Ir a contenido

ELECCIONES LEGISLATIVAS EN EEUU

El Apocalipsis, según Trump

El presidente de EEUU trata de movilizar a su electorado con una campaña para demonizar a los demócratas

Ricardo Mir de Francia

Trump baja del Air Force One.

Trump baja del Air Force One. / REUTERS / LEAH MILLIS

Imaginemos por un instante el escenario. Es 7 de noviembre del 2018. La noche electoral ha quedado atrás y los demócratas se frotan los ojos tras lograr una apabullante victoria en las elecciones legislativas. El “partido del crimen” ha recuperado las dos cámaras del Congreso. Está hambriento por transformar Estados Unidos con un giro hacia el “socialismo radical” inspirado “en el modelo económico de Venezuela”. Como primera medida legislativa, sube los impuestos y “destruye la sanidad” tal y como se conocía hasta ahora. Los mercados se hunden y el pánico se instala en las bolsas. Mientras la ciudadanía corre a salvar sus ahorros, los demócratas disuelven la policía aduanera y abren las fronteras. Pandilleros, drogas y millones de ilegales desatan el terror. El país está al borde de la ruptura. Se acerca la hora del Juicio Final.  

La secuencia descrita parece sacada de una novela apocalíptica de ciencia ficción o de la llamada literatura de supervivientes, pero es el escenario que describe en sus mítines el presidente Donald Trump para movilizar al electorado conservador de cara a las legislativas del 6 de noviembre. Siguiendo el manual de la propaganda clásica, Trump se ha entregado a la demonización de sus rivales políticos con una retórica que recuerda a los momentos más oscuros del siglo XX. “Si los demócratas toman el control, arruinarán nuestro increíble progreso y paralizarán el país, abocándolo a la pobreza y finalmente al caos”, dijo esta semana en Iowa. “Los demócratas quieren subir los impuestos, imponer el socialismo y desmantelar las agencias del orden. Quieren eliminar las fronteras, quieren dejarnos sin país”.

Estilo paranoico

Trump ha sido siempre un digno representante del “estilo paranoico de la política americana”, descrito por el historiador Richard Hofstadter en su célebre ensayo de 1964. Sabe leer con maestría la psique estadounidense y, desde el primer día, ha recurrido a la retórica apocalíptica y conspiratoria, que en EEUU tiene una especial resonancia por la interpretación profética que hacen de la Biblia algunas corrientes protestantes y por la desconfianza secular que parte de la población siente hacia las autoridades. “La carnicería americana se acaba aquí y ahora”, dijo en su discurso de investidura tras describir el legado de Barack Obama como un cementerio de fábricas abandonadas y niños hambrientos.

Pero en esta campaña está yendo más allá. Todo parece valer para fomentar el miedo a sus rivales en la oposición, a los que ahora describe como "el partido del crimen", una “furiosa muchedumbre izquierdista” que se cierne como una amenaza existencial sobre EE UU. “La realidad es que el Partido Demócrata centrista está muerto. Los nuevos demócratas son socialistas radicales que quieren imponer el modelo económico de Venezuela”, escribió hace unos días en 'USA Today'. Les acusaba de querer eliminar la Sanidad pública para los pensionistas, cuando lo único que quiere su sector más progresista y minoritario es extender ese sistema a toda la población para instaurar un modelo semejante al europeo.

Fomentar el odio

“Trump fomenta el odio hacia el otro, que es uno de los elementos clásicos de la propaganda. Y repite mil veces una misma mentira esperando que acabe siendo aceptada como una verdad, una estrategia que Hitler expuso en las páginas de ‘Mein Kampf’”, dice el profesor de Comunicación de la Universidad de Salem, Robert Brown. Esa demonización del otro forma parte de su repertorio político desde el día en que anunció su candidatura a la presidencia, cuando prometió construir un muro en la frontera para frenar la llegada de mexicanos, a los que describió como “violadores” y “criminales”. También lo ha hecho con la prensa, a la que describe como “el enemigo del pueblo”, echando mano de una vieja expresión estalinista.

O con su rival en las presidenciales, Hillary Clinton, a la que amenazó con meter en la cárcel si llegaba a la Casa Blanca. “Nosotros no vivimos en un país donde se mete en la cárcel a los opositores políticos. Eso es propio de las dictaduras", dice Brown. "Trump no es un demócrata, sino un populista autoritario y el riesgo de su propaganda es que acabe alejando al país de la democracia”. La arquitectura institucional de EEUU se antoja demasiado sólida para que pueda conseguirlo. Pero Trump está jugando con fuego. No deja de azuzar el resentimiento y la sospecha entre una población extraordinariamente polarizada. El mismo virus que desencadenó las grandes atrocidades del siglo pasado.