31 may 2020

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Septiembre del 2013 fue un muy barcelonés momento del Bibidi Babidi Bú. Ha ocurrido más veces. El desaliñado mercado de los Encants, en la acera oeste de la plaza de las Glòries, renacía a dos pasos de su espacio original. Lo hacía al este de la plaza y con un vestido arquitectónico que ya quisiera Cenicienta para el baile, con un juego de espejos deslumbrante como cubierta. Pasados dos meses, las cifras dejaban boquiabiertos hasta a los más optimistas, 150.000 visitantes por semana. El encantamiento ha durado poco. Es medianoche en los Encants. Metafóricamente, por supuesto. Los corceles vuelven a ser ratones. Tras soportar ocho años de ingratas obras en Glòries y ver mancillada durante meses su imagen con el llamado mercado de la miseria, el Ayuntamiento de Barcelona ha comunicado a los comerciantes una importante subida del canon y de las tasas que pagan los comerciantes por su presencia en los Encants. Eso, además, cuando ni por asomo pasan semanalmente ya por el lugar 150.00 personas. Tan tensa está la situación que los comerciantes preparan una demanda judicial contra el Institut Municipal de Mercats (IMMB), entre otras razones, por incumplimiento de contrato.