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TENSIÓN EN ORIENTE PRÓXIMO

Tambores de guerra contra Irán

Israel y Estados Unidos preparan el terreno para un posible conflicto contra Teherán y sus intereses en Oriente Próximo

Ricardo Mir de Francia

Trump y Netanyahu estrechan sus manos durante un encuentro en Jerusalén.

Trump y Netanyahu estrechan sus manos durante un encuentro en Jerusalén. / RONEN ZVULUN

Estaba llamado a ser un “anunció dramático”, pero acabó pareciéndose más al enésimo truco reciclado de un mago con el repertorio agotado. Fue el martes en Tel Aviv. El primer ministro israelí compareció con la gravedad de las grandes ocasiones para presentar en sociedad los miles de archivos “secretos” sustraídos por sus servicios de inteligencia en Teherán, los mismos que hace unos años se dedicaban a matar científicos iraníes con bombas lapa adosadas a coches y motocicletas. Con calculada teatralidad, Binyamin Netantyahu levantó las sábanas que cubrían dos armarios repletos de archivadores y CD’s. “Estos archivos demuestran de forma concluyente que Irán miente desvergonzadamente cuando dice que nunca tuvo un programa de armas nucleares”, dijo ante las cámaras.  El conejo estaba fuera de la chistera, pero pocos quedaron impresionados.

El juicio de los expertos fue rápido y unánime: no había casi nada nuevo en aquel discurso porque es público y notorio que Irán ocultó la doble naturaleza de su programa atómico, una actitud que le emparenta con Israel, que nunca ha reconocido tener armas nucleares. Pero también es conocido que el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) determinó ya en el 2011 que los ayatolás abandonaron el programa armamentístico en el 2003, el mismo año en que Estados Unidos invadió Irak, una conclusión que comparten la CIA y el espionaje europeo. En cualquier caso, lo que buscaba Netanyahu tras casi 30 años repitiendo que Irán está a punto de hacerse con la bomba era aportar más munición a Donald Trump para que el próximo 12 mayo rompa el acuerdo nuclear entre Irán y las grandes potencias. Aquel pacto firmado en el 2015 sirvió para restringir el programa iraní y garantizar el acceso a sus instalaciones de los inspectores de la ONU a cambio del levantamiento de las sanciones.

Se mantiene el suspense

El líder estadounidense mantiene el suspense. Ha definido el acuerdo como “el peor de la historia” y ha acusado a Teherán de violar su “espíritu”, a pesar de que la IAEA insiste en que se está cumpliendo a rajatabla. Si lo acaba descertificando, el Congreso tendrá potestad para reinstaurar las sanciones y adoptar una postura más beligerante. La guerra contra Irán estará un poco más cerca y también el viejo objetivo de Netantahu de forzar un cambio de régimen en Teherán, una idea que comparten los halcones en Washington, desde el asesor de seguridad nacional, John Bolton, al secretario de Estado, Mike Pompeo. “Sería como abrir la caja de Pandora, podría significar la guerra”, advirtió esta semana el presidente francés, Emmanuel Macron, partidario de mantener el acuerdo. Lo mismo que sus otros cinco signatarios, Irán incluido. 

La justificación para un nuevo conflicto parece estar coreografiándose a cámara lenta, mientras se hacen preparativos sobre el terreno. Solo en el último mes, Israel ha lanzado dos ataques contra bases militares con presencia iraní en Siria. Dejaron decenas de muertos, cerca de una veintena iranís, y no son más que la punta del iceberg del centenar de bombardeos realizados desde 2012 en el país vecino, según han reconocido sus autoridades. La novedad es que últimamente ya no se limita a atacar convoys de armas o a los clientes de Irán, sino que ha abierto la veda contra las fuerzas iranís que apuntalan al régimen sirio. Teherán de momento no ha respondido. Y no se espera que lo haga hasta que Trump tome una decisión sobre el acuerdo nuclear.

Buscar una respuesta

“Los iranís creen que deben demostrar a Israel que sus operaciones de ataque y estampida no pueden quedar impunes. Su respuesta será probablemente indirecta y asimétrica, pero podría provocar una peligrosa escalada”, dice a este diario Ali Vaez, analista del International Crisis Group. Hay quien piensa que los reiterados ataques israelís son una provación para que Irán responda y obtener así algo parecido a un causus belli. Sus dirigentes insisten que no permitirán que el Estado persa, al que Netanyahu ha comparado con la "Alemania nazi", tenga bases militares o una presencia permanente en Siria.

Si Irán ataca Tel Aviv, dijo recientemente el ministro de Defensa israelí, “atacaremos Teherán y destruiremos todas las instalaciones militares iranís en Siria que amenacen a Israel”. Esa posicionamiento lo comparte la Administración Trump, que acusa a su viejo enemigo de ser el origen de todos los males en Oriente Próximo, de buscar el dominio de la región y ser “el principal sponsor mundial del terrorismo”.

Nadie duda que Irán ha ganado mucha influencia en la región desde que EE UU la reventara con la desastrosa invasión de Irak, pero Israel sigue siendo la indiscutible potencia hegemónica en el terreno militar. La única que cuenta con armas nucleares, por no hablar del apoyo incondicional de EEUU. Irán también gasta bastante menos en Defensa que sus rivales regionales: un 3% de su PIB, frente al 10% de Arabia Saudí o el 6% de Israel, según el Centro Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo.

Hegemonía amenazada

Lo que está sucediendo ahora es que el eje Washington-Tel Aviv-Riad ve su posición hegemónica más amenazada que nunca por la ascendencia iraní, a pesar de que su política es más pragmática de lo que parecería. “Más que buscar esparcir la Revolución Islámica, se basa en cálculos de interés nacional”, ha escrito el analista estadounidense Vali Nasr. Por eso apoya a un régimen laico como el sirio o a facciones sunís como Hamas en Gaza.

La decisión última de evitar una guerra podría estar en manos de Rusia, que no quiere dilapidar su inversión en Siria de los últimos años con conflicto regional. Entre tanto resuenan los tambores. El secretario de Defensa de EE UU, James Mattis, ha dicho que el conflicto entre Israel e Irán "es muy probable", mientras fuentes de su Administración aseguraban a la NBC que el Estado judío “parece estar preparándose para un conflicto armado y buscando el apoyo de EE UU”. Ya sucedió en 2007, cuando George Bush acabó impidiendo la contienda. “No he visto un mayo tan peligroso desde mayo de 1967”, dijo esta semana el general Amos Yadlin. Un mes después de aquella fecha comenzó la Guerra de los Seis Días.