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MODA EN LA ISLA

Cubanos de barras y estrellas

En la isla caribeña es ya muy habitual ver a algunos ciudadanos vestir ropas con los colores y forma de la bandera estadounidense, una moda que repuntó desde que visitó el país Barack Obama en el 2015

Hugo Luis Sánchez

La bandera estadounidense forma parte de la indumentaria habitual de muchos cubanos en La Habana y otras ciudades de la isla.

La bandera estadounidense forma parte de la indumentaria habitual de muchos cubanos en La Habana y otras ciudades de la isla. / AP / YAMIL LAGE

Fuera de las de Estados Unidos,  La Habana es probablemente la ciudad del mundo donde se pasean más banderas estadounidenses y prendas de vestir con las barras y las estrellas. Los diseños que hacen alusión directa a la bandera se ven en las camisetas y blusas bien ajustadas, en las chaquetas, pañuelos, medias y hasta en las prendas más íntimas, además de en juguetes, sombrillas, gorras, sombreros, toallas -si son de playa mejor para mostrarla en público y hacer gala-. En fin, en cuanto objeto seamos capaces de imaginar.

También forman parte de la decoración de muchos vehículos clásicos, esos tan apreciados de los años 50, que exhiben a todo trapo la bandera estadounidense en las antenas o en los espejos retrovisores. Ocurre preferentemente en los coches que pasean turistas extranjeros por la capital, ¡quién lo diría!, bastión del primer y hasta el presente único país socialista de América Latina.

La plaga se ha extendido por todas partes, sobre todo en zonas marginales, como es el caso de La Habana Vieja, desde donde esta moda se ha ido propagando con rapidez al resto de la ciudad.  Tanto es así que parece que haya sido en las cuarterías de la zona colonial donde han nacido a borbotones estas prendas de vestir.

Desfile oficial

Naturalmente que existen límites a la permisibilidad: en la Plaza de la Revolución, durante el pasado desfile oficial por el Primero de Mayo del año pasado, un manifestante salió de sopetón enarbolando el pabellón de Estados Unidos hasta que fue reducido por las fuerzas de seguridad y puesto a buen recaudo. Los periodistas de la televisión estatal -solo hay una y con un único dueño- se cuidan mucho de que no aparezcan en sus imágenes transeúntes disfrazados con la bandera estadounidense o con mudas con el diseño del billete de dólar, el que trae estampada la figura de George Washington, antes maldito.

Aunque ya venía ganando espacio, esta moda de los símbolos americanos tuvo su repunte después de la histórica visita que llevó a cabo a la isla el expresidente Barack Obama, en abril del 2015, único mandatario estadounidense en venir a La Habana desde la llegada al poder en enero de 1958 del ya fallecido Fidel Castro.

En cierta manera, la bandera de Estados Unidos compite abriéndose paso a codazos a la venezolana, que a su vez sustituyó en su día a la de la Unión Soviética, la roja de la hoz y el martillo, luego del desplome del Muro de Berlín y de que Caracas reemplazara a Moscú como sostén de la revolución.

En las tiendas, los emblemas estadounidenses no aparecen a simple vista. Jamás en los establecimientos estatales, pero sí en las particulares, unas legales y otras clandestinas, donde los propietarios las ocultan en los almacenes, debajo de los mostradores. Si un cliente pregunta por ellas al tenedero y a éste el comprador le despierta la debida confianza, no hay problema. Muestra la mercancía y si se tercia se lleva a cabo la transacción. No es que esté prohibido ofrecer este tipo de ropa, ni falta que hace, se venden de todas maneras, pero al decir de los propietarios de esas tiendas “es mejor no quedar señalado".

No hace mucho, aparecer en público con algo que hiciera alusión a esa bandera ocasionaba problemas que podían incluir ser expulsado de la universidad, dado el caso, por “desviación ideológica” y contradecir normas de la ortodoxia.

Las mulas

En nuestros días, estas ropas llegan a la isla transportadas a montones por las mulas, término que se aplica por igual para mujeres y hombres, que las amontonan en sus equipajes y luego las llevan a los distribuidores, en un negocio lucrativo que puede hasta quintuplicar el valor de un pañuelo estampado con la codiciada banderita. Las rutas preferidas por las mulas son Ecuador, Panamá, México, República Dominicana, Trinidad y Tobago. Y cómo no, el estado estadounidense de Florida.

Ante esta estampa de una Habana que antes dijo “Cuba sí, yanquis no” y que hoy bendice el 'American way of life', unas veces con candidez y otras, las más, con marcada intencionalidad, puede que se esté revolviendo en su tumba Bonifacio Byrne (1861-1936), luchador por la independencia cubana y el último poeta patriótico de los tiempos de España, que al llegar por barco a la isla, ocupada entonces por Estados Unidos (entre 1899 y 1902), vio en el castillo de El Morro ondear la insignia estadounidense y escribió un verso muy difundido en sus días más fervorosos por el aparato de propaganda de la Partido Comunista:

“Al volver de distante ribera, / con el alma enlutada y sombría, / afanoso busqué mi bandera  / ¡y otra he visto además de la mía!

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