EL DRAMA DE LA INMIGRACIÓN

Nawal, el ángel de los refugiados sirios

Una joven siciliana de origen marroquí canaliza en su móvil las peticiones de auxilio de los náufragos procedentes de Siria

Nawal Soufi.

Nawal Soufi. / AFP / TIZIANA

3
Se lee en minutos

Nawal Soufi nunca olvida su teléfono móvil. El destino ha querido que el número de esta frágil siciliana de 27 años sea al que llaman a menudo muchos refugiados sirios perdidos en el mar, en demanda de auxilio.

La primera llamada de pánico llegó una mañana del verano del 2013: cientos de sirios estaban perdidos en el Mediterráneo en un barco que perdía agua. Pasada la sorpresa inicial, ella misma llamó a los guardacostas italianas, que le explicaron cómo ayudar a los inmigrantes a localizar sus coordenadas GPS en su teléfono por satélite para guiar su rescate. Tras largas horas de silencio, Nawaf pudo por fin respirar: estaban todos sanos y salvos. En adelante, este escenario se repetiría centenares de veces.

"Una llamada puede llegar a cualquier hora. Son inmigrantes en el mar, que gritan 'somos 500 personas a bordo, no nos queda agua, estamos en el mar desde hace 10 días...'", explica la joven, cuyo singular destino ha sido objeto de un libro, 'Nawal, el ángel de los refugiados', publicado la semana pasada en Italia.

Una noche de este mayo, le costó cinco horas de esfuerzos calmar a su interlocutor y obtener las coordenadas GPS del barco, la única información que importaba en aquel momento. Los 345 pasajeros, un tercio de ellos niños, fueron finalmente rescatados.

"Italia tiene un sistema de acogida que hace aguas por todas partes, pero posee uno de los mejores sistemas de auxilio de Europa", dice Nawal con orgullo.

REVOLUCIÓN SIRIA

Nacida en Marruecos pero desplazada a las tres semanas a Catania, a los pies del Etna, Nawal es una apasionada de la revolución siria desde la primavera del 2011, y pasa noches enteras conectada a las redes sociales, en contacto con militantes contrarios al presidente Bashar el Asad. En marzo del 2013, acompañó a una ambulancia cargada de medicamentos hasta Alepo, dejando su número de teléfono en cada reunión. Ahora, su móvil circula entre los candidatos al exilio, y aunque ella ha difundido de forma destacada el número de los guardacostas en su página de Facebook, su teléfono sigue sonando.

En su página en árabe, Nawal publica regularmente las grabaciones de audio de sus conversaciones, y también comentarios de gente cansada. Porque los que llaman no siempre llegan hasta Italia.

VACÍO INTERIOR

Ante cada drama, "siento un vacío, un vacío que no tiene sentido. ¿Cómo podemos pensar en el 2015 que la solución es hacer viajar a la gente en esas embarcaciones?, se interroga, en referencia a las pateras que se echan al mar repletas de inmigrantes.

La noche del 20 de abril, estaba en el muelle de Catania, perdida entre decenas de periodistas que cubrían la llegada de 28 superviventes de un naufragio que había causado 800 muertes dos días antes. Usaba nerviosamente su viejo teléfono móvil, que prefería a cualquier otro por su batería indestructible: no había tiempo para el duelo, seguía recibiendo llamadas de auxilio.

A estas llamadas de socorro se le añaden también las de familiares ansiosos por saber si hijos, madres o maridos han podido sobrevivir a cada nueva tragedia que sucede en el Mediterráneo.

OLA DE ANGUSTIA

Aquellos a los que ha intentado dejar su teléfono para descansar un poco, se lo han devuelto al cabo de 24 horas, superados por esta ola de angustia. "No lo aguantamos pero llega un momento en que lo aceptamos como misión. Es duro, pero es la crueldad del mundo", explica Mussei Zerai, un sacerdote que desde el 2003 recibe las llamadas de ayuda de eritreos perdidos en el mar o incluso secuestrados en Libia o en el Sinaí.

"Afortunadamente hay muchos jóvenes comprometidos como Nawal", añade Zerai. "Admiro su valentía, no es fácil, sobre todo para una joven en el sur de Italia", agrega.

INTÉRPRETE A TIEMPO PARCIAL

Noticias relacionadas

Cuando no está al teléfono, Nawal sigue en Catania estudios de ciencias políticas, trabajando a tiempo parcial como intérprete en los tribunales de Sicilia. También pasa mucho tiempo en la estación de trenes, donde inmigrantes que han desembarcado continúan su viaje hacia el norte de Italia, a pesar de la normativa europea.

"Mi labor consiste en bloquear a los traficantes, explicar a los refugiados que pueden cambiar sus dólares en el banco o tomar un tren hacia Milán", sin tener que acudir a un intermediario corrupto, explica la joven.