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CRISIS HUMANITARIA

Trump revoca la separación de familias de inmigrantes en la frontera

Una orden ejecutiva permitirá a los menores seguir con sus padres aunque se mantiene la política de "tolerancia cero"

El decreto tiene el potencial de abrir nuevos frentes de crisis pues pretende alargar los límites temporales actuales a las detenciones

Idoya Noain

El presidente estadounidense ha firmado una orden ejecutiva para detener la separación de los niños inmigrantes de sus padres cuando estos son detenidos en la frontera sur. / EFE VÍDEO

Donald Trump no es inmune a la presión ni a los cálculos políticos y electoralistas. Este miércoles, tras varios días de indignación creciente, denuncias críticas por la crisis humanitaria que ha abierto separando a familias de inmigrantes que cruzan sin papeles la frontera, y después de que se dispararan los miedos de los republicanos por el potencial efecto negativo de la crisis en las legislativas de noviembre, el presidente de Estados Unidos ha firmado una orden ejecutiva para frenar esas separaciones que él mismo puso en marcha.

"Vamos a mantener a las familias juntas. A la vez, conservamos fuerte la frontera y la seguridad en la frontera, igual o más que antes", ha dicho en el Despacho Oval justo antes de firmar la orden. Trump, no obstante, ha anunciado que no cambia la política de "tolerancia cero", por lo que se seguirán persiguiendo en el sistema de justicia penal todas las entradas ilegales al país.

¿Nueva crisis?

Aunque una crisis puede cerrarse también puede abrirse otra.  Pese a que la orden vuelve a permitir que las familias de inmigrantes permanezcan unidas, busca hacer también que su detención sea indefinida mientras los adultos se someten a sus procesos judicialesAdemás, se insta al Departamento de Defensa a facilitar instalaciones o construir nuevas para albergar a las familias. Hasta ahora los menores que llegaban solos o eran separados de sus familias solo podían ser retenidos en instalaciones especialmente habilitadas para ellos y que dependen del Departamento de Salud y Servicios Humanos. 

Esos dos puntos --la detención indefinida y nuevos lugares para mantener a los menores-- vulnerarían la normativa vigente. En concreto, incumplirían el Acuerdo Flores, aprobado en 1997 y modificado por un tribunal en el 2016, que obliga a mantener a los niños en el espacio "menos restrictivo posible" y solo permite tenerlos bajo custodia un máximo de 20 días. Por eso la orden de Trump insta al fiscal general, Jeff Sessions, a acudir a los tribunales para modificar este pacto (un sueño largamente acariciado por los defensores de la línea más dura con la inmigración). 

Lo que no hacen ni la orden ni Trump o su gobierno es ofrecer ninguna información de qué va a pasar con los 2.342 menores que han sido separados de sus padres en el último mes. No hay, o al menos no se ha anunciado, ningún plan oficial para la reunificación familiar con adultos, que en algunos casos están detenidos y en otros ya han sido deportados.

Maniobras políticas

Aunque la orden atribuye "al Congreso y a los tribunales" la responsabilidad de haber provocado la separación de las familias (incluso se especifica en su título), la crisis fue creada por el propio Trump al decidir aplicar la política de "tolerancia cero" por la que se juzga como criminales a los adultos en lugar de en la justicia civil, como habían hecho las administraciones previas, incluso cuando no tienen antecedentes penales o cuando intentan la entrada en EEUU por primera vez. Fue esa política la que forzó la separación de los menores, que no pueden ser encarcelados con sus padres.

La situación inhumana que provocó ha desatado no solo las críticas de activistas, líderes religiosos y la oposición demócrata sino también de voces destacadas dentro del Partido Republicano. Entre los conservadores en el Congreso empezó a temerse por el efecto negativo que la crisis podía tener en las elecciones de noviembre, con mención especial para las mujeres, que según las encuestas son las más opuestas a la separación de los niños.

Pese a todo, Trump se había enrocado en la defensa de su decisión. El martes mismo daba un desafiante discurso insistiendo con falsedades en que la separación de los niños era responsabilidad de los demócratas y criminalizando a los inmigrantes. Pero la presión social y política, nacional y global, y según algunas fuentes incluso de la primera dama, Melania Trump, y de su hija y asesora, Ivanka Trump, le ha forzado a recular, algo inusual en su mandato.

Para Trump la orden es también un ejercicio de equilibrismo político. Intenta mantener una imagen de dureza para la base de sus votantes más radicales con la inmigración. De hecho, en unas declaraciones por la mañana había dicho: "Si eres patéticamente débil el país va a ser infestado con millones de personas. Y si eres fuerte, no tienes corazón... Quizá preferiría ser fuerte, pero es un difícil dilema".