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Cómo clavar el sondeo del 14-F

Después de haber estimado con un muy notable nivel de aciero los resultados de las elecciones al Parlament en su encuesta a pie de urna para EL PERIÓDICO y Betevé, la directora del GESOP explica la letra pequeña de una serie de sondeos que ha detectado fielmente las tendencias del electorado catalán.

Cómo clavar el sondeo del 14-F
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Tras cada convocatoria electoral es habitual escuchar variadas razones para justificar por qué las encuestas no han conseguido detectar el volátil comportamiento electoral. No es tan frecuente que los responsables de uno de estos estudios estén en condiciones de argumentar al día siguiente cómo han detectado con precisión por dónde soplaba el viento, como ha sido el caso de la encuesta a pie de urna del Gabinet d’Estudis Socials i Opinió Pública (GESOP) para EL PERIÓDICO DE CATALUNYA y Betevé, que a diferencia de la encargada por las televisiones públicas prácticamente clavaba desde el minuto uno el resultado final, al vaticinar que el PSC sería el partido más votado, seguido de ERC y JxCat, con entre 31 y 33 escaños todos ellos –fueron 33, 33 y 32– y de Vox con entre 10 y 11 (fueron 11). De hecho, según el portal Electomania, las tres encuestas publicadas en torno a los comicios del 14-F con mayor grado de acierto fueron esta, seguida de la encuesta también del GESOP para EL PERIÓDICO que se publicó el 7 de febrero y del tracking diario realizado por el mismo gabinete y difundido a través de El Periòdic d’Andorra (con desviaciones globales sobre los resultados finales de 0,66, 0,73 y 0,95, frente al 2,52 de la encuesta más errada publicada en otros medios, 1,85 el CIS o 1,96 del CEO).

La última encuesta

Àngels Pont, directora del GESOP, explica que la encuesta de la noche del domingo no fue estrictamente, o no solo, una sondeo a pie de urna: «Es el resultado de trabajar con el tracking de todos los días anteriores, con encuestas telefónicas asistidas por ordenador, y una última el sábado mismo, más una cata reducida, una muestra de 1.200 personas en ocho mesas seleccionadas muy expresamente para validar los resultados». No es que estas mesas sean nuestro Ohio (el Estado que decían que servía para predecir el comportamiento electoral de EEUU) sino que tienen «determinadas condiciones» que permiten chequear, por ejemplo «que Vox iba muy fuerte» o «acabar de decidir la posición de los tres primeros, que estaban tan cerca que podía pasar cualquier cosa».

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El efecto illa

Así, aparte de la receta mágica de esas ocho mesas (en realidad, cuatro desdobladas a causa del covid) la clave ha sido valorar adecuadamente la evolución de las principales tendencias y de cómo varios puntos de inflexión han modificado su evolución. El primero, el producido por el anuncio de la candidatura de Illa. «Ha sido el más importante, lo que más ha marcado la campaña respecto a los resultados anteriores», precisa Àngels Pont. Una encuesta del GESOP, publicada por EL PERIÓDICO el 8 de enero, fue la primera que dio al PSC como vencedor. La segunda gran tendencia, que ha dejado los resultados de ERC y JxCat más ajustados de lo que indicaban los sondeos de precampaña, es que «entre ERC y JxCat, que tienen una frontera electoral muy grande, la marca de partido más fuerte era la de ERC, pero la candidata más fuerte era Borràs», lo que se fue notando a medida que aumentaba la exposición de los candidatos a la opinión pública, pero sin llegar a neutralizar el primer factor. «Después ha habido pequeñas cosas que han provocado movimientos, pero que hemos de estudiar aún cuál ha sido su influencia real en el resultado final», valora la directora del GESOP. Por ejemplo, el caso Bárcenas tuvo un impacto directo en los resultados del PP. «Al día siguiente de su declaración ni un solo encuestado dijo que iba a votar al PP», apunta, a modo de anécdota no estadísticamente fiable pero sí cualitativamente significativa. La influencia de los debates, considera, es escasa. Aunque alguna hay: «Chacón empezó a sacar la cabeza, rascando votos del único lugar que ha rascado, que es JxCat, y en ese momento Borràs empezó a confrontar al PDECat como no había hecho antes». También tuvo algún efecto la salida de los presos de la cárcel, por ejemplo. Pero, sostiene, durante la campaña «no ha habido grandes cambios».

Valorar la abstención

Una excepción sí sería el efecto que tuvo, concretamente sobre la notable abstención, el intento de aplazar las elecciones alegando inseguridad sanitaria, y su revocación en los tribunales. «Decir que votarás es aceptable socialmente; cuando el 75% de la gente te dice que seguro que irá a votar sabes que será menos; ¡pero tras ese episodio se bajó al 60%, cuando en las elecciones de 2017 el 90% decía que iría a votar!», apunta. Aunque, cree Pont, la pandemia no es la única causa de la abstención: «La gente está muy cansada de la situación y el ambiente político, se nota en el aumento de las negativas a contestar»

Compensar el voto oculto

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Pont admite que el el fenómeno que se le «escapó un poco» fue el nivel del desastre del PP. «La tendencia era muy clara, pero el PP siempre sale muy bajo en la intención de voto directo y se tiene que corregir al alza; en las municipales no lo hicimos lo suficiente, y esta vez el factor al alza fue excesivamente alto». Lo mismo sucede con Vox, cuyos datos requieren de una corrección similar para aproximarse a los resultados reales –«la intención directa de voto de Vox era sobre el 2%»–. Algo difícil de calibrar cuando una fuerza irrumpe por primera vez –de hecho el resto de encuestas subestimaron claramente la entrada de la ultraderecha en el Parlament mientras que la del GESOP acertó al situarlo claramente como cuarta fuerza– pero que según Pont se podía hacer con cierto margen de confianza «porque ya llevan dos elecciones generales», las últimas con 243.000 votos en Catalunya. «La sensación es que se ha ido más voto de Cs a Vox –Vox absorbe votos única y exclusivamente de Cs y PP– que a la abstención de lo que creíamos al principio»

La abtención ha favorecido, valora Pont, a la CUP, a Vox y también a los ’comuns’, en su caso combinada con el «incremento importante de la notoriedad y del reconocimiento por los suyos de Jéssica Albiach, con un efecto fidelizador». Efecto que también es el que explica la victoria de Illa. La baja participación también confirma que «el independentismo, en un país partido entre una mitad que quiere la independencia y otra que no, solo puede superar el 50% en un contexto de baja participación».