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ESCÁNDALO DE CORRUPCIÓN

La 'Rasputina' de Corea del Sur, condenada a 20 años de cárcel

Un tribunal la considera culpable de abuso de poder, coacción y soborno

Adrián Foncillas

La misteriosa Choi Soon-sil.

La misteriosa Choi Soon-sil. / LEE JIN-MAN / AP

La tenebrosa muñidora de la mayor y más inverosímil trama de corrupción y tráfico de influencias de la historia surcoreana ha sido condenada a 20 años de prisión. La sentencia sobre Choi Soon-sil, más conocida como 'la Rasputina', llega cuando la expresidenta Park Geun-hye espera la suya sobre su implicación en el mismo escándalo y su severidad no le permite mucho optimismo. La bicefalia más poderosa durante años en Corea del Sur pasará un largo tiempo entre rejas.

Un tribunal de Seúl ha condenado a Choi por abuso de poder y otros ocho delitos. Considera probado que se aprovechó de sus “viejos vínculos” con la presidenta para obligar a una cincuentena de compañías a donar fondos a sus fundaciones. Choi aceptó 14 mil millones de wons (más de 10 millones de euros) sólo de la multinacional Samsung e “intervino profundamente en asuntos estatales”. A Choi la conocen como Rasputina por aquel monje que pilotaba la Rusia zarista desde bambalinas a principios del pasado siglo.

La trama no se entiende sin la complicada juventud de Park, comprensiblemente aturdida después de los asesinatos de sus padres. Buscó refugio en Choi Tae-min, líder de una secta que defiende una confusa mezcla de cristianismo, budismo y cheondoísmo local. Choi le prometió que podía contactar con su madre en el Más Allá y desde entonces se convirtió en su mentor hasta su muerte en 1994. “Abundan los rumores de que el pastor tiene un control absoluto sobre el cuerpo y alma de Park desde sus años de formación y que sus hijos han acumulado grandes fortunas”, señalaba en 1994 el embajador estadounidense en un cable revelado por Wikileaks. Los rumores también apuntaban a una “relación inapropiada” a pesar de su diferencia de edad. Park habría fortalecido su relación con la hija después de la muerte de su padre. La hija es Rasputina y, según la prensa local, mantuvo una influencia chamanística sobre la presidenta. La historia sería increíble si no estuviera respaldada por pruebas.

Sin cargo ni oficina

Choi, sin cargo ni oficina conocidos, dictó a Park las directrices que iban desde su vestuario a cuestiones trascendentales como la política con Corea del Norte. El examen de los ordenadores de Choi por una cadena de televisión nacional demostró que corrigió y supervisó importantes discursos presidenciales y recibía informes clasificados. Otras medios aseguran que estaba detrás de políticas económicas, de defensa y diplomáticas.

Los vínculos germinaron en una maquinaria para ordeñar a las compañías locales a cambio de favores gubernamentales. El escándalo ha salpicado al fondo de pensiones y a los grandes conglomerados empresariales que sustentan la economía nacional. Lee Kyu-chul, presidente de facto de Samsung, fue condenado a cinco años por sobornos y soltado la semana pasada después de cumplir uno. Ayer fue condenado Shin Dong-bin, presidente del gigante Lotte, a dos años y medio de cárcel. Park y Choi dejaron detrás de sí sólo tierra quemada. Incluso dinamitaron la confianza en el sistema educativo cuando trascendió que la prestigiosa Universidad Ewha hubo de incluir las victorias en campeonatos ecuestres entre sus criterios de acceso para hacerle un hueco a una hija de Choi.  El asunto, que le costó a Choi una condena de tres años en un juicio previo, escandalizó a un país con una competitividad tan extrema en las aulas que provoca suicidios juveniles

Delirante revelaciones

Aquella sucesión diaria de delirantes revelaciones acabó provocando protestas multitudinarias durante meses. Park saltó de la presidencia en un proceso de impeachment y ha denunciado el juicio como una confabulación de las fuerzas de izquierda. Espera en la prisión una condena que podría rondar los diez años. 

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