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tensión en oriente próximo

Trump sanciona al banco central iraní y sopesa opciones militares

Sus asesores de seguridad le presentarán el viernes un menú de escenarios para castigar a Irán por el ataque contra las petroquímicas saudís

Ricardo Mir de Francia

El presidente de EEUU, Donald Trump.

El presidente de EEUU, Donald Trump. / AP / EVAN VUCCI

Donald Trump ha impuesto una nueva ronda de sanciones contra Irán, esta vez contra su banco central, una medida que pretende castigar a Teherán por los ataques contra las instalaciones petroleras saudís de la semana pasada. “Estas son las sanciones más potentes aplicadas nunca sobre un país”, ha dicho el líder estadounidense. Tanto Washington como Riad han acusado a la teocracia chií de estar detrás de los bombardeos que han dejado temporalmente fuera del mercado internacional la mitad de la producción de crudo saudí, un ataque que el secretario de Estado, Mike Pompeo, ha definido como “un acto de guerra”. Horas después de anunciar las sanciones, Trump tenía previsto reunirse con sus asesores de seguridad nacional para estudiar distintas opciones militares para elevar la respuesta estadounidense. 

Como era de esperar, Irán no ha hincado la rodilla ante la estrategia de “máxima presión” implementada por la Casa Blanca desde que su presidente rompió unilateralmente el acuerdo nuclear firmado por Teherán con las grandes potencias. Su campaña de guerra económica ha hundido las exportaciones petroleras iranís, ha disparado la inflación y ha reducido en un 6% las previsiones de crecimiento de su economía para este año, según el Fondo Económico Internacional. Pero todo indica, al mismo tiempo, que Irán está respondiendo al hambre con fuego, a tenor de los numerosos incidentes acaecidos últimamente en el Golfo Pérsico. Desde el derribo de un avión espía estadounidense, a los sabotajes de cargueros o el ataque contra las petroquímicas saudís. 

Ese aparente desafío ha puesto en entredicho la credibilidad estadounidense a ojos de sus aliados sunís en el Golfo, acostumbrados a recibir la protección de Washington a cambio de albergar sus bases militares o financiar algunos de sus intereses con sus petrodólares. “Desde la invasión de Kuwait, este es el mayor desafío que enfrenta EE UU como superpotencia a cargo de proteger la libre circulación energética en la región”, le ha dicho a ‘The New York Times’ el académico Gregory Gause. “A menos que cambie significativamente la respuesta de la Administración Trump, los líderes del Golfo empezarán a cuestionar la validez de ese compromiso de seguridad”. 

Esas cuestiones se abordarán en la reunión a puerta cerrada de este viernes, donde se espera que el Pentágono entregue al presidente un menú de opciones para castigar a Irán o alguna de sus milicias satélites en la región. Teherán ha dicho que responderá con una “guerra total” si es atacado, pero todo indica que Trump no está por la labor. Y es que, pese a su retórica explosiva, desde que llegó a la Casa Blanca se ha mostrado reacio a abrir nuevos conflictos militares. “Ir a la guerra sería para mí lo más fácil. Aquí mismo podría dar la orden y todo empezaría en un minuto, pero si puedo, no es lo que estoy buscando”, dijo durante una comparecencia con el primer ministro australiano. “Creo que demuestro más fortaleza al mostrar un poco de contención”. 

No está claro el impacto que tendrán las nuevas sanciones, que se suman a las aplicadas sobre el petróleo, la compra de oro y metales preciosos, el sistema bancario o cientos de militares y funcionarios persas. Ya el año pasado Washington sancionó al presidente del banco central iraní. “Esto es muy grande. Ahora hemos cortado la última fuente de ingresos que le quedaba a Irán”, ha dicho el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin. Lo que parece claro es que Washington está tensando tanto la cuerda, que tarde o temprano se acabará rompiendo.