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Sí, las vacunas contra el covid-19 proporcionan inmunidad | Verificat

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Una de las dudas compartidas sobre las vacunas del covid-19 es la de si, por el hecho de no proteger frente al contagio, puede considerarse que proporcionan inmunidad. Uno de los últimos en hablar en estos términos ha sido el filósofo Jordi Pigem, que expuso en una entrevista en TV-3 que las vacunas contra el covid-19 no pueden llamarse de esta manera, puesto que, según la definición del Diccionario de la lengua del Institut d’Estudis Catalans (DIEC), las vacunas “son un producto que generan inmunidad” y que en el caso del covid-19, según el filósofo, “las propias compañías productoras reconocen que no genera inmunidad”. Acto seguido, puso el ejemplo de que “todos conocemos algún vacunado que se ha contagiado”. 

El DIEC en realidad define el término vacuna como “preparado que estimula la formación de anticuerpos, con lo cual uno consigue inmunización contra diversas infecciones” [el diccionario de la Real Academia Española, por su parte, dice que es un «preparado de antígenos que, aplicado a un organismo, provoca en él una respuesta de defensa»]. La inmunidad, según el propio DIEC, es el “estado del cuerpo de poder resistir el desarrollo de una enfermedad determinada”, no de prevenir la infección

Los ensayos clínicos de cada una de las vacunas aprobadas en Europa ya mostraron que, efectivamente, las fórmulas de Pfizer/BioNTech, Moderna, AstraZeneca/Oxford y Janssen promueven la formación de anticuerpos específicos frente al SARS-CoV-2. Estos anticuerpos aprenden a detectar una de las partes del virus, en este caso la famosa proteína Spike, para que cuando tenga lugar en el organismo una infección real, el sistema inmunitario pueda reconocerlo desde el principio y combatirlo así de forma eficaz. Esta respuesta del sistema inmune recibe el nombre de inmunidad adaptativa (porque se va a adaptando, aprendiendo) y está estimulada o bien por las vacunas, como ya hemos explicado antes, o bien directamente tras la infección, en este caso, del SARS-CoV-2. 

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La segunda parte de la definición es la que hace referencia al concepto de inmunidad, lo que según Pigem no se conseguiría con las vacunas del covid-19, al no ser estas capaces de proteger frente a la infección del virus. Sin embargo, el propio DIEC define inmunidad como “calidad de inmune” o “estado del cuerpo de poder resistir el desarrollo de una enfermedad determinada”.

“Desde un punto de vista semántico, la definición de inmunidad es protección frente a la enfermedad, no protección frente a la infección”, explica a Verificat Jorge Carrillo, vocal de la Sociedad Española de Inmunología, reflejando una idea que puede leerse en los distintos manuales de la especialidad (aquí, aquí y aquí algunos ejemplos). “Las vacunas [del covid-19] no son capaces de proteger frente a la infección, pero sí son muy eficaces protegiendo contra el desarrollo de la enfermedad” en un sentido muy amplio, desarrolla el experto: “Protegen frente a muerte, frente a enfermedad severa con ingreso en uci, frente a enfermedad severa con ingreso hospitalario, frente al desarrollo de síntomas…”.

Los datos en España

En resumidas cuentas, la definición de vacuna hace referencia a un producto que genera inmunidad en el sentido que protege de la enfermedad, no de la infección. Esto es algo que se puede comprobar de forma retrospectiva, mirando cómo ha afectado el pinchazo a la población española en términos de infecciones, hospitalizaciones, ingresos en uci y fallecimientos a causa del covid-19. Desde el pasado 23 de noviembre de 2021, el Ministerio de Sanidad presenta los datos epidemiológicos de la pandemia en función del estado vacunal de los pacientes de covid-19, permitiendo comprobar el efecto de las vacunas en el desarrollo de la enfermedad.

Pese a ser uno de los países europeos con mayor tasa de vacunación (casi un 82% de los españoles ha recibido la pauta completa, un 90% de la población mayor de 12 años), España ha batido en esta sexta ola todos los récords de contagios desde el comienzo de la pandemia. Sin embargo, las tasas de hospitalizaciones, de ingresos en uci y de fallecimientos por la enfermedad siguen por debajo de los peores registros.

