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Ana Molina, dermatóloga: "Ponerse moreno es malo siempre"

La especialista en salud cutánea, estética y divulgadora en RNE publica 'Piel sana, piel bonita', un manual indispensable sobre el mayor órgano de nuestro cuerpo

La doctora Ana Molina es experta en salud cutánea y belleza.

La doctora Ana Molina es experta en salud cutánea y belleza. / PAIDÓS

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Laura Estirado
Laura Estirado

Periodista

Especialista en Gente, Moda, Tendencias, Estilo y Redes

Escribe desde Barcelona

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La dermatóloga Ana Molina lleva más de una década ejerciendo en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, de Madrid, pero muchos la conocen porque es profesora en la Autónoma y, sobre todo, porque desde hace tres años colabora en 'Las mañanas de RNE' aconsejando de lo que más sabe: nuestra piel. Precisamente, "el órgano más grande de nuestro cuerpo, que pesa unos cinco kilos y tiene una superficie de unos dos metros cuadrados" es el protagonista de su último libro, 'Piel sana, piel bonita' (Paidós), una especie de biblia para cuidar de nuestra dermis, para que luzca estupenda.

Asegura Molina que "invertir tiempo en cuidarla es uno de los mejores regalos que nos podemos hacer". "Además -comenta-, diferentes estudios han demostrado que lo que más influye en la percepción de la belleza no es una piel sin arrugas, con volúmenes simétricos o rasgos típicos. No. Lo que más influye en la percepción de la belleza es la calidad de nuestra piel; tener una piel saludable, luminosa, sin manchas y con una textura agradable".

-¿Qué características ha de tener una piel sana?

-Una piel sana tiene un equilibrio entre una adecuada luminosidad, un color adecuado y saludable, una buena estructura, una buena función (barrera, endocrina, inmunológica, termorreguladora..), y es capaz de transmitir emociones, que se ruborice, que exprese a través de la musculatura facial, que forme arrugas en determinadas zonas...

-Dice usted que los mayores enemigos de la piel son los llamados "enemigos blancos": la harina refinada, la sal y el azúcar.

-Efectivamente, el que más impacto negativo tiene en nuestra piel, desde luego que es el azúcar libre, el azúcar añadido a los alimentos. No el azúcar propio, sino todo el azúcar añadido, sobre todo, en ultraprocesados. El azúcar libre que circula por sangre, lo que hace es unirse a proteínas de nuestra piel y forma los llamados productos de glicación avanzada. Y estos lo que hacen es directamente destruir colágeno y elastina, por lo que dañan directamente nuestra piel.

-Y el estrés o la falta de sueño, ¿cómo afectan?

-Ambos son muy dañinos y contribuyen al envejecimiento. Al igual que hay que evitar el tabaco, protegerse del sol, evitar la contaminación, llevar una alimentación saludable... es muy importante llevar una adecuada gestión emocional. Hoy en día sabemos que la piel y el cerebro vienen de la misma capa en el embrión, y que son dos órganos estrechamente relacionados.

-Nuestra piel tiene memoria.

-Una memoria infinita, y siempre decimos que lo que más impacto tiene en el desarrollo de cáncer de piel a largo plazo, o en el fotoenvejecimiento, es el sol y las quemaduras que recibimos en los 20 primeros años de vida. El mejor regalo que le podemos hacer a nuestros hijos es asegurarles una correcta fotoprotección solar hasta los 20 primeros años de vida. Yo creo que este es el mensaje más importante del libro.


-¿Por qué sigue habiendo centros con camas y cabinas de bronceado, si a ellas se les atribuyen más casos de cáncer de piel que los que provoca el tabaco en los pulmones?

-Yo siempre digo, y así empiezo el capítulo de la protección solar, que en las puertas de las cabinas de bronceado tendría que haber un cartel que dijera "esto mata", "esto produce cáncer de piel", igual que se ha hecho en las cajetillas de tabaco.

-"Un bronceado siempre implica un daño previo en las células", escribe.

-Para un dermatólogo, ponerse moreno es malo siempre. Nos indica que la radiación solar ha llegado a la piel, la ha dañado y nuestras células están intentando protegerse a través de la secreción de melanina, lo que nos pone morenos. Hay que encontrar el equilibrio, porque es cierto que gracias al sol en la piel producimos también la vitamina D. Hay que tomar un poquito de sol todos los días (unos 15 minutos), en alguna zona del cuerpo que no sea la cara. La cara hay que protegerla siempre.

-¿Cuáles serían los cuidados esenciales de la piel en verano?

-La rutina cosmética en invierno y en verano suele ser bastante parecida, que es la rutina en cuatro pasos: una buena limpieza, una buena hidratación de la piel, una buena protección solar y una buena transformación con activos que hayan demostrado eficacia frente al envejecimiento de la piel, como los retinoides y lo hidroxiácidos. Sí que es cierto que en verano tenemos que intensificar la fotoprotección y tenemos que bajar, quizá, la dosis de estos transformadores nocturnos, porque pueden irritar un poquito la piel. 

-Ahora que volvemos a hablar de 'operación bikini', ¿son efectivas las cremas anticelulíticas?

-La celulitis no es una patología, sino un proceso parafisiológico, es decir, un proceso inherente a la mujer en edad fértil, que todas las mujeres sufren en mayor o menor medida, y que es muy difícil de eliminar por completo. Para poder mejorarla hay que sumar muchos tratamientos: médicos, cosméticos, en cabina... El beneficio o lo que puede aportar una crema anticelulítica es muy, muy bajo o prácticamente nulo porque la celulitis se forma sobre todo en la tercera capa de la piel, la más profunda, y las cremas no llegan hasta allí.

-"El chocolate no da acné", otro mito que tira por tierra en su libro.

-El mensaje que quiero transmitir es que el acné no se debe a alimentos concretos, como el chocolate, el chorizo, etcétera, sino que se debe a una tendencia alimentaria, a una forma de alimentarse, a una alimentación global. Es decir, si una persona come chocolate de vez en cuando, eso no va a provocar un brote de acné, pero si una persona lleva una alimentación muy rica en ultraprocesados, azúcar y grasas sobre todo de origen cárnico, eso sí que ha demostrado que empeora gravemente el acné.

-También alerta sobre las tan de moda manicuras semipermanentes.

Un aspecto de la manicura, ya sea temporal, permanente o semipermanente que menos nos gusta a los dermatólogos es el daño a la cutícula. La cutícula hay que cuidarla y hay que dejarla ahí, no hay que dañarla porque nos protege de infecciones, de la humedad y de muchos factores. Por otro lado, en las manicuras semipermanentes y permanentes es importante saber que usar una lámpara de secado ultravioleta no tiene sentido porque estamos aplicando radiación ultravioleta en la piel que rodea la uña y esto puede provocar cáncer de piel a largo plazo si se hace muy frecuentemente. Hay que utilizar luces LED, que es lo que ya hay en la mayoría de centros. Y por último, aconsejo ir descansando entre manicuras para dejar descansar la uña.

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-Por último, ¿cada cuánto debemos ir al dermatólogo?

Yo siempre digo que una visita al 'derma' al año no hace daño, para hacer una autoexploración completa de toda la piel al menos una vez al año. Eso no quiere decir que además no tengamos que hacer una autoexploración nosotros, que incluya a todas las partes de nuestra piel, sobre todo esas partes que muchas veces olvidamos: entre los dedos de los pies, los genitales... Se aconseja también una exploración con una persona de confianza, que puede ser nuestra pareja o un familiar, al menos una vez cada seis meses.

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