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Conservadores entre conservadores

Tras 73 años de alianza, la CSU tensa al máximo su relación con la CDU de Merkel por su giro derechista de oposición a la política migratoria de la cancillera

Carles Planas Bou

Horst Seehofer ,el presidente de la CSU y del estado federado de Baviera junto a la cancillera alemana, Angela Merkel.

Horst Seehofer ,el presidente de la CSU y del estado federado de Baviera junto a la cancillera alemana, Angela Merkel. / AFP / CHRISTOF STACHE

“A nuestra derecha no puede existir ningún partido democrático legítimo”. Tras el ascenso al poder del democristiano Helmut Kohl en 1982 gracias a una alianza con los liberales, las facciones de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) disgustadas con el pacto se escindieron de la coalición en búsqueda del voto más nacionalista. Fue entonces cuando su presidente, el dirigente bávaro Franz Josef Strauss, dejó estas palabras marcadas en la historia.

Fundada en 1945, la CSU arrastra el carácter conservador desde más allá de sus inicios. Heredera del Partido Popular Bávaro, la rama católica, nacionalista y más tradicionalista del Partido de Centro de la República de Weimar, esta formación nació tras la Segunda Guerra Mundial como amalgama de distintas sensibilidades derechistas del país, incluidos nazis que tras la derrota vieron en la formación un nuevo hogar político.

Su primer gran paso lo dio en 1949, cuando se aliaron con la Unión Demócrata Cristiana (CDU), representante del centro-derecha nacional. En su acuerdo, sellaban que el partido de Konrad Adenauer concurriría electoralmente en todos los estados de la República Federal Alemana (RFA) mientras que la CSU se ocuparía únicamente de Baviera. A pesar de ser partidos independientes con diferentes idearios, el apretón de manos conservador les permitió llegar al poder y mantenerlo durante 20 años.

ÉXITO Y PUÑALADAS

Como resultado de aquel acuerdo, la Unión (CDU/CSU), como se conoce esa alianza, se convirtió en la coalición hegemónica de Alemania, presente en 15 de los 21 gobiernos surgidos desde el hundimiento del régimen nazi. Ese arrollador poder también se tradujo para los conservadores en Baviera, donde han sido la fuerza dominante.

Sin embargo, el éxito no ha evitado las críticas, los reproches e incluso las puñaladas políticas entre ambos bandos del conservadurismo alemán. Probablemente una de las más tensas fue la vivida en 1976, cuando el propio Strauss, representante del ala más derechista, promovió una separación de la CDU tras una ajustada derrota electoral. Aunque los diputados bávaros apoyaron la división, tardaron menos de un mes en cambiar de rumbo. Tras amenazar a los democristianos con presentarse en todos los ‘länder’ del país, estos respondieron asegurando que participarían en Baviera. Al ver en peligro su hegemonía en su fortín electoral la CSU volvió a la alianza.

REFUGIADOS, EL DETONANTE

Casi cuatro décadas más tarde, las ya tradicionales desavenencias entre conservadores llegaron a su punto más álgido con la llegada de cientos de miles refugiados a Europa y la decisión de Angela Merkel de permitir su entrada en Alemania para evitar que se desbordase la vecina Austria. La apertura de la cancillera frente a una de las peores crisis humanitarias del siglo gustó a la izquierda pero disparó las tensiones con una CSU encabezada por Horst Seehofer, enemigo íntimo de la democristiana y representante del ala más ultraconservadora.

La acogida migratoria dio alas a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), una irrupción en el panorama político que sepultó las palabras de Strauss y con ello abrió la lucha por el voto a la derecha de la derecha. Tras casi tres años de acusaciones y críticas contra la política de Merkel, Seehofer ha amenazado ahora con hacer caer el gobierno si no se cumplen sus deseos de cerrar prácticamente las fronteras. De cumplir podemos estar asistiendo al final de 73 años de alianza conservadora. El panorama político que puede abrirse tras este cisma es impredecible.

Temas: Alemania

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