20 feb 2020

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"Echo tanto de menos a Rubianes que a veces lo pongo en internet y me río"

'El Flaco' lleva 40 años con una cámara al cuello, así ha forjado cientos de amistades anónimas y otras con personajes como el fotógrafo Alberto Korda y el cómico Pepe Rubianes

"Voy con la cámara hasta cuando bajo a tirar la basura"

Nacho Herrero

José García Poveda, ’El Flaco’, con su pequeña cámara al cuello en una calle de València

José García Poveda, ’El Flaco’, con su pequeña cámara al cuello en una calle de València / MIguel Lorenzo

Pocos conocen por el nombre de José García Poveda a 'El Flaco' (Mula, 1950), un murciano que se ha recorrido medio mundo retratando y hablando con gente. Cuando no viajaba, estaba desgastando las aceras de València, ciudad de la que es cronista extraoficial e hijo adoptivo oficial.

Siempre va con una cámara colgada…

Sí porque cuando he salido sin ella siempre he visto algo que no he podido fotografiar y me ha dado una rabia que no veas, así que la llevo hasta cuando voy a bajar la basura. Voy con una pequeñita, que disimula pero al mismo tiempo te obliga a acercarte.

¿Cómo decidió dedicarse a la fotografía?

Mientras estudiaba tuve un bar y trabajé en una imprenta. Allí me aficioné. Era una papelería pero detrás teníamos algunas máquinas y era un aparato de propaganda clandestino, hacíamos todos los panfletos de los partidos, sindicatos y asociaciones de izquierda. En 1983 presenté una a un concurso y me dieron 2.000 pesetas y pensé que eso molaba pero luego la verdad es que nunca he ganado dinero.

Un viaje a Nicaragua en 1990 le marcó profundamente…

Estaba muy interesado en la situación que se vivía y decidí ir a las elecciones pensando que iban a ganar los sandinistas, perdieron y salí de allí con un bajón que casi me muero. Hacía escala en La Habana y en la cola conocí a una periodista alemana que me pidió asilo en mi hotel porque había dos franceses que iban detrás de ella. Luego la volvieron a llamar para invitarla a cenar con un fotógrafo muy importante y dijo "si no viene 'el Flaco', no voy".

¿Y era…?

Era Alberto Korda, esa noche nos emborrachamos y empezó una gran amistad. Al día siguiente me invitó al 25º aniversario de su famosa foto del Che. Me quedé allí unas dos semanas sin avisar a nadie. Era entrañable, un tipo que nunca se cortaba, hacía lo que le daba la gana. Era divertido, enamoradizo, siempre estaba pendiente del amor, era un buscador del amor. En su 70º aniversario nos invitó a sus tres exmujeres y a mí.

Volvió mucho a Cuba en la siguiente década, ¿con qué recuerdos se queda?

Me quedó con la amistad con Korda y con la de Alberto Figueroa (también fotógrafo y colaborador de Korda) y su mujer Cristina Vives, que fue comisaria de mi exposiciones ‘La Habana del Flaco’. También con imágenes como la de los balseros. Tengo una foto en la que se les ve con llantas de camión forradas de lona y con eso tenían que cubrir 70 millas. Estaban hartos, se iban. Y con el humor de la gente. Cuando estábamos en la cola para ver los restos del Che el de delante me dijo: "¿Sabes por qué hay tanta gente?, porque están haciendo caldo con los huesos".

Ha sido y es fotógrafo de gente...

Sí, es lo que me gusta. Les hago posar, establezco una relación. Una vez había unos niños con una garrafa de plástico a los que quería fotografiar y los padres me ofrecieron un trago de un ron que hacen ellos que es como un veneno y les dije: "Vale, un trago, pero luego fotografío a los niños". He buscado mucho a esos niños cuando he vuelto a La Habana, tengo aún a media ciudad movilizada para encontrarlos.

Lo fue también de Pepe Rubianes...

Nos conocimos en un bar y se estableció una muy buena relación. Luego le hacía las fotos de sus espectáculos y viajamos mucho juntos. A Menorca, a Galicia, a Kenia, a Egipto... Es la persona con la que más me he reído, su vida era la risa y la mala hostia que tenía. Le echo mucho de menos, tanto que a veces me lo pongo en internet y me río con él.