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CRISIS POLÍTICA EN EEUU

El turbio trabajo de Barr y Giuliani para Trump les pone bajo los focos del 'impeachment'

Pelosi denuncia que el fiscal general, leal escudero del presidente, está ¿fuera de control¿

El abogado personal del mandatario es actor clave en las presiones a Kiev para dañar a Biden

Idoya Noain

El fiscal general de EEUU, William Barr.

El fiscal general de EEUU, William Barr. / AFP / Mandel Ngan

La lealtad total es el principal requisito que exige Donald Trump a sus colaboradores políticos, empresariales y personales. Solo quienes se la ofrecen sin fisuras sobreviven en la más inestable Casa Blanca que se recuerda. Esa fidelidad extrema, no obstante, tiene consecuencias, especialmente cuando se colabora con un mandatario que está ya oficialmente bajo las pesquisas del Congreso para determinar si puede ser sometido a un juicio político de destitución por sus presiones a Ucrania para obtener material para dañar a un rival político, Joe Biden. Y el escrutinio de los comités que investigan para ese ‘impeachment’ se intensifica sobre dos de los más leales y polémicos escuderos de Trump por sus cuestionables actuaciones en este caso, tanto en el origen como en los posibles intentos de ocultación: el fiscal general, William Barr, y su abogado personal, el exalcalde neoyorquino Rudolph Giuliani, que van a ser llamados a testificar.

En la queja de abuso de poder contra Trump, origen de todo el escándalo, el denunciante anónimo de la comunidad de inteligencia aseguró que Giuliani “es una figura central” y afirmó que Barr “parece estar también involucrado”. Y en el memorando con la transcripción de la controvertida conversación que Trump mantuvo el 25 de julio con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, incluso habiendo sido editado por la Casa Blanca, Barr y Giuliani aparecen nombrados hasta en nueve ocasiones, siempre con Trump solicitando a Kiev que colaborara con ellos tanto en la investigación del hijo de Biden como en la de las supuestas acciones de los demócratas que cree vinculadas al inicio de la investigación del Rusiagate.

Barr, fuera de las normas

Desde el Departamento de Justicia la versión oficial es que Trump nunca llegó a hablar ni a pedir nada sobre Ucrania directamente a Barr, aunque lo mencionara en la llamada, pero aun así el fiscal general sigue en entredicho. Por una parte, fue una determinación de su departamento legal la que trató de impedir que la queja llegara al Congreso. Por otra, el departamento criminal determinó que la queja no merecía una investigación. Por último, Justicia determinó que Trump no había vulnerado las leyes de financiación electoral que prohíben aceptar del extranjero dinero u otras cosas de valor, como podría ser información de un rival de campaña.

Este viernes, Nancy Pelosi, la demócrata más poderosa del país como presidenta de la Cámara Baja, ha acusado directamente a Barr de actuar fuera de las normas y ha definido retóricamente como “curioso” que, “dado que está mencionado en todo esto, esté tomando decisiones sobre cómo había que manejar la queja del informante”. Otros, como el congresista Jamie Raskin, que fue profesor de derecho constitucional y se sienta en el Comité Judicial, han ido más lejos y le acusan de “prostituir al Departamento de Justicia por la agenda política del presidente”.

Pelosi también apuntaba a que no es la primera vez que Barr parece moverse más por los intereses de Trump que los del Departamento y el país. Y lo cierto es que ha dado repetidas muestras de entender el modus operandi necesario para sobrevivir en el cargo desde que sustituyó a Jeff Sessions, a quien Trump nunca perdonó que se inhibiera en la investigación sobre el Rusiagate, Barr fue, por ejemplo, quien cuando el fiscal especial Robert Mueller acabó su informe ofreció una sinopsis que, aunque era engañosa, logró desactivar el impacto del informe, que no se hizo público hasta meses después y era mucho menos favorable al presidente de lo que apuntaba su resumen.

Los múltiples conflictos de Giuliani

Si el papel de Barr en esta crisis pone en evidencia una grave crisis institucional, el de Giuliani ratifica las radicales alteraciones a la presidencia que han llegado con Trump. El antiguo alcalde de Nueva York y exfiscal no cobra sueldo ni tiene un cargo oficial, pero primero como “asesor de ciberseguridad” y desde el 2018 como abogado personal hace un trabajo para Trump en el que se enmaraña lo público y lo privado, creando auténticos quebraderos de cabeza en otras partes de la Administración. “Lo único que sé de lo que hace Giuliani es por los medios. No sé lo que hace para el presidente”, reconocía este jueves ante el Congreso Joseph Maguire, Director Nacional de Inteligencia.

Rudy Giuliani / TIMOTHY A. CLARY (AFP)

En el caso de Ucrania, donde tiene desde hace años sus propios intereses empresariales, Giuliani intensificó hace meses su investigación del hijo de Biden, Hunter. Ha colaborado con el antiguo fiscal general ucranio Yuriy Lutsenko y, aunque niega haber ejercido presiones, hizo campaña contra la embajadora en el país, Marie Yovanivitch, a la que vinculó a supuestas acciones demócratas para dañar la campaña de Trump con información sobre Paul Manafort, ahora encarcelado, y que acabó siendo retirada del puesto en mayo.

En julio, Giuliani estaba manteniendo contactos con Andrey Yermak, un cercano aliado al presidente ucranio, con el que se reunió en Madrid a principios de agosto, pocos días después de la llamada. Él asegura que todo estaba autorizado y organizado por el Departamento de Estado, pero la queja del informante anónimo y numerosas informaciones de prensa reflejan la incomodidad creciente ante su papel y las dificultades para realizar el trabajo diplomático cuando él parece estar llevando una agenda paralela oculta. El cuerpo diplomático ha dicho que Giuliani “es un ciudadano privado” y que “no habla en nombre del Gobierno”. Esa condición, además, podría hacerle vulnerable pues la ley Logan prohíbe a ciudadanos privados negociar en nombre de EEUU con gobiernos extranjeros.