Nuevo escenario en el país asiático

La salida definitiva de Afganistán divide a los aliados y pone en guardia a los talibanes

Evacuación de población civil en el aeropuerto de Kabul

Evacuación de población civil en el aeropuerto de Kabul / HANDOUT (EFE)

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El Periódico

No hay tiempo material para sacar de Afganistán a todos los afganos que trabajaron para las fuerzas de la coalición internacional. Ese es el mensaje que han enviado en los últimos días la Unión Europea, Gran Bretaña o Francia, conscientes de que el tiempo se acaba para sacar del país a las decenas de miles de afganos que arriesgaron sus vidas a para defender los intereses de la coalición durante las últimas dos décadas de conflicto bélico. La decisión final la tiene Estados Unidos. Su presidente no descarta extender la fecha más allá del 31 de agosto, una decisión que, sin embargo, no está exenta de riesgos. Los talibanes han advertido que “habrá consecuencias” si las fuerzas internacionales posponen su marcha del país. 

“Es una línea roja. Joe Biden anunció que el 31 de agosto retiraría a todas las fuerzas militares”, afirmó Suhail Saheen, uno de los representantes talibanes en Doha (Catar), donde el grupo armado tiene su oficina política. “Eso creará desconfianza entre nosotros. Si tratan de extender la ocupación, provocará una reacción”. No hay una fecha de salida escrita en piedra en el calendario. El acuerdo alcanzado a principios del año pasado entre los islamistas radicales y la Administración Trump, una suerte de pacto de no agresión que extrajo vagas promesas de los talibanes a cambio de un firme compromiso de retirada, estipulaba que las tropas estadounidenses abandonarían el país el 1 de mayo, una fecha que obviamente no se ha cumplido. 

En este nuevo Dunkerque en que se ha convertido la evacuación de Kabul, los talibanes son el problema, pero también parte integral de la solución. Porque no solo han dispersado con palos y balas algunos intentos para acceder al aeropuerto en la última semana; además estarían cooperando con la OTAN para crear algo parecido a un corredor de acceso a la terminal. “Hasta ahora puedo decir que nos han concedido cuanto hemos necesitado”, dijo la ministra de Defensa alemana, Annegret Kramp-Karrenbauer, al diario ‘Bild’. “El peligro se deriva más bien de las incontrolable multitudes”. 

Enfrentamientos junto al aeropuerto

En la última semana, 20 personas han muerto aplastadas o tiroteadas entre las columnas humanas que tratan de abrirse paso hacia la terminal sin agua ni comida y bajo un calor de justicia. Las fuerzas de la coalición, lideradas por 6.000 militares de EEUU, a los que se han unido 660 miembros del disuelto ejército afgano, controlan técnicamente el aeródromo. Pero a medida que crece la desesperación, crecen también las amenazas. Este lunes hubo un ataque en la entrada norte al aeropuerto. Un soldado afgano murió en la refriega y otros tres resultaron heridos, según el ministerio de Defensa alemán. Si bien los asaltantes no han sido identificados, el incidente llega dos días después de que Washington alertara de posibles ataques del Estado Islámico. 

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Las prisas en la evacuación han aumentado por la presión que están ejerciendo los veteranos de guerra de los distintos países que participaron en la contienda. Especialmente al ver cómo los talibanes rompían sus promesas de amnistía hacia sus antiguos colaboradores del ejército afgano, armado por Occidente. Este lunes 46 organizaciones estadounidenses de veteranos enviaron una carta a la Casa Blanca para que cumpla “con los compromisos adquiridos con nuestros aliados afganos”. De otro modo, argumentan, “se resentirá la reputación de EEUU en el extranjero y se socavará la confianza en nuestras fuerzas armadas”.

Desde que los talibanes tomaran el poder en Kabul, Washington ha sacado del país a 37.000 personas y el ritmo de las evacuaciones ha mejorado. Cerca de 11.000 lograron salir en solo día el pasado fin de semana. “Esperamos no tener que extender la fecha de retirada, pero habrá discusiones al respecto en función de cómo vayan las cosas”, reconoció Biden el domingo. Y, entre tanto, parecen estar apagándose los primeros conatos de resistencia hacia el régimen talibán. Los fundamentalistas afirmaron el lunes que han retomado el control de las tres provincias sureñas donde se había organizado una incipiente revuelta.