PERFIL

El último 'reality' de Josep Maria Mainat

Conocido y reconocido por crear proyectos de éxito, como el grupo La Trinca y la productora Gestmusic, el productor se ha visto ahora en los titulares por un triste episodio que nunca hubiera querido protagonizar

El músico y productor televisivo Josep Maria Mainat.

El músico y productor televisivo Josep Maria Mainat. / DANNY CAMINAL

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Inés Álvarez
Inés Álvarez

Periodista

Especialista en programas de televisión y series

Escribe desde Barcelona

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Episodios propios del más disparatado culebrón aparte, Josep Maria Mainat es conocido y reconocido por ser una verdadera celebridad al haber fundado un grupo mítico como La Trinca, que en los años 70 abrió la carpeta del género gamberro/histriónico en la Nova Cançó, y por mostrar la gran clarividencia en el mundo de la televisión.  Además es informático, director y escritor.  

Su trayectoria profesional se forjó en su Canet de Mar natal, donde vio la luz en 1946. Allí formó, 23 años después, en 1969, La Trinca, con su amigo desde los 13, Toni Cruz (el moreno/el guapo) y Miguel Ángel Pascual (el de la barba). En un principio  interpretaban canciones de costellada que el franquismo prohibió. Pero, ya en Barcelona, subieron el tono y su parodia sirvió de crítica social y política, parapetada tras el humor. Muy lejos estaba Mainat de adquirir un compromiso político como el que le llevó en el  2015, tras haber dejado atrás un socialismo independentista para decantarse por ERC, a figurar en las listas de Junts pel sí.

El éxito del trío transcendió las fronteras catalanas, y, ya en castellano, reconquistaron Latinoamérica, a la vez que se ganaban el respeto de una intelectualidad que no le hizo ascos a ese estilo populachero que ha dejado un legado de 42 elepés. Y que, plasmado en la tele con el programa No passa res! les valió nada menos que un Ondas.  

Ya en 1989, entrados en la cuarentena, el temor de resultar patéticos con sus astracanadas, unido a que la Transición se había apaciguado y que el boom de las teles abría muchas oportunidades, les llevó a fundar la productora Gestmusic. Cinco años después Pascual vendía  sus acciones a  Endemol, y ese empujoncito les permitió producir programas  de éxito como Crónicas Marcianas y Operación Triunfo.

Tuvo que ver cómo el espacio que presentaba su cuñado, Xavier Sardà acababa con una etiqueta que a él le da repelús. «Me da asco el término telebasura», dice, porque se refiere al trabajo de muchas personas como «algo putrefacto que solo sirve para desecharlo». Su último proyecto ha sido un reality, Traders, emitido por el Canal Trader en Youtube -- creado junto con su hijo Pol-, que en lugar de buscar virtuosos en guisos o en dar gorgoritos prepara a futuros inversores.

Hombre profundamente familiar, su mejor inversión vital son sus cinco hijosPol, de 45 años, fruto de su relación con la recientemente fallecida actriz Rosa Maria Sardà; Mar (19) y Misha (16), adoptados en Rusia con otra mujer, y, entrado en la sesentena, los dos hijos que tuvo con la tristemente famosa Ángela Dobrowolski). La similitud  física de su hija mayor con la de la guionista del episodio más funesto de su discreta biografía provocó en algún medio alguna confusión y la única muestra de disgusto del productor, que había hecho gala de su sorna made in la Trinca retuiteando memes sobre el caso. Como el de unos pueblerinos tomando la fresca, en clara alusión a los medios concentrados delante de su casa. 

En los últimos tiempos, Mainat había sufrido una gran metamorfosis. Libre de aquellas gafas que escondían su caída de ojos y el contraste de su cabello rubio con un saludable bronceado le conferían una imagen de magnate californiano muy alejada del físico un tanto british de años atrás, y que tan bien le vino para dar vida a desgarbadas señoras. Algo que, por cierto, exasperaba a su hijo Pol, que de niño no entendía que fuera el único trinco que se vistiera de mujer, lo que a él le suponía ser blanco de mofas en el cole.

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En este proceso propio de El curioso caso de Benjamin Button tiene  que ver su obsesión por la eterna juventud. En el 2013, hablando de ciencia, el único santo al que le reza, decía: «Lo que a mí me gustaría es que se solucionase el problema del envejecimiento, o al menos que se retrasase». Un año antes, había confesado: «Con 350 orgasmos, alargas la vida cuatro años». Y en el  El convidat (TV-3), se jactaba de que podría llegar a los 120  con una dieta en la que no falta la quinoa y tratamientos hormonales con un doctor que visita en Bélgica. 

Una longevidad con la que no pudo un cáncer, pero que en junio se pudo truncar. En su cuenta aparece fijado un tuit con la canción de Billie Eilish No time to die (No es hora de morir). En el guion de su propio reality aún  no tenía cabida ese episodio.