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Chiís y sunís llevan su guerra al campus de Beirut con 4 muertos

El Ejército decreta el toque de queda al extenderse los disturbios a la ciudad

La oposición exhibe su fuerza en las calles mientras el Gobierno se tambalea

RICARDO MIR DE FRANCIA / JERUSALEM

El éxito económico cosechado en París por el primer ministro libanés, Fuad Siniora, quedó ayer ensombrecido por un nuevo estallido de violencia en las calles de Beirut.

Centenares de estudiantes sunís, partidarios del Gobierno, y chiís, simpatizantes de la oposición, se enfrentaron con piedras, barras de hierro y mobiliario urbano en el campus de la Universidad Árabe de Beirut. Los disturbios se propagaron con rapidez por los alrededores del campus y otras zonas de la capital, lo que recordó a muchos libaneses los años trágicos de la guerra civil. Cuatro personas murieron, entre ellas dos estudiantes, y al menos 25 personas resultaron heridas. Ante la gravedad de los disturbios, el Ejército decretó al caer la tarde el toque de queda nocturno.

POR UNA DISCUSIÓN DE BAR Una simple discusión en la cafetería de la universidad sobre quiénes fueron los responsables de la violencia durante la huelga general de hace dos días acabó poniendo a Beirut en llamas. Y lo que es peor, exacerbando --ahora ya con sangre de por medio-- las diferencias entre sunís y chiís. El desenlace fue una explosión espontánea de violencia. Una batalla campal en la que se levantaron barricadas, se destrozaron y quemaron vehículos y papeleras, e incluso ardieron algunos edificios. Algunos testigos declararon haber visto cómo desde los tejados del barrio suní donde se originó la trifulca se disparaba a los estudiantes.

El Ejército tomó la ciudad en un despliegue imponente para tratar de frenar los choques entre ambos bandos. Desde París el primer ministro, el suní Fuad Siniora, pidió "cordura a todo el mundo". Mientras que el dirigente de la oposición, el secretario general del movimiento chií Hizbulá, Hasán Nasralá, exigió a sus simpatizantes que se retiraran de las calles.

Pero la tensión parece haberse desbordado, tras dos meses de movilizaciones contra el Gobierno que han paralizado la vida política del país y tras el fracaso de toda mediación, incluida la de la Liga Árabe, para encontrar una salida a la crisis. El miércoles, Nasralá advirtió de que la oposición, de la que forma parte también el partido cristiano de Michel Aoun y un sector minoritario de la comunidad drusa, tiene la fuerza política, popular y organizativa suficiente para derribar al Gobierno cuando le plazca.

Paralelamente a los encontronazos entre chiís y sunís, que se liaron a tiros el miércoles durante los funerales de los dos muertos que dejó la huelga general en Trípoli, crecen los recelos y las amenazas entre los líderes rivales de la comunidad cristiana: Michel Aoun y Samir Geagea, coligado con el Gobierno prooccidental de Siniora.

CLIMA DE GUERRA CIVIL

Como ocurrió durante los tres lustros de feroz sangría civil, se vuelve a dibujar en el Líbano --cuna de células terroristas durmientes y tablero donde las potencias se disputan el control de Oriente Medio-- un escenario de todos contra todos. Por eso, ayer, el editorial del Daily Star libanés clamaba: "El futuro del Líbano es más importante que el orgullo de sus políticos".

Temas: Beirut