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EL PERFIL

Theresa May: La tenacidad de acero de una 'tory' sin fisuras

La capacidad de la primera ministra británica de encajar golpe tras golpe sin derrumbarse y salvar crisis imposibles ha asombrado a todos

Begoña Arce

La primera ministra británica, Theresa May, durante una declaración en su residencia, en el 10 de Downing Street. 

La primera ministra británica, Theresa May, durante una declaración en su residencia, en el 10 de Downing Street.  / LEON NEAL (GETTY IMAGES)

No es la dama de hierro, pero el miércoles la líder de los conservadores en Escocia, Ruth Davidson, la bautizó como, "la primera ministra con cojones de acero". La resistencia física, emocional y política de Theresa May, su capacidad de encajar golpe tras golpe sin derrumbarse, de salvar crisis imposibles, ha asombrado a todos.  Una tenacidad en la lucha con los suyos y en la batalla en Europa que le ha valido el respeto de quienes ni siquiera comparten de lejos sus ideas.

Hace dos años y medio cuando se hizo cargo del Gobierno, prometió un acuerdo para el brexit que cumpliera con lo votado por los británicos en el referéndum. Y no ha cejado en el empeño. Partía de cero. David Cameron, que tan frívolamente había convocado la consulta, se marchó sin dejar plan alguno para diseñar la salida de la Unión Europea. Se dijo que los eurófobos conservadores más extremistas en el gabinete, los Boris Johnson y los David Davis, la manejarían a su antojo. Ellos y otros han ido cayendo, ante la determinación de  "una mujer malditamente difícil", como la definió uno de sus colegas.

Robótica y fria

May es una tory sin fisuras. A los 62 años, este miércoles, en su discurso al país tras conocer que habría una moción contra ella, recordó que llevaba 40 años en el Partido Conservador. "He servido como militante, concejala, diputada, ministra en la sombra, ministra del Interior y ahora primera ministra", dijo. Sin carisma especial, "robótica", "muy rígida", "fría", según sus críticos, es una "trabajadora incansable" y conoce los mecanismos de Westminster, donde es una figura poco dada a las camarillas. Fue la ministra del Interior que más tiempo ha servido en esa cartera en la historia británica. Una etapa en la que tuvo que vérselas con el extremismo islámico.

Euroescéptica, pero disciplinada, hizo una mínima campaña en favor de la permanenci. "Seguir dentro de la Unión Europea nos hace más seguros, más prósperos y más influyentes fuera de nuestras costas", dijo en abril del 2016, un mes antes de la consulta. Nueve meses más tarde, como primera ministra, repetía que "brexit, significa brexit y vamos a hacer de ello un éxito".

 May fue elegida líder conservadora por ser "un par de manos seguras". La situación caótica actual lo desmiente.  El año pasado cometió el gran error de convocar elecciones anticipadas para aumentar la mayoría conservadora en la Cámara de los Comunes. Terminó por perderla. Se dio por seguro que caería. Pero se mantuvo.

Zapatos e insulina

De estilo indumentario funcional, los zapatos siempre han sido el toque de color, su única debilidad.  Hija de un vicario anglicano, estudió en la Universidad de Oxford y allí conoció al que sería su marido, Philip May, un gestor de fondos en la City, tan discreto como ella y su gran apoyo. Se casaron en 1980 y no han tenido hijos.

 Ser diabética y necesitar inyectarse insulina dos veces al día no le ha restado un ápice de energía. El cansancio se le nota en las ojeras, que disimula con maquillaje. Su gran afición son los libros de cocina, de los que posee más de un centenar. "Tiene un estricto trío de temas personales de los que está dispuesta a hablar en público: zapatos, ropa y cocinar --ha escrito Sebastian Payne en el Financial Times--. Más allá de eso deja que los votantes la juzguen por sus logros".