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China responde al 'caso Huawei' con el arresto de un exdiplomático canadiense

Pekín afirma que la organizaciónen la que trabaja Michel Kovrig no está registrada como exige la ley

ADRIÁN FONCILLAS

Un hombre pide en Vancouver la liberación de Michael Kovrig.

Un hombre pide en Vancouver la liberación de Michael Kovrig. / REUTERS/ Lindsey Wasson

Las "graves consecuencias" que China anticipó por el caso Huawei se han materializado en un exdiplomático canadiense. Michael Kovrig fue detenido a principios de semana en Pekín sin que se sepa la causa ni su paradero y no cuesta establecer la causalidad con el proceso contra la directora financiera del gigante asiático, Meng Wanzhou.

Kovrig había pedido la baja en la embajada canadiense en China y desde el pasado año trabajaba en el 'think tank' International Crisis Group. El exdiplomático ha publicado artículos sobre el papel de China en la paz y seguridad de Asia y entrevistado regularmente a funcionarios chinos. No parece un perfil hostil a Pekín.

Fue su organización la que reveló su desaparición en la mañana del martes. No han recibido ninguna información y están preocupados por su salud y seguridad. Kovrig está en manos del aparato de Seguridad Nacional, según diferentes informaciones periodísticas. No han trascendido los cargos pero el Ministerio de Exteriores chino ha aclarado  que estaba realizando "actividades relevantes" para el 'think tank' sin el registro que prevé la nueva ley de oenegés. No hay precedentes de que la Seguridad Nacional intervenga por la violación de un trámite burocrático. Incluso para los estándares chinos suena desmesurado.

Declaración de Trudeau

"Estamos al corriente de la situación de un canadiense detenido en China", ha afirmado el primer ministro Justin Trudeau. El Departamento de Estado de Estados Unidos ha urgido a China a terminar con "todas las formas de detención arbitraria y respetar las garantías y libertades de todos los ciudadanos bajo los compromisos sobre derechos humanos y procedimientos consulares".

Todos los comunicados oficiales han omitido a Huawei. Ni Ottawa ni Washington se han referido al elefante en la habitación pero la cronología ofrece pocas dudas. El sábado, el Ministerio de Exteriores chino llamó a consultas al embajador canadiense en Pekín para advertirle de las "graves consecuencias" si Meng no era liberada. El domingo, un editorial del Diario del Pueblo aclaraba a Canadá que "la única forma de evitar una alta factura es corregir su error, acabar de inmediato con esta violación de derechos humanos y darle al pueblo chino la explicación que merece". El domingo, Kovrig era detenido.

Un tribunal de Vancúver había concedido ayer la libertad bajo fianza a Meng durante el proceso sobre su extradición a Estados Unidos. La alta ejecutiva e hija del fundador de Huawei hubo de depositar una fianza de 7,4 millones de dólares y someterse a escrupulosas medidas de control para evitar su huida. El caso, que podría costarle hasta 30 años de cárcel, ha soliviantado a Pekín. El poderío estadounidense y la negociación sobre la guerra económica aconsejan derivar los castigos hacia Canadá.

No son raros los escarmientos económicos y políticos de Pekín a los países que la ofenden. Canadá ya conoce el paño. La detención en 2014 de un ciudadano chino por robo de secretos militares fue respondida por China con el arresto de una pareja canadiense que regentaba una cafetería cerca de la frontera norcoreana.

El castigo del salmón

La hemeroteca descubre sanciones más o menos sutiles. El Nobel de la Paz entregado en Oslo al disidente Liu Xiaobo desató la furia de Pekín a pesar de los tenaces esfuerzos del Gobierno noruego por convencerla de que comité que otorga el galardón es independiente. Faltaba tan solo la firma para que Noruega se convirtiera en el primer país europeo con un tratado de libre comercio con China cuando Pekín pidió "más tiempo para consultas".

Las autoridades sanitarias impusieron unos controles sanitarios al salmón que se alargaban lo suficiente para que se pudriera en la frontera. Noruega pasó de acaparar el 92% de las importaciones chinas de salmón al 29 % dos años después, superada incluso por las Islas Feroe.

No es raro que, tras un desaire, la prensa estatal estimule el nacionalismo. De ahí a los boicoteos a productos y bienes ajenos cocinados en las redes sociales solo hay un paso. Las exportaciones japonesas siempre caen en las cíclicas crisis entre las dos potencias asiáticas.

Todas esas presiones de baja intensidad ya las sufrió Corea del Sur tras instalar el escudo antimisiles estadounidense que irritaba a Pekín: los turistas chinos se redujeron a la mitad, las ventas de vehículos Kia y Hyaundai se derrumbaron, las actuaciones de los célebres artistas surcoreanos fueron canceladas y decenas de la tiendas de la multinacional Lotte en China cerraron por infringir la normativa contra incendios.

Las sanciones chinas explican el número cada vez más reducido de países que reciben al dalai Lama. Los gobiernos suelen apaciguar la furia diplomática con comunicados que defienden el principio de la unidad territorial china y se oponen a la independencia tibetana.