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COMICIOS EN EL CÁUCASO

Armenia celebra sus primeras elecciones tras la revuelta popular

Los sondeos apuntan que el líder de las protestas de abril y actual primer ministro, Nikol Pashinyán, ganará las legislativas con cerca del 80% de los votos

Adrià Rocha Cutiller

Nikol Pashinyan (segundo por la izquierda) encabeza una marcha hacia el monumento de las víctimas del genocidio armenio, para conmemorar el 103 aniversario de la masacre, en Yereván, el 24 de abril pasado.

Nikol Pashinyan (segundo por la izquierda) encabeza una marcha hacia el monumento de las víctimas del genocidio armenio, para conmemorar el 103 aniversario de la masacre, en Yereván, el 24 de abril pasado. / AP / TIGRAN MEHRABYAN

En los países que formaban la antigua Unión Soviética, las victorias apabullantes en las elecciones, desde hace décadas, han sido algo común. El pan de cada cuatro años: en Azerbaiyán, el actual presidente las ganó en 2018 con el 86% de los votos; en Kazajistán, con el 97%; en Uzbekistán, el 88%Turkmenistán96%Rusia76%.

La lista, por supuesto, continúa y, en todos los casos, las circunstancias son las mismas: ninguna de esas elecciones, según los observadores, ha sido democrática. Este domingo, le toca a Armenia. Su actual primer ministro, el que fue el líder de las protestas que derrocaron el anterior gobierno en abril de este añoNikol Pashinyán, espera hacer lo mismo: algunas encuestas dan al partido de este mandatario cerca del 80% de los votos en los comicios al Parlamento.

Pero hay una diferencia con todos los demás: estas elecciones, espera todo el mundo, sí que serán democráticas y justas. Una primera vez en un pequeño país de menos de tres millones de habitantes, Armenia, que espera que la ocasión le sirva de precedente. Ningún armenio quiere volver atrás, a los tiempos de antes de la revolución.

"Pashinyán espera sacar algo menos, cerca de un 60% de los votos, porque si saca un 80% entonces tendrá un problema: es posible que no haya más partidos en el parlamento aparte del suyo, lo que le obligaría a incrementar el número de diputados y tener que pagar más salarios", explica una miembro del partido de gobierno que prefiere no dar su nombre.

Parlamento sin debate

La ley electoral armenia estipula que se necesita un mínimo del 5% de los votos para entrar en el parlamento; ningún partido opositor al gobierno —hay 10— lo tiene asegurado. Ni siquiera el partido que, hasta hace 6 meses, gobernaba indiscutible en el país. A ese, al Partido Republicano, algunas encuestas le dan el 1% de los votos.

Todo pasó en un mes y pasó muy rápido: el antiguo primer ministro armenio, Serzh Sargsyán, cambió la ley para perpetuarse en el poder. Pashinyán, político opositor, periodista y revolucionario de cuna, empezó una marcha por Armenia para pedir su dimisión. Nadie le hizo mucho caso hasta que fue demasiado tarde: en unas semanas, él y sus seguidores bloquearon el país.

Pashinyán se convirtió en una figura tan popular que Sargyán no tuvo más remedio: resignó y Pashinyán el revolucionario, vestido siempre con una camiseta de camuflaje militar, fue escogido primer ministro. Esa, ocurrida en mayo de 2018, fue una votación anómala: su partido solo tenía nueve de los 105 escaños del parlamento. Aún así, con las calles a su espalda, ganó la votación.

Luchas y luchas

Desde entonces, su política se ha basado en liberalizar la economía armenia y, sobre todo, acabar con una corrupción que era, hasta hace poco, omnipresente en el país caucásico. La lucha está siendo complicada porque Armenia está bloqueada y atrapada económicamente: no tiene salida al mar y dos de sus cuatro fronteras terrestres están cerradas. Ni Turquía ni Azerbaiyán —el primero por su pasado truculento y el segundo por una guerra congelada— tienen relación alguna con Armenia, cuyo único sustento, económico y militar, es Rusia.

Pero Pashinyán promete y los armenios están encantados con él. Tras las elecciones de este domingo, el primer ministro ha prometido hacer otra revolución, esta vez económica. Muchos se lo creen.

Su cara, meses después de la revolución, está en todos sitios a todas horas: se ha vuelto un icono pop y todos —o casi todos— lo adoran. Ni los partidos de oposición, durante la campaña electoral, se han atrevido a criticarlo demasiado. Pero el toro les pasó ya por encima. En estas elecciones no tienen nada que hacer: "Esta es una nueva Armenia. Devolvimos el poder al pueblo. Ganaremos", dijo, ya victorioso antes de tiempo, Pashinyán, este viernes en el último día de campaña.