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INJERENCIA RUSA Y OBSTRUCCIÓN

Mueller insiste ante el Congreso en que no exoneró a Trump

El fiscal de la trama rusa defiende que la investigación "no ha sido una caza de brujas"

La extrema polarización política marca el esperado y tenso testimonio

Idoya Noain

Su extenso currículum incluye 12 años dirigiendo el FBI, cargo para el que le nombró el expresidente George W. Bush.

Su extenso currículum incluye 12 años dirigiendo el FBI, cargo para el que le nombró el expresidente George W. Bush. / Reuters

A la tercera, probablemente, tampoco irá la vencida. En una polarizada y politizada, tensa e intensa comparecencia ante el Congreso de Estados Unidos,  Robert Mueller ha reiterado este miércoles que tras concluir dos años de investigación sobre el ‘Rusiagate’ y sobre las potenciales acciones de obstrucción a la justicia de Donald Trump no ha exonerado al mandatario. "El presidente no fue exculpado de los actos que supuestamente cometió", ha declarado el que durante más de dos años ha sido fiscal especial, que también ha recordado que el presidente puede ser imputado una vez que abandone el cargo.

El mensaje no es nuevo. Ya estaba en el mastodóntico informe de 448 páginas, finalizado por Mueller y su equipo en abril, que fue tergiversado por Trump como "exculpación total" gracias a la síntesis favorable al presidente que hizo el fiscal general, William Barr, un resumen que fue el único material disponible hasta que todo el documento (salvo un 12% clasificado) se hizo público semanas después.

El mensaje también lo había lanzado Mueller en mayo, cuando por primera vez habló en público sobre sus pesquisas y sus conclusiones, recordando que su oficina ni siquiera hizo una determinación legal sobre una potencial imputación del presidente porque "no era una opción" en parte por las limitaciones que imponen directrices del Departamento de Justicia respecto a un presidente en activo.

Aun siendo un mensaje conocido, cobraba este miércoles especial relevancia por el escenario donde se ha pronunciado, el Congreso, al que tanto el informe como el propio Mueller reconocen la autoridad para dar otros pasos. Y esos incluyen iniciar un proceso de impeachment' (destitución), aunque Mueller ha eludido repetidamente pronunciar la palabra.

Ejercicio inútil de contención

Ha sido solo uno de los ejercicios de contención de Mueller, un veterano curtido en las turbulentas aguas de Washington tras más de una década trabajando en el Departamento de Justicia y 12 años como director del FBI que intentó evitar la comparecencia consciente de que todas sus palabras y gestos se iban a usar e interpretar según intereses partidistas. Y ha sido un esfuerzo tan evidente como inútil.

Demócratas y republicanos han intentado explotar a su conveniencia la comparecencia en sus turnos de preguntas, que a menudo han aprovechado más para hacer declaraciones que para obtener respuestas, que Mueller ya había advertido que serían limitadas y se han ceñido como prometió casi exclusivamente a lo escrito en el informe.

Los demócratas han intentado subrayar las más graves implicaciones de las conclusiones de la investigación, las sombras que no dejan de planear sobre la actuación personal de Trump y de su equipo y la gravedad de la probada operación de interferencia rusa. Los republicanos, por su parte, han vuelto a cuestionar la imparcialidad de los investigadores, a tratar de sembrar la sombra de la duda de que el origen de las pesquisas no fue la injerencia del Kremlin sino supuestos intereses partidistas y contra Trump e incluso a cuestionar las credenciales del propio Mueller.

Este por primera vez en público ha sido tajante en negar la acusación más habitual de Trump y los conservadores y ante el Comité de Inteligencia ha declarado: "No es una caza de brujas".

De poco o nada sirve su contundencia. Conforme se estaba produciendo su testimonio, que ha empezado con apariencia y gestos nerviosos y expresiones dubitativas pero ha ido ganando algo en firmeza, las líneas divisorias de los polarizados Estados Unidos se reconfirmaban en declaraciones políticas, cobertura mediática, expresiones de opiniones en redes sociales...  Mientras los medios progresistas tendían a subrayar los aspectos más dañinos de la declaración para el presidente, los conservadores se centraban en los titubeos, la petición constante de repetición de preguntas o las reacciones más defensivas de Mueller. El propio Trump aportaba su granito de arena con una ristra de tuits y retuits, incluyendo uno de Fox News que hablaba de la comparecencia como "un desastre para los demócratas y desastre para la reputación de Robert Mueller".

Lo que parece dudoso es que el ejercicio político en el Congreso y la esperada comparecencia vaya a producir cambios drásticos en la opinión ya formada de los estadounidenses, incluso de los que siguieran todo el maratón.