31 oct 2020

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Convención Nacional Demócrata

Los demócratas nominan oficialmente a Biden en una jornada con sabor a pasado

Los sabios del partido ensalzan la experiencia, la empatía y la capacidad del candidato para devolver la unidad al país

Clinton presenta a Trump como un incompetente que se pasa el día viendo la televisión y lanzando insultos en las redes

Ricardo Mir de Francia

Los demócratas confirmaron a Joe Biden como candidato a la Presidencia de Estados Unidos, de cara a los comicios del próximo del 3 de noviembre, en una votación que transcurrió de manera telemática debido a la pandemia de coronavirus. / EFE VÍDEO

Su primera candidatura a la presidencia, nada menos que en 1988, duró solo cuatro meses, después de que se descubriera que había plagiado el discurso de un líder laborista británico. La segunda, en el 2008, acabó tras la primera votación en Iowa, ofuscada por el magnetismo de Barack Obama y Hillary Clinton. Y así hasta esta tercera, que ha colmado finalmente sus aspiraciones tras casi medio siglo de carrera política. Joe Biden fue formalmente nominado el martes como candidato demócrata a la Casa Blanca, un desenlace esperado que celebró en el colegio de Delaware donde su mujer fue profesora. "Esto significa un mundo para mí y mi familia", dijo emocionado el veterano exvicepresidente, católico y de origen irlandés como Kennedy.

Su coronación fue el momento cumbre de la segunda jornada de esta Convención virtual, que no ha conseguido hasta ahora alcanzar las audiencias televisivas registradas en el 2016. Una jornada donde se exhibió más el pasado del partido que su futuro. Por la pantalla desfilaron expresidentes como Jimmy Carter (95 años) y Bill Clinton (74), el exsecretario de Estado, John Kerry (76) o el actual jefe del partido en el Senado, Chuck Schumer (69). Una suerte de consejo de sabios que ha perdido relevancia en una formación que pide paso a una nueva generación de líderes, más diversa y asomada al futuro, como se vio en las pasadas primarias. Su protagonismo acabó relegando las voces de la jovencísima Alexandria Ocasio-Cortez, una de las heroínas de la izquierda, a la que solo se concedieron 60 segundos, o el discurso que se reserva para la estrella ascendente del partido.

El llamado 'keynote speech' es uno de los grandes momentos de las convenciones, el escaparate que lanzó la carrera de Obama en el 2004 o puso en órbita al latino Julián Castro en el 2012. Pero esta vez el partido optó por juntar en un mismo discurso a 17 de sus promesas, una cacofonía de voces a pantalla troceada que hizo que se perdiera el mensaje y el atractivo de los ponentes. La frialdad del formato está resultando un auténtico desafío, aunque también el martes hubo momentos cautivadores, como la presentación que hizo para nominar a Biden una ascensorista negra del edificio del 'New York Times', acostumbrada a ser ignorada cortésmente por sus pasajeros.

Empatía y proximidad

"Tras el poco tiempo que pasé con Biden, sentí que realmente me había visto, que yo le importaba, que mi vida significa algo para él", dijo Jackelyn Brittany antes de que se conectara con todos los estados y territorios del país para hacer el recuento de delegados que dio la consabida victoria al candidato sobre su rival de izquierdas Bernie Sanders. Esa empatía y proximidad a la gente común es una de las grandes virtudes de Biden, criado en un pueblo industrial de Pensilvania, un político que ha tenido además que sobreponerse a grandes tragedias familiares, como la muerte de su primera mujer y su hija en un accidente de tráfico, un relato recordado una y otra vez en la Convención.

"Joe tiene la experiencia, el carácter y la decencia para unirnos y devolver la grandeza a EE UU", dijo el expresidente Carter. Clinton prefirió contrastar su perfil con el de Donald Trump, al que presentó como un incompetente que se pasa el día viendo la televisión e insultando a la gente en Twitter, un 'bully' que nunca acepta su responsabilidad. "Nuestro partido ofrece una alternativa muy diferente: un presidente dedicado al trabajo, con los pies en la tierra y resolutivo. Un hombre con una misión: asumir las responsabilidades, en lugar de desviar las culpas". El padre de la 'tercera vía' no ha perdido su oratoria ni su carisma. Su presidencia sigue estando muy bien considerada, pero este ya no es su partido. Ha virado a la izquierda, una circunstancia que unida a la irrupción del #MeToo, le han convertido en persona non-grata para un sector de la formación.

La noche dedicó también espacio a defender los planes de Biden en materia de sanidad y a realzar su experiencia como estadista en política exterior, mientras varios exaltos cargos de la Defensa presentaban a Trump como una "amenaza para la seguridad nacional" por sus amistades peligrosas con toda clase de autócratas y dictadores. El broche a la jornada lo puso la esposa del candidato, Jill Biden, que habló de la fortaleza moral de su marido y sus valores familiares. "Sé que sí le dais a Joe la confianza de la nación, hará por vuestra familia lo que hizo por la nuestra. Nos devolverá la unidad y hará que nos sintamos completos", afirmó la señora Biden. El candidato la abrazó con calidez. "Es el amor de mi vida y la roca que sustenta nuestra familia", dijo mirando a la cámara.

Los 60 segundos de Ocasio-Cortez

La izquierda demócrata tuvo que conformarse el martes con una brevísima intervención de Alexandria Ocasio-Cortez, la congresista de 30 años que abandera a la nueva generación del partido que pide paso para conducir sus destinos. La neoyorkina se encargó de presentar la nominación de Bernie Sanders antes de que se procediera a hacer el recuento de delegados, el político socialista para el que hizo campaña en las pasadas primarias. “Este es un movimiento que entiende la insostenible brutalidad de una economía que recompensa las explosivas desigualdades de la riqueza de unos pocos a costa de la estabilidad de la mayoría”, dijo Ocasio-Cortez antes de resaltar la naturaleza “histórica” de la campaña de su mentor. Unas palabras que sirvieron para recordar al partido que su sector más progresista reclama espacio en el eventual Gobierno de Biden

Su discurso telegráfico de tan solo un minuto motivó acusaciones de deslealtad en las redes, lo que obligó a la congresista a explicar que se había limitado a cumplir con el papel protocolario que le asignó la Convención. Y para tratar de disipar las dudas sobre su posición en la recta final de la campaña extendió en Twitter sus “más profundas felicitaciones” a Biden. “Tenemos que ganar en noviembre”, escribió a modo de conclusión