RECORTES EN EL NEGOCIO

Calvin Klein se queda en calzoncillos

La firma neoyorquina cierra su tienda insignia y deja de desfilar en la pasarela

Shawn Mendes, en la última campaña de Calvin Klein.

Shawn Mendes, en la última campaña de Calvin Klein.

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Luis Miguel Marco

Calvin Klein encoge. La firma estadounidense que fundó un judío del Bronx en 1968 ha tenido grandes momentos de gloria, pero ahora le toca replegarse y reducir costes, por ejemplo haciendo calzoncillos, ropa deportiva, tejanos y colonia, que son sus apuestas más seguras y longevas. De hecho, su último reclamo en ropa interior para su campaña 'My Calvin' es el cantante de 20 años Shawn Mendes, que este martes actúa en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Antes lo fue Justin Bieber. Y las Kardashian.

Los números no le acompañan y no es momento de arriesgar, tampoco de vender ropa cara, así que han dejado de lado la presentación de sus colecciones de ropa para hombre y mujer en pasarela. La casa de moda fue una de las grandes ausentes en febrero en la Fashion Week de Nueva York, un acontecimiento en el que participaba desde 1994.Y han cerrado el buque insignia de la marca en Manhattan, la 'boutique' del 654 de Madison Avenue, con arquitectura de John Pawson y donde vendía sus colecciones de lujo, ya ha echado el cierre. 

Había mucha expectación por ver qué pasaba después de la salida "amigable" –así se calificó: no lo fue tanto– del diseñador belga Ralf Simons, el pasado diciembre tras su fichaje en el 2016 procedente de Dior. Pero el caso es que nadie ha sustituido al cerebro de la línea 205W39NYC, antes llamada Calvin Klein Collection –finiquitada también, nadie se acordaba de tantos números y letras–. Eso ha supuesto el despido de 50 empleados en la oficina neoyorquina y el cierre de la oficina de Milán donde trabajaban otras 50 personas. De todo ello ha dado putual cuenta el portal especializado 'WWD', que en asuntos de costura no da puntada sin hilo. 

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Calvin Klein es propiedad del grupo textil Phillips Van Heusen (PVH), dueños de Tommy Hilfiger, Arrow y Kennet Cole, entre otras firmas. Lo es desde que el señor Calvin Klein, que ahora tiene 78 años, la vendiera en el 2003 y él decidiera decicarse a hacerse continuos retoques, tostarse al sol y salir con jovencitos que podrían ser sus nietos. O los modelos que usa la firma.

"Todas estas iniciativas estratégicas nos permitirán dirigir un negocio más moderno, dinámico y efectivo, y nos permitirán reinvertir en la marca", anunció en un escueto comunicado Steve Shiffman, consejero delegado de Calvin Klein, todavía una de la firmas de moda más reconocidas a escala planetaria y presente en 75 países. Aunque el deseo de Ralf Simons fue acercase descaradamente al lujo –llegó a vestir a muchos famosos en la alfombra roja, de Reese Whitespoon a Millie Bobby Brown– la casa madre finalmente se ha dado cuenta de que para el gran público, Calvin Klein (y su línea CK más barata) son tejanos, calzoncillos, frangancias, gafas y ropa de casa, todo basado en el mundano mundo de las licencias y tan proclive a las falsificaciones.