha cambiado. Las nuevas generaciones tienen otros referentes. Cuba se ha abierto al resto del mundo gracias a las redes sociales. Algunos cubanos han podido viajar y su condición de isla-burbuja se ha ido rompiendo.

¿Es en ese contexto en el que nace Archipiélago?

Todo se inició como un movimiento de artistas opuestos a la censura. Primero apareció el movimiento San Isidro liderado por jóvenes que desarrollaban su creatividad en zonas marginadas. Cuando el poder arremetió contra ellos decidimos solidarizarnos y organizar una protesta el 27 de noviembre del 2020 frente al Ministerio de Cultura. Fue la mayor protesta de artistas en la historia de la revolución.

“Esa visión romántica de Cuba que tienen algunos sectores de izquierda, intelectuales y artistas tiene que terminar”

¿Le han criticado los miembros de Archipiélago su decisión de abandonar Cuba?

Estaba convencido de que me iban a llevar a la cárcel o algo peor, y no estaba dispuesto a regalarle 20 años de mi vida al régimen. Dentro de una cárcel sería un símbolo, pero desde allí se puede hacer muy poco. Tenía que salir porque lo más útil que podía hacer era dar testimonio de lo que estaba pasando. No puedo pedir perdón por estar vivo.

¿Cuál es ahora su plan?

Mi objetivo es dirigirme a esos sectores de Europa y de América Latina que tienen una visión distorsionada de la revolución cubana. Sectores de izquierda, artistas, intelectuales, académicos anti-imperialistas que ven Cuba como un estandarte. Esa construcción simbólica es cruel para los cubanos, que ven violados sus derechos. En Cuba no hay Estado de Derecho, no hay Defensor del Pueblo, ni Tribunal de garantías constitucionales. El régimen es capaz de violar impunemente la Constitución. El Parlamento cubano es una falacia. Esa visión romántica de Cuba tiene que terminar.

¿Tiene España esa visión romántica?

Determinados sectores relacionados con la academia, con el arte, con la izquierda española. Pero no toda la izquierda. Me ha sorprendido que una parte ya haya perdido el temor a llamar dictadura a Cuba, como hizo un representante de Más País.

 

 “Europa ha sido extremadamente tolerante con Cuba”

Ningún tránsito hacia la democracia es fácil. ¿Haría falta un modelo, incluso un traidor dentro del régimen?

No hay una fórmula para acabar con las dictaduras y la realidad de Cuba no se parece a la de ningún otro país. Habría que ver qué podría funcionar. Personalmente descarto cualquier intervención militar. Estoy convencido de que el fin de la dictadura tendrá que ocurrir dentro del poder y arriba, en la cúpula. Pero ese cambio será imposible sin la presión popular y sin la presión internacional, sobre todo de los aliados, de los amigos.

¿En quién está pensando?

En buena parte de América Latina y en buena parte de Europa, que tiene un compromiso con los derechos humanos y la democracia pero ha sido extremadamente tolerante con Cuba. Podrían presionar para que la cúpula que gobierna en Cuba se vea forzada a hacer cambios. Y yo no llamaría traidores a los que dentro del Gobierno decidan ponerse del lado del pueblo. Hasta ahora han pensado más en el poder que en la gente que les necesita.

¿Sería partidario de imponer sanciones?

Es un tema polémico y tenemos fuertes discusiones al respecto. Cualquier sanción que haga pasar hambre a las familias cubanas no debería defenderse moralmente pero sí creo que los que han cometido crímenes contra los ciudadanos deberían recibir sanciones fuertes.

¿Cómo le gustaría que fuera la política española hacia Cuba?

De honestidad desde el conocimiento. Para entender Cuba no se puede escuchar solo al Gobierno o solo a la oposición. Hay que escuchar a los cubanos de a pie. Deberíamos desterrar esa idea de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Hay más de 600 presos, menores en la cárcel, madres amenazadas con quitarles a sus hijos y profesores a los que pueden expulsar de la Universidad por sostener sus ideas. Eso hay que verlo como es, y no justificarlo con ideologías.

¿Cuál es el papel de la Iglesia cubana en este momento?

A veces trabaja con las manos atadas. Fue muy maltratada en el inicio de la revolución. Luego vivió etapas mejores, con más libertad para el culto y, obviamente, teme perder esas pequeñas garantías. Hay un movimiento de la feligresía para proteger a los más necesitados, los manifestantes, los presos y sus familiares. La Iglesia no ha tenido una posición demasiado fuerte de condena al régimen pero podría ocurrir. Yo mismo escribí al Papa. No he tenido una respuesta directa pero indirectamente me han hecho llegar que estaba preocupado por la situación.

 

 “Ningún cambio en Cuba será posible sin la presión popular ni la presión internacional, sobre todo de los aliados y amigos”

¿Necesita Cuba otra revolución?

Ya ha empezado otra revolución. El 27 de noviembre del 2020 frente al Ministerio de Cultura aplaudíamos no al poder, sino a nosotros mismos. El artista Chino Novo lo llamó la revolución de los aplausos. Hay una nueva revolución dentro de Cuba y no es violenta, no usa las armas. Está usando el arte, la palabra, las ideas, la sensibilidad humana.

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En algún momento lo haremos, pero no puede ser una actitud suicida. Vamos a trabajar para que el país sea un lugar donde se pueda vivir sin miedo a decir en voz alta lo que uno piensa.

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