29 oct 2020

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Crisis sanitaria internacional

Italia abre hoy sus fronteras a los países de la UE

El Gobierno autoriza también la libre circulación entre regiones del país y el tráfico aéreo y ferroviario reinicia su actividad de forma moderada

Rossend Domènech

Pasajeros llegan a la terminal 3 del aeropuerto de Fuimicino de Roma.

Pasajeros llegan a la terminal 3 del aeropuerto de Fuimicino de Roma. / EFE / EPA

Italia ha abierto hoy sus fronteras a los países de la Unión Europea y también permite la libre circulación entre regiones del país. Un paso más hacia cierta normalidad, pero con terribles secuelas. Alrededor de 33.000 muertos y  235.000  contagiados del covid-19 desde el inicio de la pandemia. Ha esta cifras hay que añadir 400.000 personas al paro (6%) y 1,2 millones con riesgo de perder su trabajo.

Las autoridades habían previsto la llegada de hoy de100.000 personas a Roma  tras 86 días de medidas de desescala. A partir de ahora, el Gobierno permite viajar por toda Italia, y donde haya aviones, trenes, barcos y acuerdos bilaterales, a todo el mundo. Sin necesidad de someterse a cuarentenas ni necesidad de certificado alguno en los países de espacio del espacio Shengen, a excepción de Grecia que controlará a los italianos de cuatro autonomías del norte, las más afectadas por el virus. 

En las estaciones y aeropuertos se toma la temperatura a los viajeros y las cascarillas son obligatorias en todos los interiores, además de mantener las distancias de seguridad. Solo las discotecas deberán esperar hasta julio y los conciertos multitudinarios a septiembre. Los roqueros, metálicos y melódicos están que trinan. Los teatros y cines abren con aforos de hasta 200 personas, pero con separaciones. A los restaurantes, gimnasios y peluqueros se acude con reserva y, si el propietario lo pide, se deja nombre y teléfono durante 14 días, en previsión de un posible contagio y las cuarentenas correspondientes.

Tres meses de cierre

La 'nueva normalidad' comporta cambios que permanecerán, algunos durante meses y otros tal vez para siempre. En el triángulo de la moda de Piazza di Spagna, una de cada tres tiendas se alquila, traspasa o vende y uno se pregunta de qué vivían antes si no han resistido siquiera tres meses de cierre. Se mantiene por turnos las entradas en los súpers, farmacias, correos, estancos, agencias de viaje y en general en las tiendas que no aseguren el metro de distancia. Los ritmos se han vuelto más lentos. Por doquier, geles en la entrada y guantes en los casos en que haya que tocar alimentos. Multas de 25 euros para quienes los abandonen por la calle.

Han abierto 23 aeropuertos (100 vuelos) y 80 trenes Ave han vuelto a unir la península. Un asiento sí y otro no. En los trenes, una sola entrada y caminos obligados para moverse en su interior. Igual en las estaciones, que se han vuelto de direcciones únicas, con cruces señalados por si a lo largo de los andenes hay que cambiar de dirección. Se ha inaugurado un vuelo Roma-Nueva York y ha empezado la conexión de Italia con Barcelona. Para viajar a las localidades turísticas hay que rellenar un impreso con el historial sanitario reciente. En Sicilia hay que registrarse y en Cerdeña rellenar un cuestionario epidemiológico y si uno acepta un análisis serológico le dan un bono para gastar en la isla. En Milán todavía hay que llevar mascarilla por la calle y desde las nueve de la noche no se sirven bebidas alcohólicas.

Del 'abbracciami ancor' (abrázame aún), de Gianna Giannini, o el 'di baci saziami' (de besos sacíame), el tango Creola en el film de Dino Risi, hay que olvidarse, si uno no es familiar o no convive. Sucede en los restaurantes, donde ya en la puerta preguntan “¿convivientes?”...y de ser así se pasa a mesas sin protección, de lo contrario hay que dejar dos mesas de por medio entre dos o más personas. Besos y abrazos tampoco en la calle o en las terrazas. Lo llaman “distanciamiento social”, aunque parecería más lógico físico. O tal vez tenga un significado recóndito, más allá de los cantos públicos a la solidaridad vivida en estos meses. Los “héroes” de la sanidad, los únicos que se han quedado sin gratificaciones económicas por sus innumerables horas extras, aunque el “trauma” viral está dejando un replanteamiento de la sanidad territorial, con enfermeras y equipos de urgencia a disposición del médico de cabecera.

Fondo perdido

Además de la sanidad, es la economía la que sufre más secuelas, lo que hace prever un otoño caliente. Sobre un total nacional de 23,3 millones de empleados, 2,2 millones reciben un “cheque de solidaridad” (600-800 euros), 3,9 millones sufren algún tipo de paro y reciben un porcentaje del sueldo que cobraban. Unos 4,4 millones de autónomos reciben un bono de 600 euros mensuales, aumentados a 800 en abril y prorrogables, mientras que 480.000 profesionales libres reciben un “sueldo” de 480 euros a fondo perdido.

Pasada la exuberancia de años pasados, Silvio Berlusconi habla de una “posguerra” y el presidente de la República, Sergio Mattarella, se ha dirigido este miércoles a la nación con una llamada a la “concordia nacional”. Mientras, en todo el país hay centenares de sumarios abiertos por estafas, corrupciones y homicidios. En nombre del coronavirus.