29 mar 2020

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CRISIS POLÍTICA EN FRANCIA

Valls tira otra vez de decreto y consolida la reforma laboral

El texto no será sometido al voto de la Asamblea Nacional y la derecha descarta presentar una moción de censura contra el Gobierno

Eva Cantón

El primer ministro, Manuel Valls, en la Asamblea Nacional durante el debate de la reforma laboral. 

El primer ministro, Manuel Valls, en la Asamblea Nacional durante el debate de la reforma laboral.  / AFP / THOMAS SAMSON

El Gobierno francés se ha mantenido firme hasta el final y ha vuelto a echar mano del decreto para aprobar su polémica reforma laboral en la Asamblea Nacional. El primer ministro, Manuel Valls, ha anunciado este martes en el hemiciclo la activación de la artillería pesada -el artículo 49.3 de la Constitución- que permite sacar adelante un texto legislativo sin someterlo al voto del Parlamento. La reforma se aprobará definitivamente este miércoles si no se vota ninguna moción de censura contra el Ejecutivo.

Valls ha argumentado que el Gobierno tiene el deber de liderar las reformas que el país necesita para ser más fuerte frente a la competencia internacional, proteger a los trabajadores y adaptar la economía francesa a un mundo en plena mutación.

“Es un texto de progreso social que ha sido objeto de una amplia concertación”, ha defendido Valls. Asimismo, ha denunciado una “alianza” de fuerzas inmovilistas dispuestas a bloquear la reforma frente a las cuales el Gobierno está dispuesto a “avanzar”. Tras su anuncio, los diputados conservadores abandonaron el hemiciclo mientras el primer ministro continuaba su discurso en la tribuna en medio de los abucheos.

DIPUTADOS REBELDES

Durante la reunión del grupo socialista previa a la apertura de la sesión en la Asamblea, se desvaneció la última posibilidad de lograr un compromiso con los diputados ‘rebeldes’ a través de una enmienda sobre la remuneración de las horas extraordinarias firmada por 130 parlamentarios que finalmente no se ha materializado.

El texto llegaba a la Asamblea para su segunda lectura tras haber pasado por el Senado, donde la mayoría conservadora lo había endurecido notablemente. Finalmente, la cuarta versión de la ley elaborada por la ministra de Trabajo, Myriam El Khomri, ha eliminado los cambios introducidos por la Cámara Alta y ha modificado muchas de las disposiciones que figuraban en el proyecto inicial presentado el pasado febrero.

Frente a las críticas de sindicatos y organizaciones estudiantiles, el Ejecutivo suprimió en marzo los topes impuestos a los tribunales laborales para las indemnizaciones por despido improcedente. También rebajó el alcance de los despidos por razones económicas que pueden esgrimir las empresas y suavizó los capítulos sobre la jornada laboral semanal o la remuneración de las horas extraordinarias.

Sin embargo, no cedió un ápice en el artículo 2, que cristaliza el descontento de los socialistas rebeldes -unos 40- y las dos centrales sindicales más beligerantes con la reforma -CGT y FO- al situar los acuerdos alcanzados en la empresa por encima de los sectoriales.

Tanto el presidente François Hollande como su primer ministro habían reiterado en múltiples ocasiones que eliminar ese artículo equivaldría a desnaturalizar la filosofía de la reforma y que, por tanto, descartaban cualquier rectificación.

UNA 'MASCARADA'

El Ejecutivo ha zanjado pues el debate, al menos de momento, tras cuatro meses de batalla tanto en el hemiciclo como en la calle usando de nuevo el decreto, como ya hizo en mayo durante la primera lectura del proyecto de ley en la Asamblea. En aquella ocasión, tuvo que someterse a una moción de censura de la derecha, que superó sin dificultad.

Este martes, en cambio, el partido de Los Republicanos no presentará una reprobación al Gobierno, según ha anunciado su jefe de filas en la Asamblea Nacional, Christian Jacob. En su opinión, conviene poner fin a esta “mascarada” para que Valls “se las apañe con su campo de ruinas” y que los franceses elijan dentro de nueve meses una nueva mayoría parlamentaria.

DIVISIÓN EN EL SOCIALISMO

A menos de un año de las elecciones presidenciales, los reiterados golpes de autoridad del Ejecutivo para sacar adelante sus reformas –también usó el decreto para aprobar una tímida liberalización de la economía en julio del 2015- minan su credibilidad y acentúan la división en el seno del Partido Socialista.

El rechazo a la ley se ha mantenido vivo durante meses y ha provocado una gran contestación social a menudo salpicada de violencia. Tras haber hecho varias concesiones, el Gobierno ha logrado atraerse al principal sindicato reformista (la CFDT) pero se ha dejado por el camino el apoyo de la patronal sin haber desactivado la revuelta en la izquierda. Algunos diputados ‘rebeldes’ dejaban planear la duda sobre una eventual moción de censura, para la que necesitan reunir 58 firmas.

Mientras Valls desenfundaba el decreto, 30.000 manifestantes, según el Ministerio del Interior, han protestado en las principales ciudades francesas. La movilización remite poco a poco pero la CGT no baja la guardia y ha anunciado nuevas acciones en septiembre. “El cabreo sigue ahí y el Gobierno no ha terminado todavía con la reforma laboral”, ha declarado su secretario general, Philippe Martínez.