Ruptura sonada

El divorcio de los Gates abre las preguntas sobre el futuro de su fundación

  • La Fundación de Bill y Melinda Gates tiene una influencia desmedida en el ámbito de la salud global

  • Los expertos creen que la entidad continuará, aunque no descartan que la pareja redoble sus esfuerzos fuerza de ella

Bill y Melinda Gates, en Francia, en 2017

Bill y Melinda Gates, en Francia, en 2017 / Reuters / Kamil Zihnioglu

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Cuando Donald Trump congeló los fondos que Estados Unidos aporta a la Organización Mundial de la Salud (OMS) e inició los trámites para abandonar su organigrama, algunos expertos en salud global no pudieron ocultar su preocupación. El espacio dejado por el mayor donante de la agencia de Naciones Unidas no iba a ser ocupado por Europa, China o Japón sino por una fundación privada de transparencia cuestionada, guiada por el criterio de sus fundadores y sin obligación de rendir cuentas a nadie. Esa entidad, la Fundación de Bill y Melinda Gates, gasta anualmente más que la OMS en salud global, una organización de la que es su segundo donante por detrás de EE UU, datos que sirven para comprender la influencia desmedida que el matrimonio Gates tiene en el mundo. 

“El principal criterio que guía la Fundación se deriva de los intereses y pasiones de la familia Gates”, escribió hace unos años la revista ‘Lancet’ en uno de sus editoriales. “¿Pero es este sistema de gobernanza lo suficientemente bueno?”. Las preguntas sobre el futuro de este pulpo global dedicado a combatir la pobreza y las enfermedades, con una dotación de 50.000 millones de dólares, más que el producto interior bruto de un centenar de países, se han reavivado desde que los Gates anunciaran sus planes para divorciarse tras 27 años de matrimonio.  

Seguirán trabajando juntos

La pareja dice tener un acuerdo para dividir sus propiedades de titularidad compartida, así como sus intereses empresariales y su pasivo, aunque ese acuerdo no se ha hecho público. También se comprometen a seguir como copresidentes y administradores de la Fundación, una responsabilidad que comparten con Warren Buffet, quien habría donado el año pasado a la entidad 2.000 millones de dólares en acciones de Berkshire Hathaway como parte de su compromiso para donar en vida casi la totalidad de su fortuna, un movimiento entre las grandes fortunas iniciado por Bill Gates

“Seguirán trabajando juntos para diseñar y aprobar las estrategias de la fundación, defender su mision y marcar su rumbo general”, dijo la entidad en un comunicado. Hay muchísimo en juego. Creada en el año 2000 por el padre de Microsoft y la ingeniera informática con quien se casó, una Melinda que adquirido un papel crecientemente relevante en su seno con su defensa de los derechos de las mujeres y las niñas, la fundación es un actor de primer orden en multiples ámbitos, empezando por la lucha contra la malaria, el sida y el últimamente el Covid-19, tanto en lo que respecta al desarrollo de la vacuna como su distribución entre los países más pobres. 

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Una influencia muy ligada a la idiosincrasia de sus dueños, defensores a ultranza de los derechos de propiedad intelectual de las farmacéuticas en un momento en que muchas voces abogan por suspenderlos para poder fabricar vacunas genéricas contra el coronavirus. Entre los expertos predomina la idea de que la fundación continuará, aunque no se descarta que Melinda Gates pueda crear la suya propia en paralelo. “Es posible imaginarse dos caminos separados en los que siguen trabajando juntos en la fundación a la vez que desarrollan su filantropía de forma independiente fuera de ella”, ha dicho el experto David Callahank

Para otros el divorcio es una constatación del poder desorbitado que las grandes fortunas tienen para moldear el mundo, por más loables que sean aparentemente sus objetivos. 

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