29 feb 2020

Ir a contenido

Crisis política

En Venezuela todo se divide por dos, hasta la presidencia

Con el aval de Washington y sus aliados, la oposición llama otra vez a las calles para forzar la salida de Maduro

EEUU niega en tanto haber abandonado la embajada en Caracas y amenaza con acciones si se intenta arrestar a Guaidó

Abel Gilbert

La legitimidad de Maduro en la presidencia está cuestionada por la Unión Europea, la Organización de Estados Americanos, Estados Unidos y varios países latinoamericanos.

La legitimidad de Maduro en la presidencia está cuestionada por la Unión Europea, la Organización de Estados Americanos, Estados Unidos y varios países latinoamericanos. / AFP

Una regla que excede a las matemáticas y los números pares rige la vida en Venezuela: todo es divisible por dos. Hay dos mercados, uno blanco y otro negro, dos clases de dólares, el oficial y el supuestamente ilegal, muchísimo más caro. Hay dos maneras de comprar: con billetes o tarjeta de débito, que pueden “alquilarse” para sortear la escasez de circulante. Existe a la vez un Parlamento opositor en desacato y una Asamblea Constituyente que hace de Congreso, un Tribunal Supremo en Caracas y otro en el exilio, dos fiscales generales. Al mismo tiempo, se verifican dos modos de ocupar la calle, la de los chavistas que, con el concurso estatal, rodearon el domingo la sede del Poder Ejecutivo para “proteger” a su ocupante, y la del antichavismo, que esta semana redoblará sus manifestaciones convencida de que acelerará los acontecimientos políticos. Y hay, por último, una dualidad más peligrosa: supestamente dos presidentes, uno surgido de elecciones que suscitaron, también, dos interpretaciones distintas sobre su legitimidad, y otro autoproclamado interino y bendecido por Washington y sus aliados.

Aunque uno solo, Nicolás Maduro, es el que cuenta con el poder de la fuerza militar, y llama Juan Guaidó “títere del imperio”,  la máxima autoridad legislativa, cree que gana en la calle su batalla con quien llama “el usurpador”. En la noche del domingo, Guidó trazó una ambiciosa hoja de ruta semanal. “Vamos muy bien Venezuela. Hemos avanzado a pasos agigantados. El miércoles les pidió a todos que salgan para una gran protesta nacional”. La máxima autoridad legislativa, se dirigió al país como si hablara por candena nacional, aunque lo haya hecho a través de la red Persicope. Habló en su despacho. Detrás de un busto de Bolívar y una bandera, con su agenda abierta, como si se tratara verdaderamente de un estadista. “Vamos a salir de manera pacífica e inédita para seguir llevando el mensaje a la Fuerza Armada Nacional la Ley de Amnistía y exigiendo que se ponga del lado de Venezuela”. El sábado, en tanto, se realizará otra manifestación “para acompañar el respaldo de la Unión Europea”. Ese día vence supuestamente el ultimátum dado a Maduro para que convoque a elecciones. De lo contrario, la UE reconocerá a Guaidó como “encargado” de la presidencia.

Pero entre el miércoles y sábado pueden suceder muchas cosas en un país donde, de acuerdo con Alfredo Romero, director de la oenegé Foro Penal Venezolano, e en los últimos seis días han sido arrestadas 850 personas. “En su mayoría viven en zonas populares”.  

Los plazos se estiran y EE.UU amenaza

 Maduro, en tanto, volvió a insistir que pronto la justicia resolverá la situación de Guaidó. Pero los tiempos de tomar cartas en el asunto se estiran de manera incierta. A los analistas no les queda claro si se trata de una cuestión de debilidad o el madurismo tiene un naipe guardado que no exhibe. Por lo pronto, el consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Bolton, amenazó con una “respuesta significativa” ante cualquier “acto de violencia e intimidación contra el personal diplomático de Estados Unidos, el líder democrático de Venezuela, Juan Guaidó”. Bolton dejó entrever que, contra lo anunciado por Maduro, la embajada en Caracas no ha dejado de funcionar por completo. El ministro de Exteriores ratificó lo contrario: los diplomáticos se fueron y apenas queda un representante de negocios. “Que Estados Unidos hable con una sola voz. Queremos creern en los portavoces autorizados y no en la cosa esquizofrénica de Bolton”, pidió. Para mayor confusión, el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, anunció que aceptaba a un enviado de Guaidó, Carlos Vecchio, como responsable de negocios de Venezuela en Washington. La cónsul venezolana en Miami, Scarlet Salazar, reconoció en tanto  la autoridad presidencial del hombre que desafía a Maduro.

Por lo tanto, hay también dos versiones sobre lo que está ocurriendo desde que Maduro rompió vínculos diplomáticos con EE.UU. por reconocer al “presidente encargado”. La realidad se expresa en una suerte de código binario. Maduro hace y Guaidó intenta deshacer con aplausos en la Casa Blanca.“Esta es una cadena de situaciones que nos coloca ante un hecho insólito. No hay ningún país del mundo que tenga dos presidentes. El caso venezolano es para el estudio de los procesos políticos en el mundo… Lo único que falta es que tengamos dos fuerzas armadas y una guerra civil”, le advirtió al portal Contrapunto el secretario general del Movimiento Al Socialismo (MAS, opositor), Felipe Mujica. El problema, a estas alturas, es global. A la par de las acciones externas contra Maduro otros países, Rusia, China y Turquía, “generan presiones en sentido contrario”, lo que demuestra “que una parte importante de este forcejeo no está en manos de venezolanos”.

Una salida negociada y una consulta popular

Para Mujica, lo que se necesita, por lo tanto, es “una salida negociada” que desemboque en un referendo. Un grupo de chavistas críticos, entre ellos varios ex ministros, creen lo mismo. La llamada Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución rechazó “la creación de un Estado paralelo centrado en la Asamblea Nacional” porque puede derivar “en un conflicto interno de consecuencias impredecibles” y comprometer la soberanía venezolana. Pero, a la vez, instó a levantar la voz contra el “desfalco y fraude constitucional del Gobierno de Maduro” y “constituir un gran movimiento nacional que promueva el diálogo”  entre la AN y el Gobierno. Todo debe conducir a una alternativa común, ya no divisible: la consulta popular  permitará a la sociedad decidir sobre su destino.