Comicios en Rusia

Vladímir Kará-Murzá, opositor ruso envenenado: "La Rusia de Putin es estalinismo postmoderno"

  • El activista sostiene que el Kremlin tiene "miedo a su propio pueblo" y anuncia que exigirá en el Tribunal de Estrasburgo una investigación internacional sobre lo que denominó "escuadrones de la muerte" que asesinan a opositores

Vladimir Kara-Murza, opositor de Putin

Vladimir Kara-Murza, opositor de Putin

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Marc Marginedas
Marc Marginedas

Corresponsal para la exURSS

Escribe desde Moscú

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Vladímir Kará-Murzá recibe a EL PERIÓDICO en un café tras acudir una vista judicial en Tribunal del Distrito de Jamovniki, donde presentó una demanda contra el Comité de Investigación (Fiscalía) por negarse a iniciar pesquisas criminales tras sufrir dos envenenamientos en 2015 y 2017. Pese a las amenazas que penden sobre su vida, no tiene intención alguna de exiliarse, a diferencia de otros opositores rusos: "Este es nuestro país; si te vas, pierdes el vínculo con la realidad y la autoridad moral", justifica.

-¿Porqué ha acudido hoy al tribunal?

-En Rusia, a los opositores, a veces se nos dispara, a veces nos envenenan. Este último método se emplea desde la época soviética, y tras llegar Putin al poder, se recurre a él a menudo. Tiene dos beneficios respecto al asesinato con armas: es un método sádico, sufres mucho. Es muy doloroso cuando no puedes respirar y ves cómo tu vida se te va. Pero la razón más importante es lo que los norteamericanos llaman negación plausible. En cada ocasión que un opositor es envenenado, la maquinaria propagandística del Kremlin se pone en marcha y asegura que no ha habido envenenamiento, que ha sido falta de azúcar, una borrachera, una alergia... En mi caso, me envenenaron dos veces, en 2015 y 2017, y estuve en coma. Los médicos dijeron a mi esposa que mis posibilidades de sobrevivir eran del 5%. En ambos casos, denuncié los hechos ante el Comité de Investigación. En febrero de este año, se publicó en Bellingcat y The Insider una investigación en la que se identificó a cuatro funcionarios del FSB de Rusia (como los autores) y denunciamos de nuevo los hechos ante el Comité de Investigación. Recibimos dos respuestas contradictorias: en una se negaba iniciar un procedimiento criminal, en otra se decía que mi demanda no había sido recibida. No me sorprende que en Rusia no se investigue un crimen contra un opositor. Pero lo que todavía me turba es que ni siquiera pretendan fingir que investigan. A nuestra demanda de febrero de 2021, con hechos concretos, fechas, nombres... no han hecho nada. Vamos a acudir a instancias judiciales superiores, aunque no me hago ninguna ilusión. Por eso llevaremos el caso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, donde exigiremos el inicio de procedimientos internacionales contra estos escuadrones de la muerte que actúan en Rusia.

-¿Se puede utilizar este término, escuadrones de la muerte?

-Por supuesto. Vivimos en Rusia y nos hemos acostumbrado a la realidad. Pero lo cierto es que en pleno siglo XXI, en un país europeo, hay asesinos a sueldo del Estado cuya función es la eliminación física de los oponentes políticos.

-Este domingo se celebran elecciones en Rusia. ¿Qué espera de ellas? ¿Apoya el Voto Inteligente?

-En Rusia, hay que poner la palabra elecciones entre comillas. Según el Consejo de Europa y la OSCE, aquí no ha habido elecciones libres en 20 años. En esta ocasión, a la mayoría de la oposición no se le ha permitido participar. El poder ha impuesto gran cantidad de barreras legislativas, judiciales. Hay intimidación, amenazas, se obliga a acudir a votar y a apoyar a los candidatos del poder. Por vez primera en 30 años no habrá observadores de la OSCE. Como historiador que soy, le diré una lección de la historia: en aquellos países en los que no se puede cambiar a los líderes en las urnas, más pronto o más tarde el cambio se produce en las calles. Esto no es un deseo, sino la constatación de unos hechos. De todos los pocos oponentes a los que se han permitido participar en estos comicios, solo hay un partido verdaderamente opositor que critica de forma sistemática tanto la política interior como la política exterior del Kremlin, y ese es Yábloko. Pero en todos sus anuncios electorales, en todas sus papeletas, debe incluirse el término "agente extranjero". Acerca del Voto Inteligente, en la mayoría de los casos, la campaña propone votar por los candidatos del Partido Comunista. Este partido es responsable de terribles crímenes cometidos contra nuestro pueblo, contra millones de personas torturadas, fusiladas o enviadas al Gulag. Hay circunstancias en la vida en las cuales no se me levanta la mano para votar por este partido.

-¿No cree que esas barreras administrativas de la que habla son cada vez menos y menos efectivas, a juzgar por lo sucedido el pasado año en algunas elecciones regionales?

-El poder controla por completo el espacio político, pero vemos a cientos de miles de personas en los mítines de la oposición. Pese a los vetos en las elecciones, suceden cosas inesperadas. En los sondeos de opinión, Rusia Unida solo recaba el 27% del apoyo, en Moscú el 15%. Aquellos que controlan todo en el país solo tienen el respaldo del 27%. ¡No es normal! Crece la protesta, pero el poder continúa cerrándose.

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-¿Cree usted que el Kremlin cada vez tiene más miedo?

Esto empezó hace 20 años, cuando Putin llegó al poder. Lo primero que hizo fue recuperar el himno soviético, un símbolo muy importante. Una persona que devuelve el himno de Stalin, actuará siguiendo los métodos de Stalin, con algunas correcciones, algo así como un estalinismo posmoderno. En los primeros años se cerraron todos los canales independientes, se comenzó a encarcelar a prisioneros políticos, como Mijaíl Jodorkovski y otros. Se expulsó del Parlamento a la verdadera oposición. El momento más terrible sucedió el 27 de febrero de 2015, cuando al pie del Kremlin fue asesinado Borís Nemtsov. Sí, el régimen está preocupado, y sobre todo, tiene miedo de su propio pueblo.