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Nómadas y viajantes

Trump juega al póker. Irán, al ajedrez

El asesinato del general iraní Qasim Soleimani es un duro golpe para el ala más conservadora del régimen de Teherán , pero no un jaque mate

La acción es parte de una campaña de distracción de Trump ante el posible efecto negativo que puede tener el 'impeachment' en el electorado de EEUU

Ramón Lobo

Memorial en recuerdo de general Qasim Soleimani en el consulado iraní de Estambul.

Memorial en recuerdo de general Qasim Soleimani en el consulado iraní de Estambul. / AP / LEFTERIS PITARAKIS

Qasim Soleimani era el número dos de facto del régimen iraní, mano derecha del guía supremo, el ayatolá Alí Jameini. Su poder se basaba en sus conexiones, popularidad y prestigio. Su muerte es un duro golpe para el ala más conservadora del régimen, pero no un jaque mate. Hay una docena de comandantes como él, capaces y experimentados, entre ellos su sustituto Ismael Qani. EEUU no ha matado solo un general, la figura militar más decisiva en la región de los últimos 20 años, ha lanzado el mensaje de guerra. Se trata del mayor órdago desde que Donald Trump ocupa la Casa Blanca. El presidente está influido por los intereses de sus industrias militar y petrolera, además de Arabia Saudí e Israel, los mismos que alentaron la invasión de Irak en el 2003. De momento, solo sabemos que Teherán no quiere esa guerra.

Dexter Filkins, periodista del 'The New Yorker', definió a Soleimani como un tipo de escasa altura, pocas palabras y enorme carisma, capaz de aunar una gran mente militar y política. Era el jefe desde los años 90 de la unidad de élite de la Guardia Revolucionaria encargada de los trabajos sucios y de trenzar una red de alianzas regional de grupos afines.

Se le considera la mente detrás de la victoria del Ejército de Bashar el Asad en Siria, aliado de Teherán, una fuerza entrenada en reprimir, no en luchar. Fue uno de los cerebros en la derrota del Estado Islámico. Sus enemigos le acusan de la política de tierra quemada con las milicias yihadistas sunís en Alepo y Qusair. Una de sus frases más célebres, citada por Filkins, dice: “A diferencia de EEUU, Irán no abandona a sus amigos”.

Brindis al sol

¿Cuál es el plan de Washington? El mismo tras derrocar a Sadam Husein en el 2003: ninguno. Es posible que el ataque contra Soleimani fuera un golpe de oportunidad, no algo planificado al detalle desde hace meses y sopesado con calma. Es un brindis al sol porque EEUU perdió hace años el control de Irak y de su gente. Pasó de libertador a ocupante en tres meses.

Es probable que no se hayan medido las consecuencias. Ni siquiera habían pedido a los estadounidenses que trabajan en Irak que dejaran el país ni reforzado la seguridad de su embajada o de sus 5.000 soldados acantonados en el país, más allá de tener preparados 700 en Kuwait. Es posible que tampoco tengan previsto el enfado de Rusia y Turquía, aliados de Irán. El plan es improvisar según soplen los problemas domésticos. Una de las secuelas será la retirada de las tropas en Irak y Siria. Sería el triunfo póstumo de Soleimani.

La excusa oficial es que el general iraní preparaba ataques contra intereses de EEUU. Le acusan de orquestar el intento de asalto a la embajada estadounidense en Bagdad, en protesta por el bombardeo contra cinco bases de la milicia iraquí Kataib Hezbolá. Aunque no hubo ocupación, las imágenes recordaron el asalto a la embajada de EEUU en Teherán en 1979. Por eso Trump ha querido jugar fuerte, marcar diferencias con sus antecesores.

Repetición electoral

La acción es parte de su campaña masiva de distracción. Desea alejar el foco del 'impeachment'. No por miedo a una destitución en el Senado, sino porque pueda dañarle en los Estados clave en los que se va a jugar la presidencia en noviembre de este año.

El primer ministro en funciones de Israel, Binyamin Netanyahu, defensor de un ataque a Irán, también está en campaña para conseguir la inmunidad parlamentaria que le evite el juicio por delitos de corrupción, y para ganar en la tercera repetición electoral. El principie heredero saudí, Mohamed Bin Salman, también se halla en campaña (de imagen) para desviar la atención sobre su responsabilidad en el asesinato del disidente Jamal Khashoggi.

¿Qué opciones tiene Irán? Si quiere guerra, muchas. Si pretende evitarla habrá más palabras y gritos de 'Muerte a América' que acciones. La venganza siempre se sirve fría. Teherán juega al ajedrez donde otros se mueven con maneras de póker. La respuesta será acelerar con poca publicidad su plan nuclear. Si quiere protegerse de un ataque de EEUU, el único medio es lograr la bomba atómica. Como Corea del Norte.

Odio a América

Soleimani salió de las bambalinas en las que se movía para evitar la derrota de Asad en Siria, una pieza clave para Irán, como lo es Hezbolá en Líbano. Su notoriedad, alentada desde el régimen necesitado de héroes, y la muerte en Siria de sus comandantes más cercanos -Hassan Shateri y Hossein Hamedani; el primero en un ataque con sello israelí; el segundo en Alepo- anticipaba su final. Jamenei le llamó un vez “mártir viviente de la Revolución”.

En marzo se cumplirán 17 años de la invasión de Irak. Los objetivos declarados eran derrocar a Sadam Husein y propagar la democracia por la región. Había otro menos publicitado, el control del petróleo. Y en esas seguimos, esta vez el petróleo y el gas iraní. En este tiempo han muerto más de un millón de personas en Irak y Siria, y varios millones tuvieron que huir de su país. El odio a América es palpable en la calle árabe. Es la amenaza con la que se enfrenta EEUU. La ley del más fuerte tiene un punto débil: hay que serlo siempre.