Ir a contenido

Entrevista

Jesús A. Núñez Villaverde: "Hay una islamización de la radicalidad"

Kim Amor / Barcelona

Jesús A. Nuñez Villaverde.

Jesús A. Nuñez Villaverde. / JUAN MANUEL PRATS

Jesús A. Núnez Villaverde, economista y militar en reserva, especialista en construcción de la paz y prevención de conflictos, con atención al mundo árabe-musulmán, acaba de publicar el libro “Dáesh, el porvenir de la amenaza yihadista” (Ed. Catarata), en el que repasa la historia del Estado Islámico (EI), las causas que le han convertido en una amenaza global y la mejor manera de combatirlo.

- La alarma por el EI saltó en el 2014, con la toma de Mosul ¿Por qué se dejó crecer el monstruo?

- En las guerras de Siria e Irak participan potencias regionales y externas que defienden sus intereses y eso explica que en cierto momento los yihadistas recibieran ayuda. Los principales actores de Siria estaban tan embebidos entonces en sus propios problemas que se cayó en un vacío de poder y, en Irak, en un proceso electoral que llevó a una crisis política. Ese descontrol lo aprovechó EI para extenderse.

- Irak y Siria son dos paises devastados ¿A quién beneficia un mundo árabe fragmentado y débil?

- La región fue fragmentada ya hace décadas, después de la primera guerra mundial por el Reino Unido y Francia en base a sus intereses políticos, económicos y estratégicos. Obligaron a convivir a comunidades que no querían y dividieron a otras que querían estar juntas, como los kurdos. Todo ello creó una base de inestabilidad. Los actores regionales de ahora no buscan dividir sino colocar sus piezas en las mejores casillas del tablero de ajedrez. En esta partida Arabia Saudí e Irán están intentando imponer su dictado como potencias y como líderes regionales, además de Turquía, Catar o Emiratos Árabes.

- ¿Un mundo árabe más débil no beneficia también a Israel?

- Por descontado, pero que se beneficie no quiere decir que esté actuando en primera línea para provocar ese debilitamiento. A Israel le viene muy bien, en primer lugar, la división palestina, que se maten entre ellos. Y que sus vecinos se debiliten mutuamente hace más difícil que vuelvan a unirse para amenazar la seguridad israelí.  A Israel le basta tener los oídos y los ojos bien abiertos para que nada de lo que ocurre en la región afecte a sus intereses, y de hecho así lo hace. 

-¿Por qué EEUU y Europa siguen apoyando a Arabia Saudí si es el principal promotor del islam más radical?

- Creo que la clave sigue siendo geoeconómica. Arabia Saudí posee la cuarta parte de todas las reservas mundiales de petróleo y su papel sigue siendo vital en la OPEP a la hora de mover los precios. Además actúa como factor importante para financiar a otros regímenes de la zona que intentan mantener el ‘statu quo’ que interesa a Washington. Creo que por eso se le ha consentido durante tanto tiempo prácticas que violan el derecho internacional y los derechos de su propia población. 

- En su libro usted habla de una OTAN islámica...

- El primer viaje que hizo Donald Trump como presidente al extranjero fue a Arabia Saudí. Y su planteamiento vino a ser: EEUU no va a meterse en primera línea para resolver los problemas locales y regionales; han de ser los países de la zona los que tomen la iniciativa; EEUU se limitará a vender las armas necesarias y mirará hacia otro lado cuando se violen derechos humanos. Arabia Saudí lidera esa especie de OTAN islámica, una coalición de nueve países árabes sunís que luchan contra los hutís (chiís) del Yemen. El problema es que los saudís pensaron que sería un paseo militar y ahora no sabe cómo salir de ahí.

-Usted rechaza la opción militar como la mejor para acabar con el yihadismo ¿Fue un error no apoyar con decisión las revueltas árabes?

-Sin duda. Las poblaciones árabes se movilizaron contras las carencias, las humillaciones, el totalitarismo, la violación de los derechos humanos y la corrupción y con la clara intención de llevar a cabo reformas alienadas con los valores y principios que Occidente dice que hay que promover y defender. Pero Occidente prefirió la estabilidad impuesta por la fuerza a alimentar procesos que  quizá podrían conducir, como así ocurrió, a victorias islamistas en las urnas. Así pasó en Marruecos, Túnez y Egipto. La posición de Occidente quedó clara con el apoyo que brindó al golpe de Estado de Abdelfatah al Sisi en Egipto. Todas las cancillerías europeas recibieron a Al Sisi con alivio por haberles librado de los Hermanos Musulmanes. Si Europa cree que el apoyo a Al Sisi va a suponer mayor estabilidad y desarrollo para Egipto es que no ha entendido en el mundo en el que estamos.

