07 ago 2020

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Crisis sanitaria internacional

Coronavirus en Estados Unidos: una pandemia fuera de control

El virus se extiende ahora con fuerza por el sur y el oeste y se baten marcas de contagios y hospitalizaciones

El presidente Trump sigue negando la gravedad de la crisis sanitaria y continúa sin una estrategia para contenerla

Idoya Noain

Trump, durante un mitin en Tulsa, hace unos días.

Trump, durante un mitin en Tulsa, hace unos días. / AP / Sue Ogrocki

Si uno escucha y cree al presidente de Estados Unidos pensaría que “la plaga” del coronavirus “se está yendo”. Los datos, sin embargo, desmienten una vez más, y con contundencia, a Donald Trump. La pandemia está más fuerte que nunca y fuera de control en EEUU.

El foco de nuevos brotes que durante meses hizo de Nueva York el epicentro se ha trasladado ahora a varios estados del sur y del oeste, incluyendo los más poblados de California, Florida y Tejas. Se propaga vertiginosamente y cada día es peor que el anterior en lo que respecta a contagios pero, también, a hospitalizaciones. Solo el miércoles se registraron más de 38.000 contagios, el número más alto desde que empezó la crisis. Y los casos confirmados en EEUU se acercan ya a los 2,4 millones y los fallecidos, a 122.000. Son el 25% de las muertes en todo el mundo en un país que representa el 4% de la población global.

Sistemas al límite

Quizá no haya mejor imagen para explicar la desconexión entre el presidente y la realidad, lo peligroso de su fantasía y las consecuencias de su negacionismo y su falta de liderazgo nacional que observar dónde pronunció el análisis el martes: el espacio cerrado de una megaiglesia de Phoenix (Arizona) abarrotado por unos 3.000 jóvenes, la mayoría de ellos, como Trump, sin mascarilla, un elemento de protección cuyo uso está lastrado en el país por su reconversión en símbolo político.

Paradójicamente el templo se llama Dream City, pero la urbe y el estado sureño son ahora uno de los escenarios de pesadilla pandémica estadounidense que quita el sueño a los expertos y que está forzando a muchas autoridades a pisar el freno en las reaperturas y moderar una desescalada que, a todas luces, llegó precipitadamente.

En al menos 26 estados las cifras suben y al menos siete han batido sus récords de hospitalizaciones, un problema que está poniendo al límite a muchos sistemas médicos, justamente el reto que impulsó inicialmente las medidas de confinamiento de autoridades locales. Y jóvenes como los que aplaudían a Trump son, precisamente, uno de los grupos en los que están registrándose más contagios, un motivo de alarma. Pueden enfermar menos o con menor gravedad, como ha señalado en ‘The Washington Post’ la epidemióloga Jennifer Nuzzo del centro Johns Hopkins, pero “lo están extendiendo” y puede ser solo cuestión de tiempo que “alcance a gente más mayor y vulnerable, que es más probable que muera”.

“Ralentizar las pruebas”

Fue también en la megaiglesia de Phoenix (cuyos líderes aseguraron sin credibilidad haber instalado un sistema de renovación de aire que eliminaba el virus) donde Trump reiteró la falsedad de que el aumento de casos se debe al incremento en los tests y aseguró que la estrategia de contención era “ralentizar las pruebas”. Y aunque su entorno se apresuró a tratar de justificar que era un comentario jocoso, el propio Trump insistió un día después. “No bromeo”, dijo. Y este jueves reincidía en su cuenta de Twitter, hablando del "virus chino" y de "noticias falsas": “Los casos suben por nuestras grandes pruebas", ha escrito.

 También en este caso la realidad le lleva la contraria: sí ha subido el número de contagios detectados en EEUU, donde se han llegado a hacer cerca de medio millón de tests diarios, pero también en muchos casos aumenta el porcentaje de pruebas que dan resultados positivos.

La Administración, en cualquier caso, sigue empeñada en poner el foco en “señales alentadoras”, según la expresión que usó el miércoles el vicepresidente, Mike Pence, en una reunión a puerta cerrada con senadores republicanos. Para Trump, y para Pence, una de esas señales es que el número de fallecidos no ha subido tan dramáticamente como el de casos y hospitalizaciones, pero también ahí los expertos avisan de lo equivocado de confiarse. “Las muertes siempre se demoran considerablemente por detrás de los casos”, advertía en su comparecencia en el Congreso esta semana el doctor Anthony Fauci.

Cacofonia

La disonancia entre la Casa Blanca y la realidad está creando también cacofonías dentro del Partido Republicano. Varios congresistas conservadores de Tejas han pedido a la Administración que no siga adelante con su plan de retirar financiación federal a siete lugares de pruebas en su estado, parte de los 13 en el país a los que va a dejar sin fondos. Hay preocupación por el impacto que la pandemia y la mala gestión de la crisis pueda tener no ya solo en la campaña de reelección de Trump sino también en los resultados de los conservadores en las elecciones de noviembre. Y no son solo gobernadores demócratas de los estados más afectados los que están pisando el freno en la relajación de medidas de confinamiento.

En Tejas, por ejemplo, donde el miércoles se batió el récord de contagios, el gobernador Greg Abbott impuso restricciones a reuniones al aire libre de más de 100 personas y dio finalmente luz verde a los municipios para que puedan imponer el uso de mascarillas en los negocios. Este jueves fue más allá y anuncio que pone en pausa las siguientes fases previstas de reapertura.