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Clinton, ahora sí

La exsecretaria de Estado logra los votos y respaldos para ser la primera mujer que opta a la presidencia de EEUU

Obama podría darle su apoyo en las próximas horas y presionar a Sanders para que despeje el camino del duelo con Trump

Idoya Noain

Hillary Clinton sube al estrado durante un mitin en California.

Hillary Clinton sube al estrado durante un mitin en California. / AFP / JONATHAN ALCORN

Este martes se cumplían justo ocho años del momento en que Hillary Clinton, al conceder que el senador Barack Obama le había ganado la guerra de las primarias en su primer asalto a la Casa Blanca, se proclamó al menos orgullosa de haber hecho con los 18 millones de votos cosechados "18 millones de brechas en el techo de cristal" que, durante 227 años, ha mantenido fuera de una candidatura presidencial de Estados Unidos a una mujer. 2.920 días después, Clinton finalmente lo ha hecho añicos.

El lunes por la noche, horas antes de que durante la jornada votaran Nueva Jersey, California y otros cuatro estados, Clinton supo a través del recuento de la agencia Associated Press que, entre delegados salidos de las urnas y superdelegados que nombra directamente el Partido Demócrata y que eligen libremente a qué candidato apoyar, suma los 2.383 votos necesarios que le aseguran convertirse en la nominada en la votación en convención el 25 de julio en Filadelfia (Pensilvania). Y quedan muchas equis en las ecuaciones políticas, incluyendo qué hará su rival demócrata, Bernie Sanders, que hasta ahora ha insistido en que piensa mantener la lucha hasta la convención. Pero hasta la propia Clinton, 68 años de vida y más de tres décadas en la escena pública y política estadounidense y mundial, no podía evitar verse al borde de "un momento histórico, sin precedentes" y "realmente emotivo". 

Al borde pero aún no ahí. Al menos no para declararlo públicamente. Y si la exsecretaria de Estado, exsenadora y exprimera dama contenía la celebración, siquiera por unas horas y aunque ya preparaba su discurso de victoria, era porque aún quedaban las votaciones de este martes, que son trascendentales mucho más que por el mero reparto de delegados. Ella y su equipo no querían que sus votantes dieran la victoria ya por segura y no acudieran a votar, especialmente en California, donde las encuestas arrojaban un empate técnico. Y es que en el estado más poblado y que más votos reparte, tanto en primarias como para el colegio electoral en las elecciones presidenciales, el mensaje de las urnas es vital.

En un reto a Clinton mucho más intenso y prolongado de lo que nadie había previsto, Sanders ha logrado amalgamar un verdadero movimiento al que se han sumado muchos jóvenes y las bases más progresistas. Sus victorias han dejado en evidencia algunas de las vulnerabilidades y carencias de Clinton, votada los últimos 20 años como la mujer más admirada del mundo en una encuesta anual de Gallup y a la vez la candidata presidencial demócrata que empieza con peor valoración la carrera por el Despacho Oval. Y aunque haya acabado siendo favorable para ella la matemática de delegados y la más polémica de superdelegados, la batalla por unificar al partido y convencer a algunos votantes independientes hastiados del establishment de elegirla sobre Donald Trump no ha hecho más que empezar.

PRESIÓN PARA EL RIVAL

La mayor presión, no obstante, recae ahora ante todo sobre SandersBarack Obama está ansioso por empezar a hacer campaña y "poner toda la carne en el asador", en palabras de su directora de comunicaciones, Jennifer Psaki, para intentar asegurar que un demócrata le sucede en la presidencia. Podría anunciar su respaldo a Clinton en las próximas horas, sin esperar siquiera a que vote el martes que viene el Distrito de Columbia. Y ese paso enviará el claro mensaje a Sanders (a quien Obama llamó personalmente por teléfono el domingo) de que le está instando a abandonar, por más que el senador insista en que él es quien puede movilizar a más gente para las presidenciales del 8 de noviembre, recuerde que sus números en un potencial duelo con Trump son mejores que los de Clinton, insista en denunciar como antidemocrático el sistema de superdelegados (aunque a la vez se vea forzado a cortejarles para mantener vivas sus opciones) y haya mantenido hasta el último momento el tono desafiante y las duras críticas a Clinton por sus lazos a Wall Street y los intereses especiales.

Lo que se da por sentado es que en ningún caso el presidente esperará a la convención, porque sabe que su posicionamiento ayudará a convencer a algunos demócratas reacios a apoyar a Clinton y porque es consciente también de que Trump representa una amenaza demasiado impredecible y mucho mayor de lo que se anticipó.