26 oct 2020

Ir a contenido

INSTALACIÓN ESTRATÉGICA

El gasoducto Nord Stream 2, en vilo por el 'caso Navalni'

El envenenamiento del líder opositor ruso aviva las discrepancias en Alemania sobre el proyecto para distribuir gas ruso en la Unión Europea

La construcción lleva meses paralizada tras las amenazas de Trump de imponer sanciones a las empresas involucradas

Andreu Jerez / Marc Marginedas

Una señal indica el acceso a una instalación del gasoducto Nord Stream 2 en la localidad germana de Lubmin.

Una señal indica el acceso a una instalación del gasoducto Nord Stream 2 en la localidad germana de Lubmin. / HANNIBAL HANSCHKE (REUTERS)

No es un debate nuevo en Alemania ni tampoco en la Unión Europea (UE), pero el 'caso Navalni' ha avivado las discrepancias sobre el proyecto Nord Stream 2. Tras el envenenamiento del líder opositor ruso, confirmado por los análisis de un laboratorio militar alemán a petición de la clínica berlinesa Charité -en la que sigue ingresado Alekséi Navalni-, el Gobierno federal alemán ya no descarta la paralización del conducto de gas ruso que debería asegurar el abastecimiento energético de Alemania y de la UE. "Es erróneo descartarla", dijo hace unos días el portavoz de Angela Merkel, Steffen Seibert, en referencia directa a la posición de la cancillera.

Esto supone un cambio fundamental en la postura de Merkel, hasta ahora una férrea defensora del Nord Stream 2 pese a las críticas al gasoducto de 1.230 kilómetros de longitud a través del mar Báltico y del que sólo faltan 120 por terminar. Las obras llevan meses paralizadas tras las amenazas del presidente de Estados Unidos, Donal Trump, de imponer más sanciones a empresas involucradas en el proyecto. Washington asegura que la UE pasaría a depender del gas ruso. Los críticos de la decisión estadounidense ven, sin embargo, un intento de vender a Europa el propio gas extraído a través de la polémica técnica del fracking.

Debate interno

El debate en el seno de la UE sobre Nord Stream 2 -un proyecto europeo, pero cuyo principal promotor ha sido Berlín- amenaza con abrir fuertes grietas no sólo entre los partidos políticos alemanes, sino incluso dentro del Gobierno federal de Gran Coalición conformado por los democristianos de la CDU y los socialdemócratas del SPD.

Los primeros ministros de los cinco estados federados germanoorientales más el de Berlín -es decir, los territorios de la desaparecida República Democrática Alemana- firmaron recientemente un documento que defiende la culminación del proyecto. Los seis jefes de gobierno, de la CDU, el SPD y La Izquierda, advierten de que la cancelación de un proyecto prácticamente acabado supondría "importantes consecuencias" económicas y para el abastecimiento energético. Políticos y empresarios de la Alemania oriental se han opuesto, no en vano, durante los últimos años a las sanciones occidentales contra la Rusia de Vladímir Putin, que, junto a otros países del este europeo, sigue siendo un importante mercado para el sector privado germanooriental.

El Parlamento federal alemán también se ha convertido en escenario de las diferencias en torno al  Nord Stream 2, especialmente en la oposición. Mientras los ecoliberales de Los Verdes piden cancelar un proyecto que consideran un peligro para "la soberanía de la política exterior" y "para los objetivos climáticos europeos", La Izquierda -partido conformado por excomunistas y antiguos socialdemócratas- cree que su paralización sería un golpe a las decisiones soberanas de Alemania sobre su propio abastecimiento energético.

Tuberías para el gasoducto Nord Stream 2 almacenadas en el puerto de Mukran, en Sassnitz (Alemania) el pasado 10 de septiembre. / HANNIBAL HANSCHKE (REUTERS)

Como telón de fondo flota un elemento fundamental para el futuro de la economía germana: la contención de los precios del consumo energético para ciudadanos y empresas una vez que el abandono de la energía nuclear es decisión consumada del Gobierno federal tras la catástrofe de Fukushima.

Impacto económico

Para el Kremlin, la suspensión sine die del proyecto Nord Stream 2 constituiría un enorme varapalo económico en un momento de necesidad para las arcas federales de Rusia, y ante la eventualidad de que la infraestructura sea paralizada definitivamente, multiplica los gestos y las presiones para desvincularlo de la evolución del 'caso Navalni'. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, reiteró recientemente que se trataba de una infraestructura que beneficiará a ambos países. "Hay que dejar de mencionarlo (el proyecto) en medio de cualquier politización; es un tema comercial completamente en línea con los intereses de Rusia y de países de la Unión Europea, en particular Alemania", declaró el portavoz del Kremlin. Como medida adicional de presión, Gazprom envió a un buque desde San Petersburgo a Mukran, la base de suministros de la polémica tubería en Alemania.

Según la consultoría Artur D Little, el principal país beneficiario de la tubería es Rusia, con un impacto superior a los 6.000 millones de dólares en su economía, seguido por Alemania aunque con un impacto cercano a la mitad. Existe en Europa toda una corriente de pensamiento que cada vez más hace sentir su voz y que abomina de la idea de entregar tan jugoso monto de dinero a un país que en el fondo es un enemigo y apoya abiertamente movimientos eurófobos y de ultraderecha, e incluso se investiga si éstos reciben algún tipo de financiación.

Uno de los principales inconvenientes del proyecto radica en que deja en una posición muy controvertida a Ucrania, país que atraviesan las exportaciones de gas ruso a Europa, una importante fuente de ingresos para el país eslavo. Andriy Kobolev, presidente de Naftogaz, la empresa estatal del petróleo y el gas de Ucrania, ha declarado que si Nord Stream 2 es finalizado, su país perderá 3.000 millones de dólares, "una cantidad muy importante" para la economía ucraniana.

Además, la primera tubería concede al Gobierno de Kiev una de los pocos elementos de presión con que cuenta frente a sus disputas con su poderoso vecino del este, con el que mantiene importantes diferendos. El paso del gas por territorio ucraniano hacia los mercados en Europa Occidental y Central depende de la buena voluntad de Kiev, que siempre puede cortar el suministro. Si el Nord Stream 2 comienza a funcionar, esa palanca frente a Moscú desaparece.