-¿Por qué considera que los gobiernos occidentales exageran la fuerza del EI, con qué propósito?

-La cifra de muertos por atentados terroristas en el mundo fue en el 2016 de algo más de 26.000 personas. Es una cifra importante pero no es una amenaza existencial por muy dolorosa que sea y por muy duro que sea asumir que va a seguir golpeándonos, no a los países occidentales, en primera instancia, porque más de de las tres cuartas partes de todos los fallecidos son musulmanes. Creo que el sobredimensionamiento de la amenaza busca de forma clara recortar los derechos y libertades que definen a las sociedades occidentales democráticas. La intención es atemorizar a la sociedad y, prometiendo falsamente seguridad absoluta, se logra que esa sociedad acepte un recorte en sus derechos y libertades.

-Usted habla de hacer frente a la islamización de la radicalidad ¿A qué te refiere?

- La cuestión es si lo que está ocurriendo es una radicalización del islam o una islamización de la radicalidad. Cuando miramos hacia los países occidentales creo que los individuos que se radicalizan hasta el punto de pensar que la violencia terrorista es un instrumento útil para resolver sus problemas, son individuos que encuentran bajo la pátina islámica una razón de ser, una guía que les dice que ellos van a ser protagonistas de la historia, que van a cambiar el mundo. Se trata de individuos que se sienten desorientados, excluidos, no integrados en sus sociedades de referencia. En el fondo tienen un escaso conocimiento del islam, prácticamente nulo. Utilizan una, dos, tres o cuatro frases hechas que les dan a entender que actúan en nombre de algo. 

-La gran mayoría de atentados del EI en Europa han sido perpetrados por jóvenes nacidos o criados aquí ¿Qué está fallando?

- Miramos solo lo que está ocurriendo allí afuera y pensamos que son grupos violentos yihadistas que vienen aquí a matarnos cuando, en muchos casos, son individuos nacidos aquí, con nacionalidad europea occidental. Esto nos vuelve a cuestionar nuestros modelos de integración.  No es que todo se arregle a base de medidas sociales, políticas y económicas, incluyendo la educación. Está claro que hay individuos que saben que ya sea por el color de su piel o por su apellido, aunque hayan nacido en ese país, van a tener muy complicada su integración en términos laborables, sociales y van a ser excluidos. Ese individuo por definición va a ser susceptible de caer bajo las redes del reclutamiento yihadista.

- ¿Ese reclutamiento es más fácil ahora?

Antes se hacía habitualmente en las cárceles y en las mezquitas, entre delincuentes comunes o individuos desorientados. Ahora y cada vez más nos lleva a las redes sociales, a la radicalización exprés. A esta radicalización individual es más difícil hacerle frente.

-Entre los terroristas del 11S y los de Ripoll hay un salto generacional ¿Qué les diferencia?

Desgraciadamente la edad, cada vez son más jóvenes. Si de la única manera que se actúa es la policial y militar y no se atiende a las causas estructurales, se logrará la eliminación de los primeros líderes pero detrás de ellos habrá otros que sientan el mismo impulso para apuntarse a esos grupos. Por lo tanto, tenemos un problema enorme. El EI se ha convertido en la mejor marca que vende el mercado yihadista y ha atraído a muchos individuos a sus filas que ya no es necesario que estén en el escenario principal del combate en Siria o Irak. Hablamos de un nuevo modelo ya ensayado de la llamada  resistencia sin liderazgo: llevar a cabo en su entorno más inmediato acciones violentas cuando puedan, contra quien puedan y como puedan. Estamos en el llamado terrorismo 'low cost'.

-Crece la islamofobia a la par que la extrema derecha en Europa ¿Forma parte de la estrategia del EI?

Creo que eso escapa a sus posibilidades, aunque tiene un aparato de propaganda desgraciadamente magnifico y así lo ha demostrado. Les basta con explotar las propias fracturas y deficiencias internas de nuestras sociedades. Una globalización desigual en la que se acumulan los perdedores. Crecen los populismos que cultivan el odio al otro, al distinto. Eso favorece al discurso del yihadismo que predica que occidente intenta eliminar y destruir al islam. Creo que ellos saben jugar muy bien a este juego.