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VIOLENCIA EN ASIA

«Los talibanes nunca se han ido del todo»

La periodista y activista Mariam Mana avisa del riesgo de que el Gobierno afgano no pueda contener a la insurgencia

MARTÍ BENACH / BARCELONA

Mariam Mana (Teherán, 1988) creció en Irán con su familia exiliada hasta los 17 años. Estudió Ciencias Políticas en la Kateb University de Kabul, compaginando sus estudios con su trabajo como periodista. Ha participado en iniciativas para promover la cultura y la justicia en Afganistán, y en el 2012 fue la coordinadora del Afghanistan Human Rights Film Festival. Este invierno sobrevivió a un atentado suicida contra el Instituto Cultural Francés en Kabul. En su primer viaje a Europa, ha estado en Barcelona, invitada por Casa Asia y la asociación Jiwar.

-¿Qué ha cambiado para las mujeres tras la caída del régimen talibán, hace ya 15 años?

-Los cambios son evidentes. Antes, las mujeres estaban completamente sometidas. No podían alzar la voz, las obligaban a llevar burka y no podían caminar solas por la calle ni ir al colegio. Ahora tenemos mujeres muy activas, en el Gobierno, en organizaciones internacionales, en el Parlamento... Pero Afganistán sigue siendo un país muy conservador, dominado por hombres y las afganas aún están discriminadas. No gusta que quieran ser diferentes y salgan de casa a defender sus derechos.

-¿Qué pasa cuando algunas se atreven a hacerlo?

-Lo que le pasó a Kubra Khademi, una artista visual amiga mía, que salió con una armadura para denunciar el acoso sexual que sufrimos a diario las mujeres en la calle. Nos acosan constantemente y ni siquiera podemos quejarnos. Kubra lo hizo y fue insultada y apedreada. Sigue recibiendo amenazas.

-A la violencia sexista se suma la inseguridad por los atentados terroristas.

-Sí, la vida cotidiana está siempre condicionada por esta cuestión. Ante cualquier evento hay que prever antes las medidas de seguridad. En la calle, en cualquier minuto puede haber una explosión o un ataque suicida. Los extremistas atacan los centros cívicos porque temen su poder como plataformas de reunión y de diálogo. Este invierno le tocó al Instituto Cultural Francés de Kabul, que ha dejado de funcionar.

-Usted sobrevivió al atentado. ¿Cómo recuerda aquella experiencia?

-Me duele recordar aquel día. Estábamos viendo una obra de teatro sobre el silencio y el 'shock' que se producen tras una explosión. Al cabo de 20 minutos, de pronto, oímos un fuerte estallido y todo el mundo empezó a gritar y a correr. Fue un atentado suicida. Al principio, no lo podía creer y no supe cómo reaccionar. En la oscuridad, encendí el móvil y vi un hombre con la cara completamente desfigurada. Luego noté que tenía la chaqueta ensangrentada, con restos de carne humana en la espalda. Fue horroroso, horroroso.

-Los ataques se han intensificado con la retirada de la OTAN. ¿Teme el regreso de los talibanes?

-Nunca se han ido, viven entre nosotros, pero es difícil identificarlos. Sufrimos una guerra desigual. En la anterior sabías quién era el enemigo, ahora no sabes dónde está. Vienen fácilmente a Kabul y atacan a quien quieren. ¿Qué significa que atentaran contra el Hotel Serena, con la máxima seguridad, a 100 metros del palacio presidencial? Cuando desafían así al Gobierno, no permitiendo vivir en condiciones de paz, es como si ya hubieran vuelto.

-¿Le preocupa la infiltración del Estado Islámico en Afganistán?

-Sí, y no soy optimista sobre el futuro de Afganistán. El Gobierno no tiene capacidad para hacer frente a los talibanes y otros grupos insurgentes, lo que es una oportunidad para los extremistas de otros países. Como se vio en Túnez, el extremismo está creciendo y requiere un esfuerzo internacional para detenerlo.