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Irla, el 'president' olvidado | + Historia

Una de las efemérides más simbólicas de la historia de Catalunya es la fecha de la muerte del 'president' Companys, que se produjo el 15 de octubre de 1940. Sin embargo, muy pocos recuerdan quién fue su sucesor.

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Xavier Carmaniu Mainadé
Xavier Carmaniu Mainadé

Historiador

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Hoy hace 81 años que el 'president' Lluís Companys fue ejecutado por el régimen franquista. Tanto de la farsa que supuso el consejo de guerra que lo condenó a muerte, como de su detención en la Francia ocupada por los nazis y su entrega a las autoridades españolas, se ha hablado mucho. En cambio, se explica muy poco qué pasó después con las instituciones catalanas, como si entre el asesinato de Companys y el retorno de Tarradellas existiera un salto temporal. Nadie recuerda a Josep Irla Bosch, que asumió el cargo en octubre de 1940. Es el presidente olvidado.

Irla respondía a un perfil habitual en la Catalunya previa a la Segunda República. Sobre todo en las tierras ampurdanesas. Nacido en Sant Feliu de Guíxols en 1876, se dedicó al comercio marítimo y a la producción de tapones; las dos principales actividades económicas de la zona antes de que el turismo lo devorara todo. No hay que imaginar a los empresarios de aquella época como los tiburones de las finanzas de hoy en día, sino gente de clase media políticamente vinculada al republicanismo federal. Hay que tener en cuenta que antes de 1931, aquella ideología no pretendía solo acabar con la monarquía, sino que veía en el cambio de régimen una oportunidad para mejorar la sociedad a través de la educación, la justicia social y la libertad. Además, se consideraba que en una república federal los catalanes verían respetada su identidad. En el Empordà era la opción mayoritaria y fue cantera de muchos líderes del republicanismo de la época. Uno de ellos fue Irla, que a los 29 años ya era alcalde de su ciudad natal. En 1923 formó parte del grupo de republicanos de las comarcas gerundenses que querían crear un nuevo partido de ámbito catalán. La dictadura de Primo de Rivera, sin embargo, obligó a posponer el proyecto ocho años. Finalmente, en marzo de 1931, nació Esquerra Republicana de Catalunya. Una vez proclamada la Segunda República, Irla fue elegido diputado en las Cortes constituyentes.

Cuando en 1936 estalló la guerra civil, era diputado del Parlament de Catalunya. La institución intentó mantener su actividad a pesar del avance de las tropas franquistas. El 1 de octubre de 1938 se celebró el último pleno antes de marchar al exilio y se escogió una nueva mesa con Irla como presidente.

Como casi todas las personalidades comprometidas con la República, en 1939 cruzó la frontera para refugiarse en Francia. Pero allí tampoco estaban seguros. La ocupación nazi y el estallido de la Segunda Guerra Mundial hicieron imposible organizar una estructura estable a pesar de los esfuerzos de las instituciones republicanas en el exilio. Y entonces, la detención y muerte de Companys.

Según el artículo 44 del Estatuto de Catalunya, si la presidencia de la Generalitat quedaba vacante, tenía que ocuparla el presidente del Parlament. Así, automáticamente, el 15 de octubre de 1940, Irla se convirtió en 124è presidente de Catalunya.

La situación era muy delicada. Corría el rumor de que Franco había enviado una lista con los nombres de las personalidades republicanas exiliadas que quería que fueran detenidas y extraditadas por los nazis. Viendo lo que había pasado a Companys y otros, los refugiados daban credibilidad a la idea. Ante esto, muchos aconsejaron a Irla que se fuera a América, pero prefirió quedarse para estar más cerca de Catalunya. Había la esperanza de que los Aliados acabarían con la dictadura española. De hecho, en 1945 el 'president' creó un pequeño gobierno por si llegaba este momento. Pero pronto se vio que Franco era aceptado por la comunidad internacional.

El desánimo se apoderó de los exiliados. Sin embargo, Irla se esforzó por mantener viva la institución aunque fuera simbólicamente. El problema era que los políticos republicanos cada vez eran más mayores y tenían pocos recursos. En 1954, "viejo, cansado y enfermo", como escribió él mismo, presentó la dimisión para dar la posibilidad de elegir alguien más joven. En una reunión de los parlamentarios supervivientes celebrada en México, se escogió a Josep Tarradellas Joan, que tenía trece años menos. Irla murió en 1958 cuando estaba a punto de celebrar su 82 aniversario.


Sin pisar el Palau

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Irla es el único presidente que ha ocupado el cargo sin poder poner nunca los pies en el Palau de la Generalitat. Por ello, como gesto simbólico, cuando sus restos regresaron del exilio, antes de recibir sepultura definitiva en Sant Feliu de Guíxols, el féretro descansó una noche en la Plaza de Sant Jaume. Esto ocurría en octubre de 1981, hace cuarenta años.

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