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COMICIOS EN EL CÁUCASO

La revolución armenia gana en las elecciones

El revolucionario Nikol Pashinyán, actual primer ministro, se lleva la victoria en los comicios con el 70% de los votos

El antiguo partido de Gobierno, que fue expulsado del poder en mayo, no consigue ni representación parlamentaria

Adrià Rocha Cutiller

El primer ministro armenio, Nikol Pashinyan.

El primer ministro armenio, Nikol Pashinyan. / KAREN MINASYAN (AFP)

Armen, de 30 años, estaba eufórico al salir, este domingo, de su colegio electoral en Ereván, la capital de Armenia. Acababa de votar, y, se veía, estaba orgulloso de haberlo hecho. Con su mujer, se miraban y, casi en frenesí, se sacaban fotos constantemente: celebraban haber puesto, por fin, un papel en una urna con placer. La primera vez en toda su vida.

«Estamos muy emocionados, porque la revolución nos ha devuelto la esperanza. Es la primera vez en toda mi vida que veo en Armenia unas elecciones limpias. A partir de ahora, que todas sean igual. No queremos volver a atrás», dice Armen, que se lo agradece al primer ministro armenio, el líder de la revolución que lo cambió todo hace medio año: Nikol Pashinyán. «Es un primer ministro correcto. Pero no soy fan suyo ni lo he votado», explica Armen.

Pashinyán es primer ministro y lo seguirá siendo, porque este antiguo periodista ha ganado las elecciones legislativas anticipadas celebradas en Armenia este domingo. Y lo ha hecho, además, como se esperaba: a lo grande. Él solo ha acaparado el 70,4% de los votos. Armen es una grandísima minoría: la popularidad de Pashinyán en el país caucásico es absoluta.

Lo es tanto, de hecho, que los demás partidos que se presentaban a las elecciones, durante la campaña, no se han atrevido a criticar demasiado al primer ministro, elevado por muchos a la categoría de semidiós, héroe nacional o Jesucristo; por separado o todo a la vez.

El partido de Pashinyán estará acompañado, en el nuevo Parlamento armenio, por otros dos partidos. Ambos fueron favorables a la revolución y ambos apoyaron, entonces, al primer ministro. Son Armenia Prospera -liberal conservadora- y Armenia Brillante -liberal de centro, como Pashinyán-, que han sacado un 8,2% y un 6,3% de los votos respectivamente. La distancia con la formación del primer ministro es sideral.

Derrota de lo antiguo

Pero la gran perdedora de estas elecciones ha sido la representante de la antigua Armenia, la formación contra la que, en abril de 2018, se hizo la revolución: el Partido Republicano. Este domingo, este partido, que hace un año consiguió mayoría absoluta, ha sacado el 4,7% de los votos. El límite para ser representado en la Cámara baja armenia es el 5%: los que habían gobernado Armenia en los últimos 20 años ininterrumpidamente han quedado fuera. Les han pasado por encima.

Con estas elecciones, se espera, la euforia revolucionaria caerá. Y el Gobierno de Pashinyán tendrá que enfrentarse a la realidad: una economía pobre y oprimida por el aislamiento que sufre Armenia y una población acostumbrada a vivir en un sistema nada o poco democrático donde la forma de subsistir era el soborno y la corrupción cotidiana.

«El mayor problema al que nos enfrentaremos ahora es que la población no tiene cultura democrática. Y, además, nos encontramos con que el partido de Pashinyán no tiene programa alguno. Son todo clichés. Han dicho cosas como: "Necesitamos más democracia. Luchar contra la corrupción. Mejorar económicamente el país". Pero no han dicho en ningún momento cómo piensan hacerlo. Es todo una incógnita: saber qué hará Pashinyán tras formar Gobierno; cuál será su primera ley», explica Tevan Poghosyán, analista político.

«Revolución económica»

Las promesas no han sido pocas ni de pequeña escala. El primer ministro Pashinyán, en campaña, ha prometido llevar la revolución política a una económica: liberalizar la economía del país y abrirla a la inversión extranjera.

Pero los cambios, hasta ahora, han sido lentos. Pashinyán es primer ministro desde mayo 2018 y, a parte de la lucha contra la corrupción —algo que es más un estado mental que una política gubernamental activa—, el Ejecutivo no ha hecho mucho. Es posible que cuando la euforia revolucionaria decaiga las críticas al líder arrecien.

«La gente espera grandes cambios en muy poco tiempo -dice Dana Gasparyán, miembro del partido de Gobierno-. Las expectativas están muy altas con nosotros y eso nos complica mucho la existencia, porque la gente quiere mejoras en su vida y las quiere ya. Trabajamos para hacerlo, pero conseguirlo es muy difícil».