Crisis sanitaria global

Las pruebas masivas de covid no salvan a Lisboa

  • La capital portuguesa no avanzará a la siguiente fase de la desescalada, prevista para el próximo lunes, pese a la campaña de testeos desplegada en las zonas de ocio y en el transporte público

Test gratuito de covid en la plaza Intendente de Lisboa (Portugal).

Test gratuito de covid en la plaza Intendente de Lisboa (Portugal). / LUCAS FONT

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En el rostro de Patricia Campos se intuye un gesto de preocupación que ni siquiera la mascarilla es capaz de disimular. Hace poco más de una hora que la furgoneta de la Cruz Roja portuguesa se ha instalado en la plaza de Intendente, en el centro de Lisboa, pero de momento pocas personas se han acercado para hacerse la prueba de covid. "La afluencia varía mucho, hay días en los que conseguimos atraer a mucha más gente y hacer más tests", asegura Campos, trabajadora de la organización. Apenas cuatro personas esperan su turno para enfrentarse al temido palillo, a la espera de que las dos trabajadoras de Protección Civil desplegadas por la plaza consigan captar a nuevos candidatos.

Test gratuito de covid en la plaza Intendente de Lisboa (Portugal).

/ LUCAS FONT

Campos forma parte de los equipos de testeo que el Gobierno, el Ayuntamiento y la Cruz Roja habilitaron a finales de mayo para tratar de romper una cadena de transmisión que ha elevado la incidencia en Lisboa hasta los 180 casos por cada 100.000 habitantes, 60 más que el límite de riesgo fijado por las autoridades sanitarias y más del doble que la media del país. "Nos instalamos en los puntos donde hay más movimiento de personas: en las plazas, estaciones de metro o zonas de bares y restaurantes", explica Campos. Los equipos de testeo han realizado cerca de 25.000 pruebas rápidas en la región de Lisboa en poco más de 10 días.

 

Contagios entre los jóvenes

Luis Santos, uno de los voluntarios, atiende a los recién llegados detrás de un pequeño mostrador instalado en plena calle. Va ataviado con un equipo de protección individual al que no le falta ni un solo complemento: bata azul, mascarilla, gorro, guantes y una pantalla protectora para evitar cualquier exposición al virus. “Aquí tomamos los datos a las personas que quieren hacerse el test y a los 15 minutos les llega el resultado al correo electrónico”, explica Santos mientras apunta el nombre de Francisco Silva, un veinteañero sonriente al que la unidad móvil de la Cruz Roja le ha cogido por sorpresa. “Es cierto que los contagios están subiendo en Lisboa, pero yo creo que no será grave. La vacunación está avanzando bien y el año pasado hubo pocos positivos en verano”, afirma Silva antes de subirse a la furgoneta.

Más del 40% de la población en Portugal ha recibido al menos una dosis de la vacuna y el Gobierno ya ha iniciado la inoculación de las personas de entre 40 y 49 años, aunque en Lisboa el porcentaje de inmunizados es menor debido a la media de edad de la población, inferior a la de otras zonas del país. La principal preocupación de las autoridades sanitarias es el contagio en las franjas más jóvenes, entre las que ha habido una mayor relajación en las últimas semanas, y el objetivo del Ejecutivo es atraer a chavales como Silva a los puntos de testeo.

 

Freno en la desescalada

La ministra de Estado y de la Presidencia, Mariana Vieira da Silva, ha anunciado que la capital lusa -cuya región acumula el 60% de los nuevos positivos- no avanzará a la siguiente fase de la desescalada a partir del próximo lunes, lo cual supone mantener el cierre de la hostelería a las 22:30 horas y el teletrabajo obligatorio. “La situación en Lisboa es preocupante, estamos teniendo dificultades para reducir los contagios”, ha asegurado la ministra. Por su parte, el Ayuntamiento de la capital ha cancelado las fiestas populares, que se iban a celebrar este mes, para evitar aglomeraciones y el consumo de alcohol en la vía pública.

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En la plaza de Intendente, el esfuerzo de las trabajadoras de Protección Civil está dando sus frutos y la cola para hacerse el test gratuito es cada vez más larga a última hora de la tarde. Sin embargo, muchas de las personas que acuden son mayores de 50 años que ya han recibido al menos una dosis de la vacuna. Los menores de esa edad están a pocos metros de allí, sentados en las terrazas de los bares. “Es difícil convencer a las personas que están tomando una cerveza porque están con los amigos y les da pereza”, explica Raquel, una de las voluntarias, mientras guarda una silla en la furgoneta para añadir: “Mañana volveremos a intentarlo".

 

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