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TENSIÓN EN ASIA

Corea del Norte construye nuevos misiles

Los servicios de inteligencia de EEUU alertan de un proyecto en la misma planta donde se desarrollaron los anteriores proyectiles

Adrián Foncillas

Fotografía de archivo sin fecha, cedida el 24 de abril de 2016, por la Agencia de Noticias Central de Corea del Norte (KCNA), de la prueba de lanzamiento de un misil balístico submarino en Corea del Norte.

Fotografía de archivo sin fecha, cedida el 24 de abril de 2016, por la Agencia de Noticias Central de Corea del Norte (KCNA), de la prueba de lanzamiento de un misil balístico submarino en Corea del Norte. / EFE

Corea del Norte podría estar fabricando misiles intercontinentales o ICBM cuando aún no se ha secado la tinta del acuerdo de desnuclearización firmado en Singapur. El movimiento desmiente el discurso triunfalista de Donald Trump, subraya que el proceso será largo y pedregoso y demuestra que Pyongyang dicta los plazos al margen de las urgencias de Washington. Solo desde el cinismo o la ignorancia cabe sorprenderse por esas certezas.

Espías satélites estadounidenses han captado el trasiego de camiones cubiertos en Sanumdong. De ese centro de investigación situado a unas decenas de kilómetros de la capital salieron los misiles Hwasong-15, la joya de la corona militar norcoreana. Los análisis de las imágenes sugieren que Pyongyang podría estar fabricando una o dos unidades, según fuentes anónimas de la inteligencia estadounidense citadas por la prensa. Las cimas de tensión del pasado año coincidieron con los dos lanzamientos de Hwasong-15. Tienen una capacidad teórica para golpear suelo estadounidense aunque es muy improbable que Corea del Norte pueda ya miniaturizar una bomba nuclear y entregarla al otro punto del globo.

Aparente buena sintonía

Pero la sospecha de que el tiempo se acortaba empujó a Trump a la mesa de negociaciones, según la opinión más extendida entre los expertos. La presunta fabricación de más Hwasong-15 subrayaría que la desconfianza norcoreana no ha menguado a pesar de las buenas intenciones firmadas en Singapur y la sintonía personal entre Kim Jong-un y Trump. El secretario de Estado, Mike Pompeo, ya informó la semana pasada al Senado de que Corea del Norte sigue produciendo uranio y plutonio para sus bombas nucleares. Las revelaciones contradicen el compromiso norcoreano de emprender su desnuclearización de inmediato y, según Washington, ponen en duda su sinceridad.

Los acontecimientos desde aquella cumbre de junio son interpretados de forma diferente en el otro bando. Pyongyang recuerda que declaró una moratoria unilateral de lanzamientos de misiles y ensayos nucleares, liberó a prisioneros estadounidenses y destruyó su principal silo nuclear para salvar una cumbre que Trump amenazó con cancelar. Después ha entregado los restos de soldados estadounidenses muertos en la Guerra de Corea en cumplimiento del acuerdo de Singapur y la semana pasada desmanteló Sohae, el complejo científico donde investigaba el desarrollo de sus misiles. Y ante ese amontonamiento de gestos de buena voluntad aún espera que Washington levante una sola de las sanciones que estrangulan su economía. La disparidad de impresiones se evidenció en la tercera y última visita a Pyongyang de Pompeo. Kim Jong-un le negó audiencia, a diferencia de las anteriores, y la prensa oficial aludió a sus maneras gangsteriles por llegar cargado de exigencias y amenazas pero sin ninguna contrapartida.

El poder del arsenal nuclear

Los expertos ya habían advertido de que Corea del Norte no sacrificaría fácilmente el programa nuclear que ha permitido su supervivencia durante décadas mientras desfilaban los cadáveres de dictadores hostiles a Washington. No lo hará por la palabra de un presidente levantisco que meses atrás se desvinculó del tratado de desnuclearización firmado con Irán sin mediar violaciones.

Aquel acuerdo de Singapur no contemplaba ninguna garantía de cumplimiento: ni la entrega de un listado pormenorizado de armas e instalaciones nucleares norcoreanas, ni la fiscalización del desarme por inspectores internacionales, ni un calendario concreto. Las turbulencias actuales revelan que aquel documento con vaporosas referencias a la paz y al entendimiento entre pueblos no supone el final inmediato del problema, como vaticinó Trump, sino que deja a Pyongyang el timón del proceso.

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