Crisis diplomática

¿Qué está pasando en Ceuta? Las claves de las relaciones entre España y Marruecos

Un militar del ejército español ayuda a una persona tumbada en la orilla en una jornada marcada por las devoluciones en caliente que están efectuando a los migrantes que han entrado en Ceuta.

Un militar del ejército español ayuda a una persona tumbada en la orilla en una jornada marcada por las devoluciones en caliente que están efectuando a los migrantes que han entrado en Ceuta. / ANTONIO SEMPERE/EFE

Se lee en minutos
Laura Puig
Laura Puig

Periodista

ver +

Las relaciones entre España y Marruecos en las últimas décadas han estado marcadas por la estabilidad, aunque con algunos altibajos principalmente a causa de la inmigración irregular, los derechos de pesca o las disputas territoriales. La acogida en un hospital de Logroño del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, el pasado mes de abril, ha abierto la última crisis diplomática entre ambos países, que ha desembocado este lunes en la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta. Según el Gobierno español, son ya más de 8.000, muchos de ellos llegados a pie o a nado desde territorio marroquí. El Frente Polisario, no obstante, ha pedido este martes desvincular ambos episodios porque, a su juicio, "no tienen nada que ver".

La hospitalización de Ghali en Logroño

El pasado 21 de abril, el líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, fue ingresado de urgencia en el hospital de Logroño con una identidad falsa -Mohamed Benbatouche- para ser tratado de covid-19, según reveló la revista 'Jeune Afrique'. Ghali, de 73 años, padece también un cáncer digestivo desde hace varios años y fue hospitalizado previamente en Tinduf (Argelia). En un primer momento, se intentó trasladar al líder saharaui a Alemania, pero el Gobierno de Angela Merkel se negó. La citada publicación señaló que finalmente, tras negociaciones al más alto nivel del Estado argelino, se optó por España bajo la garantía del Gobierno de Pedro Sánchez de que no sería investigado por la justicia. Fuentes diplomáticas españolas confirmaron el traslado un día después de su ingreso y alegaron "razones humanitarias".

El juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz investiga a Ghali por su supuesta implicación en delitos de detención ilegal, torturas y lesa humanidad en los campamentos de Tinduf contra ciudadanos saharauis que tienen la nacionalidad española. Tras certificar, mediante un informe de la Policía, que la persona hospitalizada en Logroño con una identidad falsa es Brahim Ghali, el juez Pedraz ha fijado su declaración para el próximo 1 de junio siempre que no empeore el estado de salud del líder saharaui.

Además, hay abierta otra investigación contra él en la Audiencia Nacional por una querella de la Asociación Saharaui para la Defensa de los Derechos Humanos (Asadeh) por genocidio en concurso con delitos de asesinato, lesiones, detención ilegal, terrorismo, torturas y desapariciones.

Enfado de Rabat por la acogida

Tras salir a la luz el traslado de Ghali a España, el 25 de abril, el Gobierno de Marruecos exigió explicaciones al Ejecutivo de Pedro Sánchez. Fuentes de Rabat citadas por el periódico digital 'le360.com', considerado cercano al Palacio Real, calificaron de "desleal" la actitud del Gobierno español y consideraron que la entrada de Ghali "a escondidas" enviaba el mensaje de que "las autoridades españolas no han considerado a Marruecos como un amigo y socio privilegiado". "¿Por qué ha optado por maniobrar, por no decir actuar a espaldas de Marruecos?", se preguntaron las mismas fuentes.

Desde Madrid, la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, hizo hincapié en que España es "un país responsable con sus obligaciones humanitarias" y que la acogida de Ghali respondía a una cuestión "estrictamente médica". "Quiero dejar claro que para nada esta cuestión ni impide ni perturba las excelentes relaciones que España tiene con Marruecos, que es no sólo un vecino y un amigo, sino un socio privilegiado en lo económico, en lo político, en lo migratorio, en lo empresarial y en la lucha contra el cambio climático. Y eso no cambia", remarcó.

Este mensaje de González Laya no sirvió para calmar los ánimos de Marruecos. Dos semanas más tarde, el Ministerio de Exteriores del país alauí publicó un comunicado en el que desdeñaba las razones humanitarias y advertía a España de las "consecuencias" que tendría la acogida del líder del Frente Polisario. Se trata, destacaba el comunicado, de "un acto premeditado, una elección voluntaria y una decisión soberana de España, de la Marruecos toma nota".

"Las consideraciones humanitarias no pueden ser una panacea que se conceda selectivamente" a Ghali, "en un momento en el que miles de personas viven en condiciones inhumanas en los campamentos de Tinduf" ni "pueden explicar la inacción de la justicia española, cuando se toma debidamente en consideración las denuncias documentadas", sostenía Rabat. "Las consideraciones humanitarias no explican, tampoco, que se sea cómplice de robo de identidad y falsificación de pasaportes, con la intención de eludir voluntariamente la ley", denunciaba el Ministerio de Exteriores marroquí, en referencia al hecho de que Ghali entró en España supuestamente con identidad argelina falsa.