La actualización del sistema del 20 de enero de 2022 evidencia la protección que ofrece la inyección en los diferentes aspectos que explica Jorge Carrillo: en función de la edad, las personas no vacunadas tienen una probabilidad entre 3,5 y 14,5 veces mayor de ingresar en el hospital (para las franjas de 12 a 29 años y de 60 a 79 respectivamente), entre 7 y 27 veces mayor de acabar en la uci y entre 4 y 20 veces mayor de fallecer a raíz de la enfermedad. Estudios preliminares en Sudáfrica, Reino Unido y otros países europeos muestran que la vacunación sigue mostrando altos niveles de protección de estos parámetros frente a la variante ómicron.

Protección frente al contagio

Además, la vacuna también incide en la capacidad de contagiarse, aunque los datos con la variante ómicron son aún muy preliminares: “Podría proteger de la infección”, puntualiza el experto, pero destaca que la eficacia en este parámetro es menor que frente al desarrollo de la enfermedad y hace referencia a un número menor de personas. Las cifras del Ministerio muestran que la tasa de contagio entre las personas vacunadas es tres veces menor que entre aquellos que no han recibido la inyección.

Un estudio llevado a cabo en abril de 2021 con datos del Reino Unido, en un momento en que la variante alfa era la dominante en dicha región, estimaba la capacidad de las vacunas de prevenir la infección sintomática o asintomática en un 85% de protección tras las dos dosis de la fórmula de Pfizer. Sin embargo, los números se han alterado con la llegada de ómicron, tal como muestra un estudio preliminar llevado a cabo en Sudáfrica, que rebaja la protección que ofrece la pauta completa de esta vacuna frente al contagio a un 33%.

Inmunidad esterilizante

Al pensar en las vacunas, es común imaginar que solo son buenas si consiguen evitar la infección. Se trata de algo que ya hemos visto que las vacunas del covid-19 no consiguen de forma eficaz, y de hecho no hay tantas en el mundo que logren tal cosa. Es el caso, por ejemplo, de la de la hepatitis B o la de la tosferina que, como las del covid-19, protegen frente al desarrollo de la enfermedad, pero no previenen la infección.

Pese a todo, algunas de las vacunas sí que son capaces de bloquear completamente la infección del patógeno, como la de la viruela o la del sarampión, proporcionando la llamada inmunidad esterilizante, es decir, consiguiendo que el sistema inmunitario del huésped no solo bloquee el desarrollo de la enfermedad, sino también la propia infección.

En el caso actual, cabe tener en cuenta que “los virus que infectan al humano vía las membranas mucosas de la garganta y de la nariz, como el SARS-CoV-2, no suelen inducir inmunidad esterilizante”, según indica la Asociación Española de Vacunología en su página web, añadiendo que “si la infección natural no la desencadena, podemos pensar que la vacunación tampoco lo hará”. Es decir, que si el hecho de infectarnos del covid-19 no evita que nos volvamos a contagiar, es posible pensar que las vacunas tampoco van a tener esa capacidad.

Los CDC sí modificaron la definición de vacuna

Las definiciones de vacuna y de inmunidad son un asunto que ha traído cola a lo largo de la pandemia. Así como el Institut d’Estudis Catalans ha confirmado en conversación telefónica con Verificat que no ha modificado la definición de inmunidad recientemente, esto es algo que sí ocurrió, por ejemplo, con el concepto de vacuna en los Centros de Detección de Enfermedades estadounidenses (CDC, por sus siglas en inglés) y que motivó la aparición de mensajes en redes sociales sugiriendo que el cambio venía dado para “responder a la capacidad decreciente de las vacunas actuales”.

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El cambio consistió en pasar de afirmar que una vacuna es “un producto que estimula el sistema inmune de una persona para producir inmunidad a una enfermedad específica, protegiéndola de esa enfermedad”, a indicar ahora que es “un preparado usado para estimular la respuesta inmunitaria del cuerpo contra una enfermedad específica”.

La institución estadounidense explicó a la agencia de noticias McClatchy que el cambio se llevó a cabo porque las definiciones anteriores podían interpretarse como que las vacunas “eran 100% efectivas, el cual no ha sido el caso de ninguna vacuna”, por lo que la actual definición “es más transparente”. Cabe recordar que ninguna de las inyecciones aprobadas a lo largo de la historia ha sido 100% efectiva, y que aun así estas han contribuido a la erradicación de la viruela y a prevenir entre 2 y 3 millones de muertes anuales según la OMS.