MORTÍFERO ATENTADO EN AFGANISTÁN

Un suicida del Estado Islámico provoca una carnicería en una manifestación en Kabul

La explosión de un kamikaze causa al menos 80 muertos y 230 heridos en una marcha pacífica de la minoría hazara, que protestaba contra un proyecto eléctrico del Gobierno

Restos del atentado suicida en que han muerto al menos 80 personas en Kabul. / HEDAYATULLAH AMID / KABUL

Restos del atentado suicida en que han muerto al menos 80 personas en Kabul.
Fuerzas de seguridad afganas junto a un cadáver tras el mortífero ataque suicida en Kabul.
Un manifestante afgano grita cerca de la escena del ataque suicida contra la minoría hazara, en Kabul, este sábado.
Manifestantes afganos de la minoría de los hazaras gritan consignas contra un proyecto eléctrico gubernamental que dicen que les excluye, en Kabul, este sábado.
Voluntarios afganos mueven los cuerpos de víctimas del atentado suicida, en Kabul, este sábado.

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Un atentado suicida con bomba contra una manifestación pacífica de la minoría étnica hazara  en Kabul ha provocado este sábado al menos 80 muertos y 231 heridos, según los últimos datos ofrecidos por el Ministerio afgano de Interior. El atentado, reivindicado por el Estado Islámico (EI), es el más sangriento cometido hasta ahora por la organización yihadista en Afganistán, y supone un salto cualitativo en la capacidad operativa del grupo, en unos momentos en que se suponía que estaba cercado por el Ejército en su principal bastión del este del país.

La explosión se ha producido hacia las 14.30 hora local (10.00 GMT) en medio de una marcha sin connotaciones religiosas, para protestar contra un proyecto eléctrico del Gobierno que los hazaras denuncian que excluye a esta minoría. Miles de manifestantes se encontraban en la zona de Dehmazang de la capital afgana, después de que el fuerte cordón de seguridad les impidiera alcanzar el palacio presidencial.

A la explosión siguieron crudas escenas de cadáveres esparcidos por el asfalto y heridos ensangrentados que pedían ayuda, mientras comenzaban a ser evacuados hacia hospitales en cualquier vehículo disponible. Entre escenas de nervios y pánico, los equipos de ayuda, fuerzas de seguridad y muchos de los manifestantes intentaban ayudar a un número creciente de heridos.

CIVILES Y MILITARES

"Los terroristas entraron entre los manifestantes y llevaron a cabo las explosiones", aseguró el presidente afgano, Ashraf Gani. El mandatario afirmó en un comunicado que entre los fallecidos y heridos se encuentran "miembros de las fuerzas de seguridad y defensa", pero sin aportar más detalles. Interior, por su parte, confirmó que aunque la mayoría de víctimas son civiles, entre ellas también se encuentran "un número de fuerzas de seguridad" que vigilaban la marcha, informa Efe.

"De acuerdo con la información inicial, tres suicidas con bombas cometieron el ataque. Uno detonó su chaleco explosivo, el segundo falló en su intento de explotarlo y el tercero fue abatido por las fuerzas de seguridad afganas", detalló Interior en un comunicado.

CINTURONES CON EXPLOSIVOS

El EI, que se atribuyó el ataque a través de su agencia de noticias Amaq, asegura que fueron dos de sus combatientes los que "detonaron cinturones con explosivos en una concentración de chiís en la zona de Dehmazang en Kabul". La carnicería supera en número de víctimas el ataque también reivindicado por el EI en abril del año pasado en la ciudad oriental de Jalalabad, con 35 muertos y 125 heridos, que hasta entonces había sido el más mortífero de este grupo en territorio afgano.

Además el presidente Gani y del jefe del Gobierno afgano, Abdulá Abdulá, organizaciones como Amnistía Internacional, la embajada de EEUU en Kabul -que ha pedido a sus ciudadanos que extremen la seguridad- y la misión Apoyo Decidido de la OTAN en Afganistán han condenado esta nueva acción sangrienta contra civiles.

CONDENA TALIBÁN

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Zabaiullad Mujahid, portavoz de los talibanes, enemigos declarados del EI, criticó el atentado y se expresó en contra de "cualquier ataque que cause división y discriminación entre la gente y la religión", añadiendo la criminal acción respondía a un "plan para hacer estallar una guerra civil". Esta condena tuvo lugar pese a que los hazaras han sido objeto desde hace años de ataques sectarios y secuestros en grupo por parte de los propios talibanes y otros grupos insurgentes.

Los yihadistas están presentes en Afganistán al menos desde al año pasado, pero en marzo las autoridades habían anunciado su derrota en su principal bastión de la provincia oriental de Nangarhar, aunque desde entonces no han cesado los combates contra esta formación ni tampoco los ataques del EI.