Reunión de alto nivel aplazada sine die

El nuevo pulso diplomático entre los dos países tiene lugar cuando aún está pendiente fijarse la fecha para la Reunión de Alto Nivel. La cita estaba prevista para el pasado mes de diciembre pero fue aplazada por la pandemia. En un primer momento, se apuntó a su posible celebración en febrero o marzo, pero a día de hoy sigue sin haber fecha prevista.

Desde el Ejecutivo español se ha insistido repetidamente en que la relación y los contactos son fluidos, con conversaciones en las últimas semanas de ministros con sus pares marroquís, y que la cumbre se celebrará cuando las circunstancias sanitarias lo permitan.

Según el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación firmado por España y Marruecos en julio de 1991, deben celebrarse una reunión de alto nivel al año, sin embargo no siempre ha sido así. "Posponer las reuniones de alto nivel puede ser visto como una forma de expresar descontento por las expectativas incumplidas o, según otra interpretación, porque la relación marcha bien, por lo que no se requiere que los jefes de gobierno se reúnan con tanta frecuencia. Esta táctica actúa como una especie de termómetro que permite medir la calidez de las relaciones bilaterales y el nivel de expectativas que cada uno de los países pone en las mismas", sostiene el Instituto Elcano en el informe 'Relaciones España-Marruecos', coordinado por el analista y experto en el Mediterráneo y el mundo árabe Haizam Amirah Fernández.

Noticias relacionadas

Una relación con altibajos

España y Marruecos han sufrido crisis cíclicas. Según explica el informe del Instituto Elcano, las "disputas territoriales" han marcado profundamente sus relaciones. Entre estas destaca la reclamación de Rabat de "la soberanía de todas las posesiones españoles en el norte de África; Ceuta, Melilla y un conjunto de rocas y promontorios situados frente a la costa marroquí". En estas disputas se enmarca el incidente de la isla de Perejil, que tuvo lugar entre el 11 y el 20 de julio de 2002 cuando unos infantes de Marina marroquís ocuparon el islote. El entonces ministro de Defensa español, Federico Trillo, mandó a tropas españolas para expulsar a las marroquís de Perejil.

Otro punto de fricción es la demarcación de las aguas territoriales, que afecta principalmente a la pesca. Entre julio de 2018 y julio de 2019, la flota pesquera española con licencia para faenar en el caladero marroquí permaneció parada mientras se negociaba el nuevo acuerdo entre Marruecos y la Unión Europea, que estará vigente hasta 2023. Uno de los obstáculos de la negociación fue el Sáhara Occidental. El Tribunal Superior de Justicia de la UE falló que sus aguas debían quedar fuera del pacto por ser un territorio pendiente de descolonización, pero finalmente se acordó incluir aguas adyacentes al Sáhara, en las que se realizan el 90% de las capturas.

El citado informe del Instituto Elcano también apunta como cuestiones que minan las relaciones bilaterales la inmigración, el Sáhara Occidental, la amenaza terrorista y el tráfico de drogas.

En el control de los flujos migratorios, añade el informe, es Marruecos quien cuenta con "mayor capacidad de influencia", en función de "cómo aplique los acuerdos de readmisión y cómo vigile los accesos a las vallas y la salida de pateras". Entre los dos países está vigente el acuerdo firmado en 1992 sobre circulación de personas, tránsito y readmisión de extranjeros entrados ilegalmente. En febrero de 2019, el Gobierno de Pedro Sánchez firmó con el de Rabat un convenio sobre cooperación en materia de seguridad y de lucha contra la delincuencia, entre cuyos objetivos está la "lucha contra la trata de personas y la inmigración irregular".

"Marruecos tiene una larga tradición de aprovechar la migración irregular para coaccionar a España cuando las relaciones bilaterales no funcionan a su favor", señala, por su parte, José Ignacio Torreblanca, del 'think tank' Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

La patata caliente del Sáhara Occidental

Tras siglos de dominación, España se retiró del Sáhara Occidental en 1975. Un año antes, Madrid había anunciado sus planes de conceder mayor autonomía a los saharauis y propuso organizar un referéndum de independencia. Pero la anexión del territorio por parte de Marruecos trastocó las aspiraciones de soberanía de este territorio.

A partir de entonces comenzó una espiral de violencia entre el país alauí y el Frente Polisario, movimiento nacido en 1973 para reivindicar la independencia del Sáhara Occidental. Las disputas se alargaron hasta 1991, cuando la ONU negoció una tregua que preveía la celebración de una consulta para elegir entre la independencia o la integración en Marruecos. No obstante, 30 años después no hay avances en este sentido por la negativa de Rabat a aceptar una votación en estos términos. A lo máximo que está dispuesto es a hablar sobre una mayor autonomía.

El último choque entre Marruecos y el Polisario tuvo lugar el pasado mes de noviembre cuando fuerzas marroquís atacaron el paso fronterizo de Guerguerat. Un mes más tarde, Donald Trump, todavía al frente del Gobierno de EEUU, reconoció la soberanía marroquí en el Sáhara Occidental. Otros países, como Francia, apoyan conceder un estatus autonómico a la región dentro de la soberanía marroquí.

La posición española en este tema es la de avalar la solución del referéndum impulsada por la ONU.

Temas

Marruecos