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EL PODER DE LA FAMA

Trump conmuta la perpetua a la mujer por la que abogó Kim Kardashian

Alice Marie Johnson ha pasado 22 de sus 63 años en una cárcel federal de Alabama por un delito de drogas no violento

La decisión muestra el peso de la fama en el presidente pero esconde una cruenta lucha en su equipo por la reforma del sistema penal

Idoya Noain

Desde la Casa Blanca la justifican por el buen comportamiento de la condenada. / ATLAS VÍDEO

Puede que en estos momentos no haya en Estados Unidos nadie más agradecido al éxito y la popularidad de los personajes de la televisión realidad, a la cultura de las 'celebrities' y al poder de la fama que Alice Marie Johnson. Esta mujer con bisnietos ha pasado casi 22 de sus 63 años en una cárcel federal de Aliceville (Alabama), donde entró en 1996 tras ser condenada a cadena perpetua, pese a que no tenía antecedentes, por un delito de drogas no violento. Este miércoles ha visto como el presidente del país, Donald Trump, ha conmutado su pena. Y en la decisión ha pesado significativamente el lobi que ha hecho a su favor Kim Kardashian, una famosa con ocho millones de seguidores en Twitter más que Trump (y 102 millones más en Instagram).

El anuncio de la Casa Blanca de la conmutación de la pena de Johnson ha llegado justo una semana después de que Kardashian se reuniera con el presidente en el Despacho Oval, un “gran encuentro” según lo definió Trump aquel día en un mensaje en Twitter.


Y aunque en el comunicado de este miércoles no se menciona a la famosa y sí el esfuerzo y trabajo de rehabilitación que ha realizado la propia Johnson, es evidente el peso que ha tenido en la decisión la campaña a favor de la conmutación de la pena de Kardashian, que se ha mostrado eufórica, cómo no, en las redes sociales.


El patrón de la clemencia

Se trata de la segunda conmutación de una pena que aprueba Trump tras la de un empresario en diciembre de 2017, pero el presidente también ha usado ya en varias ocasiones su poder de indulto. Y en el conjunto de esas decisiones de clemencia se intuye un patrón en el que el mandatario no solo escucha a amigos y asesores y ejerce su poder lanzando mensajes políticos (que ejemplifican perdones como los del sheriff xenófobo Joe Arpaio o el de Scooter Libby, que fue jefe de gabinete de Dick Cheney cuando este era vicepresidente) sino también a famosos.

A finales del mes pasado, por ejemplo, Trump concedió el perdón póstumo a Jack Johnson, el boxeador negro que fue condenado por una relación interracial. El actor Sylvester Stallone fue quien le había llamado para contarle la historia del púgil y solicitarle el perdón.

La puerta de este Despacho Oval parece claramente abierta a las 'celebrities', especialmente las que no se identifican con la tendencia supuestamente progresista de Hollywood (Kanye West, el esposo de Kardashian, es desde el principio el más popular defensor del presidente). E involucrándose en las causas en las que estos famosos se vuelcan Trump puede intensificar, aún más, la cobertura mediática, tanto de las reuniones como de las decisiones.

Lucha interna por una auténtica reforma 

Tras los flashes, las fotos y los titulares, no obstante, hay realidades muy complejas. En el actual equipo del presidente, por ejemplo, hay una batalla interna abierta sobre una reforma auténtica del sistema penal que ayudaría a muchas personas a evitar condenas como la que ahora ha conmutado a Johnson. El yerno del presidente, Jared Kushner, encabeza un grupo de trabajo que intenta conseguir esa reforma de sentencias y prisiones, un proyecto que ya se puso en marcha con la Administración de Barack Obama y que es de los pocos asuntos que trata también el Congreso en el que se respira cierto apoyo bipartidista. El trabajo de Kushner, no obstante, tiene serias barreras internas.

El fiscal general de Trump, Jeff Sessions, se opone a la reforma y de hecho la está frenando. Su Departamento de Justicia rechaza la idea de rebajar las penas mínimas obligatorias para delitos de drogas no violentos y ya ha dictado una directiva instando a los fiscales a buscar los cargos más graves que puedan en todos los casos vinculados a drogas. Los más afectados por su política de mano dura son, sobre todo, miembros de minorías.

Quizá parte de la esperanza para muchos de esos  a quienes Sessions tiene en su diana sea no ya solo Kushner, sino Kardashian. Porque este miércoles, tras la decisión sobre Johnson, la famosa ha dicho que espera "continuar este importante trabajo con organizaciones que han estado batallando esta pelea mucho más tiempo y merecen reconocimiento". Y como se ha comprobado, Trump le escucha.